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Behatokia: José Ramón Blázquez

Catedráticos en peneuvelogía

Tantas páginas y horas dedicadas al comentario y la crítica de lo que ocurre en el PNV y sus actuaciones no son un regalo y resulta difícil gestionar semejante carga informativa. Todos tienen una cátedra-columna donde imparten la asignatura del nacionalismo vasco.

Por josé ramón blázquez, * Consultor de Comunicación - Jueves, 5 de Noviembre de 2009 - Actualizado a las 08:53h.

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PRIMERA certeza: el interés que despierta el Partido Nacionalista Vasco en los medios de comunicación y en la opinión pública es superior a su implantación social y trascendencia política. Dicho de otra manera: es llamativo que el PNV ocupe más espacio en la prensa, radio, televisión y diarios digitales del que podría deducirse de su importancia histórica y poder real. Ésta es una de las perplejidades que me acompañan desde que Franco pasó habitar un agujero al pie del altar mayor de la basílica del Valle de los Caídos. La conclusión más plausible es que se trata de un protagonismo fingido que se otorga al nacionalismo vasco para erosionarlo, de lo que se deduce la necesidad de una alerta intelectual constante para no dejarse seducir por tanta fama engañosa. Al Estado español y sus acólitos mediáticos les pone de los nervios la discreción del PNV, el mejor antídoto contra el diseño sutil de la propaganda.

Tantas páginas y horas dedicadas al comentario y la crítica de lo que ocurre en el PNV y sus actuaciones no son un regalo y resulta difícil gestionar semejante carga informativa. El nacionalismo vasco no precisa un plus de notoriedad social, porque su propia implantación y peso electoral, así como su historia, se la otorgan sobradamente. El problema está en la calidad y contenido de lo que se publica, no en la cantidad, porque casi todo proviene de medios y entornos ideológicos que perciben a la formación jeltzale como el principal problema del Estado. Y un negocio provechoso como objeto.

Así pues, hablar del PNV se ha convertido en una ciencia y con esta cultura de postín han surgido en masa los catedráticos en peneuvelogía, eruditos que interpretan el legado de Ibarretxe, sabios que cenaron cierta vez en un batzoki, peritos en diferencias entre Urkullu y Egibar, letrados en semiótica nacionalista, hechiceros que invocan las dos almas del partido, dárwines que escudriñan la evolución jeltzale con brumosas teorías, expertos en doctrina que vaticinan la vuelta triunfal de Imaz, agoreros de las calamidades de 2011, doctores en tópicos y magistrados de la verdad oculta. Todos tienen una cátedra-columna en la prensa e imparten la asignatura de nacionalismo vasco en la universidad de la tertulia.

Segunda certeza: es conceptualmente imposible que desde el prejuicio antinacionalista de los comentaristas pueda deducirse un examen veraz sobre las realidades del PNV. Si la mayoría de los observadores mediáticos parten de una posición ideológica discrepante e incluso hostil al nacionalismo vasco, el resultado es una interpretación sesgada de los hechos. Con otra circunstancia añadida: la influencia subjetiva del medio en el crítico. Me llama la atención la facilidad con la que los analistas se dejan condicionar por la línea editorial del medio de comunicación que los alberga, hasta el punto de desfigurar su previa capacidad de juicio, salvo en los casos de que su participación forma parte de una confrontación con otros puntos de vista dentro de un diseño de choque de opiniones plurales. No existe imparcialidad en un entorno limitado por reglas marcadas. He visto a tantas personas racionales perder la perspectiva al ubicar su voz e inteligencia en la prensa españolista que no puedo recordar una sola excepción. Además, la mutación antinacionalista suele ser muy agresiva, como lo demuestran, entre otros, Joseba Arregi, José Luis Zubizarreta y Kepa Aulestia en los diarios de Vocento. Y Carmen Gurrutxaga y Germán Yanke. Sombríos creadores de borrascas.

Admito que cualquiera pueda ejercer, incluso como medio de vida, la rústica tarea de comentar con pedantería aquello de lo que no se sabe o conoce de oídas, como actualización de la vieja charlatanería española; pero a condición de renunciar a la pose de experto y no hacer jactancia de sabiduría en la materia. ¿En qué facultad se estudia peneuvelogía, en la universidad de El Correo Español o en la escuela superior de Prisa? ¿Y quién expide el título, el ilustre precursor de la peneuvelogía, José Antonio Zarzalejos, tal vez el ex comunista Antonio Elorza o, mejor aún, José María Calleja? Para el ejercicio profesional de la peneuvelogía no se exigen estudios superiores, ni haber vivido algunos años en Euskadi: basta con algo de mala fe y estar en posesión del carnet de manipulador de acontecimientos. Y haber jurado bandera en Araca.

Tercera certeza: la mayor parte de las valoraciones mediáticas acerca del PNV son una sucesión de tópicos y opiniones enlatadas que se repiten desde hace años con ligeras adaptaciones a las circunstancias del momento. La superficialidad como metodología. Ahora, por ejemplo, procede sacar del baúl el péndulo, famoso sistema oscilatorio vasco, que no es el reloj de la abuela, sino el símbolo totémico que demuestra científicamente la existencia de las dos almas del partido. Esta gente se ha enganchado a la idea de que el PNV padece esquizofrenia (unas veces es el moderado Jekyll y otras el radical Hyde) y no hay manera de que se aproximen a la verdad simplemente leyendo las ponencias y documentos nacionalistas. Pero ¿a quién le interesa la verdad cuando los análisis están precocinados?

Últimamente les ha dado a los peneuveólogos por describir extraños entresijos en el mundo nacionalista a propósito del documento sobre la reforma de ley del aborto, aventurando que las posiciones de la ejecutiva nacional se deben a la conjura de grupos de mujeres abertzales o al derrumbe de los tradicionales valores cristianos en la parroquia peneuvista, todo ello sin ningún dato que lo que acredite y dando categoría de verosimilitud a lo que son como mucho intuiciones peregrinas. O ganas de enredar. Anda también estos días la peneuvelogía entretenida con la estrategia de futuro que debería adoptar o convendría a los jeltzales una vez que han sido desalojados de Ajuria Enea malamente. Y se atreven a hacer exhortaciones de mesura y predecir la desdicha que aguarda al PNV en caso de que no rompa amarras con el derecho a decidir. El discurso cretino es otorgar al soberanismo el rol de Satán y situar la felicidad electoral en la unidad vasco-española, su única esperanza.

Última certeza: la peneuvelogía es el deporte nacional español, algo así como una adicción o una fijación patológica. Una obsesión ibérica. De manera que esto no va a parar y los nacionalistas tendrán que soportar los sermones vacuos de estos profetas. El lejano día en que la peneuvelogía se extinga como ciencia parasitaria y la violencia terrorista haya desaparecido como tragedia y excusa de tantas desfiguraciones y, como consecuencia de este vacío la profesión de zaherir al PNV quede amortizada y ETA deje de ser fuente de oficios y beneficios para tantos, el desempleo subirá de golpe cinco puntos. O más.

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