Saltar al Contenido

Períodico de Deia Grupo Noticias

El patriótico bálsamo de Fierabrás

* Catedrático de la UPV/EHU - Domingo, 8 de Noviembre de 2009 - Actualizado a las 08:41h.

compartir (¿qué es esto?)

  • Mail
  • Facebook
  • Delicious
  • Twitter
  • Meneame
  • Digg
  • Technorati

Galería Noticia

La constitución de un gobierno sustentado por socialistas y populares ha supuesto, de hecho, la conformación de un frente identitario español. Algunas de las medidas adoptadas y de los gestos realizados por sus responsables alimentan, además, esa percepción. La negación del hecho por parte de sus protagonistas quizás no es una muestra de cinismo, pero sí lo es de su incapacidad para reconocer como tal y confesar un pecado por el que durante años han condenado a otros. Y de esa forma, PSE y PP han contribuido de forma significativa a alimentar uno de los mitos más longevos y mejor conservados -en formol, eso sí- de nuestra cultura política.

El mito al que me refiero es el de la (para algunos) deseable unidad entre patriotas vascos. Es un mito recurrente, que se invoca con frecuencia, pero que aflora con especial intensidad en ciertas ocasiones. Tiene larga vida. Txiberta no la hizo posible en los años de la transición, y después, lo normal en el nacionalismo es que se hayan producido escisiones, alguna desaparición y, entremezcladas con las anteriores, ocasionales alianzas. El acuerdo de Lizarra fue el único caso en el que se alcanzó la tan (para algunos) ansiada unidad patriótica. Claro que aquella experiencia duró poco más que lo que la organización terrorista tardó en volver a las andadas; esto es, menos de dos años.

Vuelven a sonar tambores llamando a la unidad soberanista. Lo hacen, creo yo, empujados por tres elementos. El primero es la ya mencionada constitución de un gobierno sustentado en los dos partidos vascos de ámbito español. Se aduce que la mejor forma de hacer frente a los partidos del gobierno del cambio pasa por la constitución de una amplia alianza nacionalista que sea capaz de derrotar en las urnas al contubernio español. Se supone que esa acumulación de fuerzas serviría para facilitar la recuperación del poder por parte de fuerzas nacionalistas y además, para iniciar una dinámica que acabara conduciendo al reconocimiento, en términos jurídicos, del denominado derecho a decidir.

El segundo elemento que ha ayudado a reactivar el discurso a favor de una alianza patriótica es la suposición de que la configuración de una suerte de frente nacional vasco podría coadyuvar al abandono de la violencia por parte de ETA. Esa suposición se basa en declaraciones ocasionales de unos y de otros, en supuestos documentos de debate y, claro está, en el muy relevante hecho de que la llamada izquierda abertzale mayoritaria tiene ante sí un difícil panorama. En definitiva, se postula que la unidad nacional actuaría a modo de bálsamo de Fierabrás: una sola pero continuada aplicación serviría para curar el terrorismo, para aupar al poder al conglomerado patriótico y para alcanzar el reconocimiento definitivo del derecho a decidir en alguna de sus versiones.

La unidad nacionalista no es posible. No lo es porque a casi nadie interesa. A la izquierda abertzale no le interesa aliarse con el PNV

Y el tercer elemento, por paradójico que resulte, radica en el interés que tienen los partidos que sustentan al Ejecutivo vasco de alentar la constitución de un frente nacionalista. Ese frente, real o virtual, ayuda a justificar y consolidar el propio y, una vez más, permite asociar de manera interesada nacionalismo vasco y violencia.

Yo, sin embargo, considero que la unidad nacionalista no es deseable. No lo es, ante todo, porque esa mayoría social nacionalista que se invoca con tanta frecuencia no existe como conjunto socio-político suficientemente homogéneo en sus aspiraciones e intereses. Dicho de otra forma, esa supuesta mayoría social alberga en su seno ideologías, sensibilidades y deseos muy diversos. Estoy persuadido de que muchos votantes nacionalistas están más cerca de votantes no nacionalistas (vascos) que de los integrantes de esa presunta mayoría sociopolítica vasca. En realidad, podría dudarse hasta de que en ese conglomerado se comparta un mismo sentimiento identitario nacional. Hay indicios (no me atrevo a hablar de pruebas) electorales de que eso es así: véase si no, cómo varía el sentido del voto de la ciudadanía dependiendo del tipo de convocatoria electoral de que se trate.

Tampoco es deseable porque la configuración de una alianza patriótica vasca reforzaría una divisoria comunitaria de efectos perversos. Estoy convencido de que no habrá avance posible en el autogobierno si un cierto grado de acuerdo con las fuerzas que hoy sostienen al Gobierno vasco. Además, la configuración de un amplio bloque soberanista sería percibido por el electorado menos identificado ideológicamente con una u otra visión del país (el que da las mayorías electorales) como un desplazamiento hacia la periferia política por parte del nacionalismo institucional. En menos palabras: ese nacionalismo perdería la centralidad política y, como consecuencia, sería castigado en las elecciones.

No he aludido hasta aquí al terrorismo, porque parto del supuesto de que para cualquier acuerdo patriótico amplio se exigiría, como condición, el final inmediato e incondicionado de la violencia. Aunque quizás peco de ingenuidad: ya hay quien defiende la unidad incluso sin que ello venga precedido por el final de la violencia.

Y finalmente, la unidad nacionalista no es posible. No lo es porque a casi nadie interesa. A la llamada izquierda abertzale histórica o mayoritaria no le interesa aliarse con el PNV. Es uno de sus principales oponentes políticos y lo que desearía, de hecho, es quitarle la hegemonía del nacionalismo. Es más, con ese objetivo antes llegarían a algún acuerdo con los socialistas. Y tampoco creo que al PNV le interese un amplio acuerdo patriótico, porque correría un serio riesgo de verse arrojado a los márgenes de la política.

Sospecho que nada de lo que se argumente dificultará o ayudará a que se materialice un proyecto de alianza nacionalista. Es un mito. Reconforta saberse miembro de la mayoría socio-política vasca y reconforta aún más pensar que esa mayoría hará, antes o después, valer su condición. Pero, en mi humilde opinión, quienes así piensan están profundamente equivocados. Es posible avanzar en el autogobierno. También es posible lograr alguna formulación jurídica de cosoberanía. Pero el camino para ello pasa por la consecución de amplios acuerdos, de acuerdos sustentados en una mayoría social articulada alrededor del centro político. Es el mismo camino que mejor ha servido a las grandes causas del pueblo vasco a lo largo de su historia política. El camino de la unidad nacionalista, por el contrario, es quimérico y estéril, tanto como el quijotesco bálsamo de Fierabrás, por muy patriótico que pueda parecer.

votos comentarios

compartir (¿qué es esto?)

  • Mail
  • Facebook
  • Delicious
  • Twitter
  • Meneame
  • Digg
  • Technorati

Herramientas de Contenido

Gracias por su comentario

Haz tu comentario

Condiciones de uso

  • No están permitidos los comentarios no acordes a la temática o que atenten contra el derecho al honor e intimidad de terceros, puedan resultar injuriosos, calumniadores, infrinjan cualquier normativa o derecho de terceros.
  • El usuario es único responsable de sus comentarios.
  • Deia se reserva el derecho a eliminarlos. 
Escribe tu comentario Número de caracteres (500/500)

Comentar sin registrarme

Este usuario ya existe. Prueba con otro.

Usuario disponible

Comprobando usuario...

Código de seguridad

Usuario registrado ¿Olvidaste tu contraseña?

Quiero registrarme

Este usuario ya existe. Prueba con otro.

Usuario disponible

Comprobando usuario...


Código de seguridad

Publicidad