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Zigor Alkorta, Alain Laiseka - Martes, 17 de Noviembre de 2009 - Actualizado a las 11:03h
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La misma verja roñosa de todos los días que sella el acceso al puerto comercial de Victoria la cruzan cuatro arrantzales que dejan atrás su faena. Son las seis de la tarde. Calmo crepúsculo en Seychelles. El sol se acuesta en la mar tras las poderosas espaldas de los cuatro hombres; cuatro rostros tatuados de incertidumbre, de agónica espera: 47 días de infierno. Es el tiempo, una vida, interminables horas, que lleva cautiva la tripulación del Alakrana, el atunero de la empresa Echebastar fondeado en algún lugar del peligroso Índico, el océano de los piratas. Algo, en cambio, no es igual a los 46 anteriores crepúsculos. Otro brillo ilumina la mirada de los cuatro arrantzales. No ha desaparecido el desánimo, su sombra sigue ahí, perpetua, pero le ha ganado terreno la fe. Una ilusión comedida que han alimentado durante todo el día las noticias que ha ido repartiendo radio mampara, la fuente más fiable de un barco, los rumores que han recorrido de boca en boca los atuneros vascos que aún quedan en amarrados en Port Victoria de proa a popa, de babor a estribor, por la cubierta, la cocina, el comedor, los camarotes, la sala de máquinas, el puente… Se escucha que el Alakrana puede ser liberado. Hoy. Mañana, quizás. Desfilando por el cable de la duda cruzan los cuatro arrantzales la verja roñosa de Port Victoria. Es cuando Zigor, el fotógrafo de DEIA, se lo dice: "Los arrantzales son libres ya, está confirmado". Y entonces, explotan. Se liberan ellos también. Todos.
"¡De puta madre!", es lo primero que acierta a decir Markel, bermeotarra, el más joven de los cuatro hombres ahora sonrientes que han desterrado el miedo y la angustia a puntapiés. No se descuelgan muchas más palabras de sus bocas. Saben que todo lo que digan es poco para cincelar la forma de un sentimiento fosilizado en las honduras del alma. No pueden hablar. Porque sus entrañas retienen el llanto y la euforia y su gaznate está seco. Por eso acuden a empaparlo a la primera taberna del puerto que encuentran. La noche les guiará hasta El Barril, el lugar en el que se reúnen los pescadores en Victoria. Lo celebrarán a lo grande. Como merece la ocasión. Entonces, desatado el nudo que aún les aprisiona el habla, se explayarán en la intimidad. Consumarán así su liberación.
Acuerdo de madrugada La del Alakrana, la liberación de los arrantzales que han convivido durante 47 días con el miedo que infunde el ojo de un cañón amenazador apuntándoles, se materializó en torno a las 14.30, hora de Seychelles (11.30 en Euskadi). Exactamente a las 14.28, DEIA se ponía en contacto con el atunero. Ricardo Blach pudo entonces haber hablado por última vez en cautiverio. Su voz vibraba. Era urgente por la tensión del momento, clave. "Estamos bien" -confirmaba el patrón gallego- "pero es muy urgente dejar esta línea libre. Hasta mañana no podemos atenderos. Gracias, gracias. Estamos bien". Minutos después se producía la llamada que aguardaba con impaciencia medio mundo, toda Euskadi, pero sobre todo, los 36 arrantzales del Alakrana y sus familias, confirmando así lo apuntado por este periódico el domingo, cuando desvelaba que la liberación era "cuestión de días" después de que el Gobierno exprimiera la vía diplomática para lograr un acuerdo inminente que acabara con tanto sufrimiento.
Según ha podido saber DEIA, esas negociaciones, en las que participaron el Ejecutivo español, el embajador en Nairobi (Kenia), el armador, el representante de los piratas y el Gobierno somalí, se cerraron a las 6.00 horas del sábado. La llave que abrió los grilletes que amarraban al cautiverio a los arrantzales era juzgar a los dos piratas -apresados y trasladados a Madrid- en España y que cumplan condena en Somalia.
La vicepresidenta primera del Gobierno español, María Teresa Fernández De la Vega, según los medios consultados, pasó con angustia las horas posteriores al acuerdo por la posibilidad de que éste pudiera torcerse en el último momento. Los representantes de los piratas aceptaron las condiciones y eso encarriló la liberación. Los movimientos judiciales del lunes en España certificaron el acuerdo y la liberación ayer del atunero vasco.
La otra gran reivindicación de los piratas, la única de no mediar el afán de protagonismo de Gobierno español y vasco y que hubiera podido acabar con el secuestro en unos días -nadie imaginó jamás que el cautiverio pudiese alargarse tanto en el tiempo, 47 días, lo que le convierte en el séptimo más largo registrado en el Índico-, el dinero, también ha llegado a manos de los secuestradores. Las cifras del pago del rescate, no confirmadas por el Gobierno español, oscilan entre los 4 millones de dólares que cita la agencia de noticias France Press y los 3,5 millones que menciona Reuters. Entre 2,3 y 2,7 millones de euros, según la fuente.
El Alakrana, como en abril de 2008 el Playa de Bakio, navega en estos momentos escoltado por la fragata española Méndez Núñez. 19 nudos es la velocidad de la libertad. José Víctor Bilbao, el maquinista, fue el encargado de poner en marcha los motores. Rumbo a casa. Bilbao hizo despertar al Alakrana tras semanas fondeado nada más abandonar los piratas el barco y antes incluso de hablar con su mujer, Olga, a la que aseguró, en una breve conversación, que no estaba "físicamente al cien por cien pero que se encontraba bien". El Alakrana pudo incluso haber hecho una pequeña parada para comprobar que la maquinaria no estaba dañada, pero reemprendió luego la marcha. Fuentes de la empresa Echebastar, a la que pertenece el atunero, confirmaban a DEIA que pese a que los piratas han podido saquear el barco, éste no tiene problemas para navegar. "Es muy posible que se hayan llevado todo lo que han encontrado de valor, que lo hayan desvalijado, pero ahora eso es algo muy secundario para la empresa. Lo importante es que los arrantzales vuelven a casa".
Eso mismo le repetía Iker Galbarriatu, el capitán del Alakrana, a su hermana Argi cuando sobre las 15.00 horas pudo contactar con ella por teléfono. "Esto se ha acabado, nos vamos a volver a ver enseguida", fue lo primero que le dijo. La voz del bermeotarra era igual de tenue que cuando lograba comunicarse con su familia durante el terrible secuestro bajo la amenaza de los fusiles. Se lo hizo notar Argi, preocupada. "¿Estás bien? ¿Por qué sigues hablando tan bajo?", le preguntó. "Sí, sí, no pasa nada, pero es que es todo tan reciente que aún no me lo creo. Estoy muy aliviado", respondió el arrantzale. La mayoría de los familiares coincidieron en que no encontraron euforia en las palabras de los tripulantes liberados, sino, como decía Iker, simple alivio. Nadie se sobrepone a 47 días de secuestro, a una pesadilla así, en unas horas. Ni siquiera en días.
Volver cuanto antes "Todos tenemos muchas ganas de llegar a puerto, de pisar tierra", confesó también Iker a su hermana. Tardarán dos días en hacerlo. Hasta mañana por la tarde, si todo sigue su curso y no surgen dificultades, no arribará el Alakrana a Port Victoria. El tiempo que permanecerá la tripulación en la capital de las Seychelles será el menor posible, al igual que los arrantzales del Playa de Bakio, que por ejemplo, apenas 24 horas después de su llegada a puerto aterrizaban en territorio español. Una vez atados todos los detalles del dispositivo para recibir al atunero, los esfuerzos de Echebastar, a la que pertenece el Alakrana, se centran en lograr que "los arrantzales puedan estar con sus familias lo antes posible". Descartado un vuelo militar para el mismo jueves, lo más probable es que sea el viernes cuando la tripulación del atunero regrese en un vuelo directo a casa, hacia donde pusieron rumbo ayer.
Ricardo Blach: De verdad que lo siento pero tengo que dejar esta línea libre. De verdad que lo siento. Además es urgente. Lo siento mucho.
Susana Martín: ¿Estáis esperando una llamada importante?
Ricardo Blach: Muy importante. La más importante. Por eso, lo siento mucho, de verdad.
Susana Martín: ¿Desde dónde está pendiente que llegue esa llamada?
Ricardo Blach: No te puedo decir, no te puedo decir. Es muy buena para nosotros. Os tengo que dejar.
Susana Martín: Solamente dinos cómo os encontráis vosotros.
Ricardo Blach: Bien, estamos bien.
En declaraciones a los medios en Bruselas minutos antes de regresar a Madrid, Chacón explicó que España asumirá el mando de la operación en Bruselas. También "liderará las gestiones logísticas, financieras y de infraestructura" de la misión que este martes ha recibido el visto bueno de los ministros de Defensa de la UE y que se espera que sea lanzada oficialmente antes de que acabe el año.
La ministra dijo que el objetivo es apoyar a un Gobierno de transición que hasta ahora "no está siendo capaz" de atajar la salida de piratas y de los buques nodriza que les llevan desde puertos somalíes hasta alta mar. En este sentido, explicó que España está "firmemente comprometida" en todos los proyectos relacionados con la "causa" de la lucha contra la piratería.
"Estamos actuando sobre la consecuencia, que es la piratería en el mar" --dijo Chacón en referencia a la misión 'Atalanta'--, "pero la causa está en tierra. Por eso España apoya la nueva misión de formación y capacitación de la seguridad y guardia costera en Somalia".
La titular de Defensa admitió que la misión europea contra la piratería 'Atalanta' ha conseguido "rebajar de forma sustantiva" los ataques piratas que acababan en secuestro y que la operación ha sido un "éxito" en cuanto a la protección de los buques del Programa Mundial de Alimentos y otros.
Sin embargo, la situación de los pesqueros en la cuenca de Somalia se ha "recrudecido" y hay actualmente doce embarcaciones secuestradas, entre ellos el atunero español 'Alakrana' y otros barcos de Reino Unido, Malta y Grecia.
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