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Los estudiantes de Eskolabarri, en Ermua, han sido los primeros de Durangaldea en experimentar solos el plan "Camino escolar seguro".
Iban Gorriti
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LOS estudiantes del colegio Eskolabarri de Ermua han sido los primeros de Durangaldea en experimentar el proyecto Camino escolar seguro. Gracias a esta iniciativa, muchos niños les han echado en cara a sus padres la sobreprotección que ejercen hacia ellos. "¡Ves cómo si soy capaz de ir a cole solo!", respondió uno de ellos ante la seguida carcajada de los presentes.
Camino escolar seguro es un proyecto que se ha desarrollado durante una semana de este mes y en el que alumnado, profesorado, padres y madres se han sumado.
Es un ambicioso programa que impulsa entre la comunidad educativa modos más sostenibles de movilidad dirigidos a fomentar los desplazamientos diarios de casa a la escuela a pie y de manera autónoma. "Entre las 8.40 y 9.00 horas, los escolares iban al colegio por un camino delimitado y con personas mayores ayudando en cruces o puntos que se consideran poco seguros", explicó ayer la responsable del servicio de educación ambiental del consistorio ermuarra, Isabel Prieto.
A finales del curso pasado ya se dieron los primeros pasos en este plan, con la correspondiente fase de divulgación, fruto de la cual se sumó al mismo el colegio Eskolabarri. "Los padres se mostraron más reticentes a dejar ir a sus hijos acompañados por otros compañeros que los propios niños", señaló Prieto.
Es más, han sido los pequeños los que han solicitado más autonomía a sus progenitores. "Somos los mayores los que no les dejamos ser tan autónomos como realmente pueden llegar a ser", agregó la encargada del plan en el Ayuntamiento.
Consistorio y colegio han querido aprovechar este mes por ser una fecha recogida en calendarios, sobre todo anglosajones, bajo el título de Walk to School (Caminando al colegio). La iniciativa reivindica en el contexto de la Semana Europea de la Movilidad Sostenible, que los desplazamientos diarios al colegio sean realizados de forma ambientalmente sostenible y segura.
Una decena de personas, tanto madres voluntarias como integrantes de la AMPA y de la Comisión Ambiental del centro, ha vigilado aquellos puntos que se han identificado como de posible riesgo para los menores. Ello ha contribuido para que el itinerario casa-escuela y viceversa haya podido ser realizado de forma autónoma y sostenible.
"Ahora estamos en período de evaluación. A los chavales -enfatiza Prieto- les ha encantado. Es más, los de 11 y 12 años se han hecho cargo, orgullosos, de los de 7 y 8 años. Es una experiencia de la que todos hemos aprendido mucho".
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