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Salió a tiempo para que el Athletic sume un precioso punto ante el poderoso Barça
Pako ruiz - Domingo, 22 de Noviembre de 2009 - Actualizado a las 08:38h
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bilbao. Gaizka Toquero guarda en su particular álbum personal el gol que anotó el 13 de mayo en Mestalla. Marcar en una final de Copa tiene su prurito de orgullo, aunque no valiera para conquistar el título. Medio año después, colecciona otro más que no olvidará. También ante el Barça. El de ayer sí tuvo valor. Sirvió para que el Athletic sumara un valioso punto ante un equipo azulgrana que se adelantó en el marcador y que, al contrario de lo que suele ser norma en él, no supo gestionar. Le sorprendió el fenómeno Toquero, que salió al rescate de un Athletic buen trabajador y que se llevó el premio con el que ya se daba con un canto en los dientes antes de arrancar el duelo. El equipo de Guardiola acabó lamentando su falta de acierto en la primera mitad y el Athletic, con únicamente dos ocasiones claras en su haber, saboreando un empate que le viene como anillo al dedeo en su autoestima tras el varapalo que supuso el K.O. en Copa ante el Rayo.
Resulta habitual que el rival del Barça busque alguna fórmula en su intento de desactivar parte de la enorme exquisitez que ofrece el conjunto azulgrana. El Athletic no iba ser ajeno a ello. Caparrós tiró de pizarra. No modificó su habitual sistema, pero sí movió las posiciones puntuales de algunos de sus hombres. Fue el caso de Susaeta, que compareció como pareja de baile de Llorente. Sonó casi a frivolité. Se entiende que Susaeta está para otros menesteres. Gurpegi volvió, como ocurriera en Santander, a comparecer en banda derecha, posición a la que se mutó Orbaiz mediado el primer acto. El Athletic, con Yeste como interior izquierdo, se retrató. Prescindió de un plus de verticalidad por los costados. Quiso músculo ante el derroche de imaginación que tenía enfrente.
El Barça, con bajas debido a la gripe A, va a lo suyo. Tiene recursos suficientes como para solventar cualquier contratiempo. Guardiola, eso sí, mostró un pequeño punto de preocupación. Colocó a Busquets por delante de la defensa, casi como un tercer central, en su deseo de enredar a Llorente en una tela de araña. Guardiola también es consciente de que Llorente aporta su plusvalía en un Athletic previsible. El Barça, pese a todo, ejerció el papel previsto. Tomó el mando. El balón era de su propiedad y al Athletic le tocó presionar en busca de una posible vía de agua en el entramado azulgrana.
Cuando el Barça se calentó, se empezó a ver su lado temible. Al Athletic, resignado a correr durante muchos minutos como pollo sin cabeza, le salvó que los magos azulgranas no estuvieran finos. O visto en clave rojiblanca, que Iraizoz estuviera inspirado, sobre todo en un mano a mano frente a Leo Messi. Cuando aparece, el crack argentino hace temblar al más pintado. Le faltó definir en sus primeras acciones. Por lo menos, evidenció que tiene algo de terrenal. El Barça, dirigido por Xavi, disfrutó de sus momentos arrolladores. En tres minutos fabricó dos ocasiones que desperdició. El Athletic lo agradeció. Lo suyo se trataba de una propuesta simple. O sea, terrenal por todos los costados. Presión, mucho golpeo directo y poco más. Algún robo de balón que se quedaba en una mera ilusión.
El fútbol también es cuestión de pegada. Y a este Barça sólo se le puede hacer daño cuando se acierta en una de las pocas llegadas que concede. El Athletic la tuvo en el último segundo de la primera mitad. La única, pero clarísima. Un centro a pie cambiado de Yeste que llegó a la posición de Javi Martínez, solo a un palmo de narices de Víctor Valdés. El de Aiegi, otras veces letal en acciones similares, marcó mal los tiempos en su remate de cabeza. Se confundió en el giro y desperdició un balón de oro.
La sorpresa Toquero El Barça no se inmuta. Conoce su jerarquía y no cambia de marcha. En la reanudación, no tardó en rentabilizar su primer detalle. Xavi, un virtuoso de la visión, habilitó a Alves, que con un toque sutil superó a Iraizoz. El Barça se encontró en su escenario preferido. Con el marcador de cara puede destrozar a cualquiera. Por momentos afloró esa sensación, porque se pensaba que el Athletic había agotado su bonus de posibilidades.
El Athletic, sin embargo, tiene un hombre diferente, con el que no cuenta el Barça. Toquero ofrece un perfil distinto. Es hasta una rara avis. No destaca en una faceta concreta, pero es un valor seguro. Caparrós le reclutó. Ahí sí debió tener un lado visionario. Porque seis minutos después de comparecer, Toquero hizo de las suyas. Supo leer una acción reiterativa de este Athletic. Llorente peinó lo justo un balón aéreo. El gasteiztarra vio su momento y se sacó un golpeo maravilloso para recoger un punto que sabe a mucho.
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Gracias por su comentario
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