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Viernes, 23 de Octubre de 2009 - Actualizado a las 07:18h
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Dirección: Robert Luketic . Intérpretes: Gerard Butler, Katherine Heigl, Eric Winter, Kevin Connolly, Cheryl Hines, Bonnie Somerville y Bree Turner. Nacionalidad: EEUU. 2009 Duración: 96 minutos
LA presencia de Robert Luketic (Una rubia muy legal, El chico de tu vida, La madre del novio, 21: Blackjack) al frente de un filme como La cruda realidad, no deja duda alguna. Especializado en comedias neorrománticas, aventajado en el arte de reinventar formulas de caspa y testosterona y hábil estratega en el arte de mezclar lencería de fantasía con pectorales de gimnasio, ofrece en esta película un muestrario de su limitado talento.
Atrás quedaron, corroídas por el cáncer del tiempo, las comedias clásicas en las que Spencer Tracy y Katherine Hepburn escenificaban la eterna guerra de sexos. Aunque eran indiscutiblemente divertidas, sus valores sexistas hoy resultarían inaceptables. Y desde luego, sólo algunos viejos prematuros que nacieron con arrugas en el alma se atreverían a ensalzar las historias que Rock Hudson y Doris Day representaron con éxito en unos años 50 que, felizmente, verían cambiar para siempre el mundo. Pues bien, Luketic se atreve en esta cruda realidad a reeditar ese vetusto esquema, con el pequeño ardid de igualar los géneros utilizando el salvavidas de la grosería y lo burdo.
Lo que hacía patético y aborrecible el landismo no eran los horrorosos calzoncillos que lucía el ahora Premio Príncipe de Viana -más vale que Navarra ya no tiene reyes-, sino su actitud de botarate en celo dispuesto a restregarse con la primera mujer que se pusiera a tiro. Hacer que ahora ellas se comporten del mismo modo, ¿nos iguala?
Veamos un ejemplo. Con la mirada puesta en la célebre secuencia de Meg Ryan en Cuando Harry encontró a Sally, Luketic obliga a Katherine Heigl a representar un orgasmo de verdad en plena cena de trabajo gracias a unas bragas vibradoras que, por accidente, acciona un niño ante la mirada complacida del personaje que encarna Gerard Butler (300). Aquí no hay simulación, aquí estamos ante la fea verdad que dirían los anglosajones. Lo sugerido cede el paso a lo evidente y si la citada comedia de Ryan insinuaba un juego, ésta se mete en un barrizal de escaso sentido, poca diversión y ningún mérito. Habrá quien perciba cierta electricidad entre sus protagonistas y algún interés en la historia. No pueden ser de este mundo. O este mundo es un club al que no pertenezco.
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