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JOSÉ RAMÓN BLAZQUEZ ( * ) - Miércoles, 18 de Noviembre de 2009 - Actualizado a las 11:20h
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AUNQUE el final del largo secuestro del Alakrana haya concluido con la liberación de sus 36 tripulantes y éstos regresen a casa, sanos y salvos, en unos pocos días, estamos ante un episodio de naufragio. Ha existido un hundimiento colosal. Porque lo que tenemos delante es una relación de daños de todo tipo: humanos, laborales, económicos, políticos, judiciales, de seguridad marítima, de credibilidad internacional, de comunicación pública, de insensibilidad institucional… Así que ahora toca recoger los restos de cuanto se ha ido a pique y exigir responsabilidades y prevenciones futuras.
La excepción en esta lamentable zozobra han sido los tripulantes, sus familias y la sociedad vasca, particularmente la bermeana, que han sabido aunar la fortaleza de ánimo con el empuje de la dignidad y la solidaridad. Sin ese coraje y lamovilización generada el secuestro se habría prolongado durante mucho más tiempo, entre inhibiciones, errores estratégicos y traspaso de responsabilidades de unas instancias a otras. Tenemos un final feliz, pero una historia desdichada.
Un nuevo peligro acecha nuestras costas ahora que todos son parabienes y alivios.Es el olvido o, mejor dicho, la estrategia intencionada del olvido, propiciada por las autoridades de Madrid y Euskadi. Veremos cómo desde hoy mismo tratarán de cubrir con un manto de excusas la penosa gestión del secuestro y cómo los medios de comunicación públicos –atención a EITB– y la prensa afín procurarán que este naufragio político e institucional deje de ser noticia hasta que pase la borrasca y aminore el cabreo popular. La capacidad de Zapatero para el menester del olvido colectivo es prodigiosa, más o menos pareja a la ingenuidad y permisividad social.
Ahora toca hablar a la sociedad.A los partidos políticos en primer lugar, obligados a llevar a los parlamentos vasco y español la exigencia de dimisiones y la elaboración de un programa estable, no provisional, de protección de los barcos pesqueros en el Índico. Es la hora de que las peticiones realizadas desde hace tres años por los nacionalistas vascos enMadrid se satisfagan. Tal vez el PP tenga la oportunidad de su desquite del Prestige; pero unamayoría social pide que la ministra Chacón abandone su cargo por manifiesta ineptitud. Ni siquiera España, que lo perdona casi todo, merece tanta incompetencia.
¿Y en Euskadi también habrá dimisiones? Porque ha existido una gran dejación por parte de la consejera Unzalu, cuyo desprecio a los arrantzales y a sus pueblos de residencia debería ser compensado con su fulminante destitución.Yporque aún está por aclarar el papel de entorpecimiento que López pudo haber tenido en relación con la detención de los dos piratas somalíes, sin contar con su tardanza de más de tres semanas en recibir a las angustiadas familias.
Lo peor que podría ocurrir es que, después de que nuestros arrantzales hayan regresado, los restos del naufragio –las responsabilidades políticas por acción u omisión, la ausencia de un plan preventivo de seguridad y el pésimo tratamiento emocional del suceso– quedasen varados en la costa. *Consultor de Comunicación
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