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Tras el Congreso del PSE tampoco se ve capacidad para resolver problemas: no desentonar en su subordinación a Madrid y guardar el "frente" que forman con el PP con el objetivo de mantenerse aun a costa de renunciar a la ideología parece ser el fin en sí mismo.
POr Iñaki Anasagasti, * Senador de EAJ/PNV - Domingo, 18 de Octubre de 2009 - Actualizado a las 08:16h.
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DECÍA el ex presidente alemán Richard von Weizsacker que un político en la Europa actual es sólo un generalista con ciertas ideas elementales sobre cómo combatir al adversario. Pero tiene que ser algo más: debe también ser capaz de resolver problemas, algo que tras el Congreso del PSE, no se ve por parte alguna.
El sábado 3 y el domingo 4 de octubre, el PSE, marca regional vasca del PSOE, celebró su VI Congreso. "Compañero lehendakari" le saludó la presidenta del Congreso Rafaela Romero ante casi 600 delegados de 84 agrupaciones encargados de fijar líneas de actuación que, una semana después de discutirse, permanecían en la clandestinidad. "¡Guapa!" le habían llamado desde el patio de butacas a la presidenta de las Juntas Generales de Gipuzkoa en una curiosa descripción ideológica. El Congreso había sido un publicitadísimo ejercicio de autobombo destinado más que nada a festejar la llegada a Ajuria Enea de López por la puerta de atrás gracias a su pacto con el PP. La hazaña lo merecía pues habían logrado desalojar al PNV y eso no era cualquier cosa, por lo que había que celebrarlo por todo lo alto. Hace ocho años, estuve con Josune Ariztondo en aquel enfrentado Congreso socialista que eligió por última vez a Nicolás Redondo y uno y otro acto no tenían nada que ver. En aquella oportunidad no nos salimos del mismo de milagro. Zapatero, el gran invitado especial para la ocasión, empezó criticando al PNV y terminó mentándonos la madre. "Para eso -les dijimos- no se le invita a un partido. O hay una cortesía mínima o lo celebráis en familia, aunque la vuestra esté mal avenida".
En esta ocasión, los abrazos y besos, los arrumakos y las unanimidades estaban obligadas. El fin había justificado los medios. No había importado mentir en campaña, no importó en la misma noche electoral decir lo contrario de lo prometido, no importó que la franquicia de la derecha española se uniera en Euzkadi con la franquicia de la izquierda española. El fin lo había justificado todo. De ahí que el secretario general de las juventudes socialistas, Aitor Casado, teniendo a su espalda a Patxi López y Rodolfo Ares constatara una evidencia: "Nuestros rostros lo dicen todo. Se respira un aire de felicidad. Es demasiao". Grandísimos aplausos.
Efectivamente fue demasiado. Es como si nosotros, en un ejercicio de política ficción, recibiéramos en Madrid el apoyo de uno de los dos partidos mayoritarios españoles y llegáramos a La Moncloa a presidir el gobierno central. Sería demasiado. Y legítimo, pero algo, desde luego, políticamente antinatural. Y sin embargo aquí ha ocurrido algo parecido porque con tan poco equipaje, ante una sociedad mayoritariamente abertzale, sin programa alguno, sin debate ideológico de ninguna clase, con el único criterio de ocupar el poder, lo ostentan, lo ejercen y como dice Nicolás Redondo, "se demuestra que en este país no pasa absolutamente nada".
El VI Congreso del PSE, celebrado en el Palacio Euskalduna (una instalación que como la del Guggenheim no fue aprobada por los socialistas en su tiempo), pretendía tan solo cumplir un trámite estatutario y proyectar en la sociedad vasca esa imagen de felicidad absoluta. Nada más. Y eso no es malo. Partidos felices, bien avenidos y bien cimentados por el poder, obran maravillas ante una ciudadanía que no quiere partidos jaulas de grillo. Quizás el 62% obtenido por Patxi Zabaleta en el reciente Congreso de Aralar sea más democrático que el 99,9% de los votos de Patxi López, pero estéticamente, se vende mejor lo segundo. Para ello cuentan gratuitamente con una muy profesional trompetería mediática que, haga lo que haga Don Patxi, diga lo que diga y sestee lo que sestee, le van a reír las gracias. En Madrid y aquí. En Moncloa y en Zarzuela. En San Jerónimo y en Bruselas. Eso que tiene a su favor el de Koskojales.
¡Pero hombre! algo más si se le puede pedir a un lehendakari que debería defender un territorio propio. Se nota que prima más en él lo español subordinado que lo vasco liderado. Por lo menos, con los atuneros, que han sido insultados reiteradamente por la ministra de Defensa diciéndoles que ella no va a proteger sus ganancias y toda su alusión congresual se quedó en prometer que hablaría con Durao Barroso para que la UE haga algo por los atuneros. Decir que lo iba a plantear en su viaje a Bruselas, cuando ha sido incapaz de plantearlo en Madrid, movería a risa si no fuera patético.
Pues eso fue lo único que dijo en clave reivindicativa. Sin embargo, a los dos días, no le importó quedarse solo en el Parlamento Vasco, perdiendo su primera votación, porque el santo y seña de su presidencia va a ser el de no desentonar con nada ni con nadie, de la administración Zapatero. Primera constatación. Si Montilla le dijo en un mitin a Zapatero que "José Luis, te quiero mucho, pero más quiero a Catalunya", por aquí decir esto es impensable. La actitud de la Consejera de Medio Ambiente, Pesca y etc. fue de total subordinación cuando desde Madrid le vino a dar instrucciones el secretario de Estado de Defensa. Algo vergonzoso y estéticamente inadmisible.
La segunda constatación, tras este congreso, es el distinto uso que le dan a las palabras. Logomaquia le llaman a este fraude, junto a una dureza facial más que acreditada. Se podría decir lo mismo de aquel político que decía tantas mentiras que cuando decía una verdad se ruborizaba. Aquí, López puede decir enfático y campanudo que con el acuerdo PSE-PP "se había aprobado el certificado de defunción de las políticas frentistas en Euzkadi". Es decir, pactar entre fuerzas españolas, abjurar del tan cacareado transversalismo, esto ¿no es frentismo? Entonces, ¿qué es frentismo? Pues para este señor no lo es. Y lo dice y se queda tan ancho. Claro está que cuando uno ve que Izaskun Bilbao fue impedida de presidir el Parlamento Vasco tras una acción frentista de carácter español, y que Paulino Corcuera dejó de ser senador por una operación frentista entre el PSE y el PP y se oye esto, uno piensa que otra de las señas de identidad de este gobierno va a ser la mentira pero, eso sí, dicha como si fuera una gran verdad y rodeada de grandes aplausos.
Cuando Leire Pajín, la hija de su ama, centró su intervención en el Congreso en "la limpieza de los muros de la vergüenza" expresión que utilizó para referirse a la campaña de retirada de carteles de ETA iniciada este verano por el Departamento de Interior y uno constata que esta señora es la secretaria de organización de un partido que preside el gobierno español y que sigue manteniendo la vergüenza del Valle de los Caídos, con dictador dentro, y que en el Congreso de los Diputados cuelga el cuadro del asesino Esteban Bilbao, que calles y plazas de toda España se ornan con nombres de criminales... ¡Hombre!, pues uno vuelve a pensar que esta gente nos cree tontos o piensa que no nos damos cuenta de sus falsedades. Pero como ya hemos dicho, vale todo. El fin justifica los medios.
La tercera constatación tras observar el Congreso es que el viejo socialismo principista pasó a la historia. Por eso es tan fácil y sale gratis pactar con el PP. Ahora manda una generación de invernadero que se jacta de que su partido tiene 125 años pero resume toda su historia en Ramón Rubial. Las luchas obreristas del siglo XIX, el socialismo eibarrés, la acción republicana, el primer gobierno vasco, el diario El Socialista y La lucha de Clases, el exilio, los milicianos, el Pacto de Bayona, el fusilamiento del ex diputado y ex ministro Julián Zugazagoitia, los tres Consejeros del primer Gobierno vasco, el mundo de Toulouse y Bayona, el Comité Central Socialista de Euzkadi y tantas y tantas cosas son para los oyentes del I-Pod, música celestial. Todo esto no existe porque es un fardo pesado ya que lo que importa no es la conducta de los anteriores, sino el mullido presente y sobre todo y como dijo Patxi "llegar es fácil, lo difícil es mantenerse". Ahí está el nudo gordiano de su filosofía. Mantenerse. No el ser, sino el estar.
La cuarta constatación es que les importa poco completar el Estatuto de Gernika. El primer intento de hacerlo con las políticas activas de empleo se ha saldado con una operación más propia de las rebajas de otoño, que del cumplimiento de la ley. Pero es que todavía no saben qué hacer con las migajas que quedaron de aquella bochornosa negociación en relación con la Fuente de Espalación porque, como dijo la ministra Garmendia, en relación con la transferencia de Investigación, esta era una competencia que no nos convenía a los vascos, y nos da que todo lo que queda por cumplir irá por esa senda. Nada con sifón. Y nada de irritar a nadie en Madrid. Aunque se queden solos en el Parlamento Vasco. Ser una franquicia obliga también a esto y obliga a estar callado mientras se ve al rey, a Zapatero, a logreros varios, a vagos profesionales y a deportistas de todas las especialidades defender una candidatura olímpica como la madrileña con uñas y dientes. Con la décima parte de esfuerzo se hubiera traído aquí la Fuente de Espalación. Pero solo nos apoyó Portugal. ¿Para qué queremos este Estado que además ahora no defiende ni a los atuneros? Como decía el anterior patrón del Alakrana. "¿Para eso hicimos dos años de mili obligatoria?".
Y, finalmente, constatar una vez más que la actual ideología del PSE es de blanda plastilina. Constitucionalista de nombre, autonomista de discurso, y frentista de acción. Podrá votar esporádicamente el PP con el PNV la protección de los atuneros, pero a la hora de la verdad y en las cuestiones de nervio, siempre votarán conjuntamente, aunque Basagoiti diga, desautorizado, "que se presenten ellos a las elecciones vascas". "Ellos" son sus jefes de Génova 13. Los que mandan. Los dueños del circo, no los enanos.
"Es la izquierda la que da respuestas para salir de la crisis, poniéndose del lado de los que menos tienen". Como frase dicha por López en el Congreso, no está mal. Pero sólo es eso. Una frase vacía para un congreso vacío, con un programa hueco que ni se discutió y para una sociedad, que para mi gusto está demasiado silente y resignada viendo este ejercicio mediático de venta de mercancía averiada envuelta en fuegos artificiales, confetis y dos palabras en euskera. Pero como decía el secretario juvenil, "se respira un aire de felicidad. Esto es demasiao". ¡Ya lo creo!
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