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La vega del Barbadún, en Muskiz, es proclive a la aparición reiterada de las termitas que devoran cuanta madera se pone a su paso. Hoy, técnicos municipales comienzan a buscar afecciones.
Emilio Zunzunegi
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Buena parte de la zona vieja de la calle La Cendeja (Emilio Zunzunegi)
Vista:
Mirentxu y Monreal son dos empresarios de la calle la Cendeja de Muskiz a los que el pasado año, por estas fechas, las termitas les dieron un buen susto, tanto a sus propiedades como a su pecunia para librarse de ellas.
Situados sus negocios en la vega inundable del río Mayor o Barbadún, estos empresarios ocupan las plantas bajas de sendos inmuebles casi centenarios que, por su proximidad al río, cumplen con las dos máximas que aceleran la plaga de las termitas: humedad y calor.
Estos dos factores son el caldo de cultivo para estos xilófagos, cuya erradicación les supuso a los dueños de los inmuebles que conforman el mismo edificio la nada desdeñable cifra de 2 millones de las antiguas pesetas. Aún hoy son visibles en el exterior de sus fachadas las válvulas incrustadas en la paredes con las que se inyectaron productos químicos para someter a estos devoradores de madera.
"Menudos barrenos metieron en las paredes y en las vigas", comenta el carnicero que, aunque no tenía termitas visibles en el interior de su local, se embarcó en la desinsectación. "Estas casas son muy viejas, de madera y con una gran carga de humedad al estar tan cerca del río", comenta mientras señala los tapones insertos en la pared "por donde metían termicidas a presión".
Sin embargo, las termitas son pertinaces y han vuelto por sus fueros. Tal vez no en estos edificios, pero sí en otros de la misma calle y en otras como el Crucero o el camino de San Juan. "Aquí, aparte de la vejez de las casas, hemos tenido el problema de las construcciones hechas al otro lado de la carretera. Han cegado la salida del agua hacia su cauces naturales y la humedad nos vuelve, lo mismo que las aguas cuando hay desbordamientos, ya que han puesto tuberías nuevas pero se han olvidado de retirar la viejas que se desbordan en este lado, mucho más bajo", recuerda Miren.
Estas zonas serán precisamente el objetivo de una revisión en profundidad que se iniciará hoy a cargo de una empresa especializada "para conocer el alcance de la posible infección", según apuntó el edil de Medio Ambiente, Marcos Cucó.
Según se anuncia en un bando municipal distribuido en las zonas a investigar, "atendiendo a las afecciones debidas a termitas subterráneas detectadas y con el objeto de definir el alcance de las afecciones", en los próximos 15 días se va a proceder a la inspección del entorno de la vega por técnicos cualificados.
Según señaló a DEIA un técnico de la empresa contratada para realizar la revisión -con un coste de casi 4.000 euros- durante la jornada del lunes se procedió a la toma de fotografías de algunas afecciones y a partir de hoy se girarán vistas a los inmuebles incluidos en la zona de revisión.
Fuentes municipales reseñaron que esta zona no es exclusiva y que a solicitud de los interesados, la revisión se podría ampliar a otros edificios de la localidad. "Nuestra principal preocupación es que la plaga no se vaya extendiendo por el municipio", indicó Cucó.
La noticia de la revisión ha pillado por sorpresa a algunos propietarios de viviendas, incluso a los que viven en la zona de revisión, que manifestaron no haber detectado ningún tipo de afección por termitas. "Aunque cuando vengan los técnicos les dejaremos revisar por si acaso existieran indicios", apuntaba una joven residente de la calle La Cendeja.
Según indicó el responsable de medio ambiente , esta revisión "pretende plasmarse en un informe que nos dé una radiografía de la afección por termitas en las zonas más sensibles, ya que, si bien en algunas zonas se han dado tratamientos químicos, éstos provocan el movimiento de las colonias".
En esta ocasión, el Departamento de Medio Ambiente, que desconoce el posible montante de la desinsectación, se decanta por la utilización de métodos biológicos, mediante la instalación de cebos, para la eliminación de esta plaga.
Los cebos se ponen en la tierra donde hay muestras de termitas. El cebo es, generalmente, un regulador de crecimiento del insecto o un agente tóxico del lanzamiento lento. Una vez que las termitas coman el cebo, éste se manifiesta en su colonia y reduce la población de la termita con el debilitamiento de la plaga.
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