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Alejandro Luque - Lunes, 16 de Noviembre de 2009 - Actualizado a las 11:33h
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DE nombre Paz Campos Trigo (Vega es el apellido de su abuela), a esta trianera nacida en 1976, e hija de banderillero, se la recuerda en Sevilla como alumna del colegio Santa Ana, luego del Gustavo Adolfo Bécquer y más tarde estudiando Ciencias de la Información y Políticas. Todavía hay en la ciudad quien la ve en la pantalla y suspira: “Ah, Mari Paz”, porque desde muy joven despertaba esos furores. No era la más guapa, ni la más talentosa, dicen, pero algo tenía: la estrella que señala a las futuras estrellas, ese aura de las que van para grandes desde chiquititas.
Paz Campos creyó en Paz Vega ciegamente desde el primer día, y a partir de ahí sólo hubo que subir un escalón, y luego otro escalón y otro... Antes echó los dientes, como quien dice, en el Centro Andaluz de Teatro, hasta que marchó a Madrid, donde le esperaba el duro catre de una pensión galdosiana, la precaria cotidianidad del castingy la lata de conservas, pero también su primer padrino, el galán Máximo Valverde, a la sazón amigo de su padre. También fue Paz Vega cosechando sus propias amistades, como aquel imberbe Alejandro Sanz, uno de cuyos videoclips, A la primera persona,acabaría protagonizando años después la actriz.
La serie Siete vidasla hizo popular, Mateo Gil la propulsó en la tumultuosa madrugá de Nadie conoce a nadie, pero fue Medem y su Lucía y el sexo (con aquel seno fugitivo del cartel, pazvegano y motorizado), quien le granjeó la gloria y el Goya revelación. Ahí, como diría el viejo Gironella, estalló la Paz, por más que una parte de su familia, se comenta, se negara púdicamente a ver el filme.
Sofocón extemporáneo y sin cuento, desde luego, porque Paz Vega lleva toda la vida cuidando al máximo su imagen, y sabiendo que más sufre el que ve que el que enseña. “Está operada hasta el cielo de la boca”, aseveran las lenguas viperinas y envidiosas, para matizar acto seguido: “Pero muy bien operada, ni se nota”. Llamó Almodóvar para Hable con ella. Llamó Martínez Lázaro para El otro lado de la cama.Llamó Vicente Aranda para Carmen. No había tregua para el teléfono de la actirz. Pero puestos a soñar, lo mejor era soñar a lo grande: ¿Por qué no un papel junto a Morgan Freeman? ¿Por qué no una peli con los Taviani? Todos los sueños le fueron puntualmente concedidos.
De Sierpes a Sunset Boulevard, de Matalascañas a Santa Mónica, se empadronó Paz en Los Ángeles y fundó familia con Orson Salazar, el mismo a quien los noctívagos madriles recuerdan aún como gogó de tanga y tacos altos, lo cual no obsta para haberse convertido en la mano derecha de la sevillana. Ahora hay quien se sorprende al verla junto a Scarlett Johansson y Eva Mendes en The Spirit. Cosa no tan extraña si pensamos que hace tiempo que esta chica ve invariablemente una imparable versión de la leona de la Metro.
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