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Ibon Areso, Toti Martínez de Lezea, Roberto Laiseka y Efrén Vázquez viajan en segway por Bilbao
JON MUJIKA - Lunes, 23 de Noviembre de 2009 - Actualizado a las 07:32h
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ES verlos y lanzarse a por ellos como un torbellino. Por las venas de Efrén Vázquez corre gasolina de 98 octanos que alimenta su ADN. Frente a las escalinatas del Ayuntamiento de Bilbao, primera página de esta guía morrocotuda del Bilbao moderno, aguardan cuatro segways, tres si se juzga que Efrén ya cabalga sobre uno. Se le encabritó de salida, pero él es un hombrede rodeoy lodomaconmanode piloto. Toti Martínez de Lezea mientras aplaca el cosquilleo del estómago y gana tiempo al encender un pitillo. “¿Nerviosa yo…? ¡Ni hablar.
Soy la superabuela!, exclama mientras arranca hacia el último vehículo libre. Ibon Areso se desliza como un mariscal en campo de batalla. “No he montado jamás en algo así, pero si soporto un pleno sin caerme no creo que esto me tire…” Las risas rompen el hielo.
La corte de los caballeros rodantes se acercó a bordo de sus monturas (los segways todoterreno –alta gama y 7.000 euros del ala…– estaban criados por la empresa Enmedio...) hasta las obras del nuevo Ayuntamiento de Bilbao. Ibon Areso explicó que iban a visitar “la primera ciudad del mundo frente al agua que ha ganado el premio de la Bienal de Venecia” y comenzó entonces a explicar cómo las obras tienen la vocación de darle al edificio diseñado Joaquín Rucoba un baño de modernidad a manos del estudio de arquitectura IMB. Escuchaban con atención sus palabras Efrén, Toti y Roberto, asombrados cuando le escucharon explicar que la fusión de los grandes arquitectos en la que se encuentra metida Bilbao comienza “por único de los grandes proyectos que no se ha llevado a cabo: la estación intermodal de Abando. Poca gente recuerda que esta tendencia comenzó con James Stirling y José María Macua”.
Arranca así un paseo en el que Toti Martínez de Lezea, flanqueada por dos deportistas, recuerda que ella fue campeona de España de natación. Cruzado el puente del Ayuntamiento hacia la margen izquierda, la comitiva desciende por los muelles de Ripa hasta Abandoibarra. Areso llama su atención sobre cómo la ría fue, durante el siglo XIX y gran parte del XX, “la Gran Vía oculta de Bilbao. La ciudad vivía de espaldas a ella, no por menosprecio sino porque la industria de la época colonizó ambas orillas.
Tras la reconversión industrial quedamos escarmentados: el monocultivo económico, por muy floreciente que sea, es un gran error”. Poco a poco invitados y cicerone comienzan a entenderse con desenfado. Al llegar al puente de Calatrava y las torres de Isozaki, Toti y Laiseka critican los vestigios del antiguo depósito franco –Efrén, el más joven, admiraba, sin embargo, el eclecticismo de mezclar el siglo XVIII con el XXI...– mientras Ibon Areso contaba cómo la recuperación de aquel espacio fue un prodigio arquitectónico que reordenó las principales arterias de la ciudad.
El viaje acelera hacia el Guggenheim, con parada en la araña giganteMamá, de la artista Louise Bour- Ibon Areso recordó que todo empezó con un proyecto fantasma: la intermodal de Abando Hubo ‘discusión’ sobre las bondades estéticas de las torres Isozaki y el puente de Calatrava geois. Mientras los ilustres jinetes admiran la obra de Frank Ghery (junto al metro de Norman Foster, “las dos revoluciones de la ciudad”...) Ibon asiente sin dejar de mascullar entre dientes que allí se produjo otro fenómeno “casi paranormal. Nadie creía que fuese posible desviar el cauce de la ría para sacar un paseo por Avenida de las Universidades y se logró”. Toti, Laiseka y Efrén recuerdan “los 24.000 millones de pesetas gastados” e Ibon corrige: “Invertidos”. Dan por resuelta la disputa.
Asoma por el horizonte la Torre Iberdrola, “descendiente de las torres Pretonas de Kuala Lumpur, hechas por la misma mano de César Pelli. Le escoltan los dos únicos premios Pritzker de la península ibérico: la biblioteca de Deusto de Rafael Moneo y el paraninfo de la UPV/EHU, Álvaro Siza... ¡Es la bomba!” La cabalgada desemboca en el Palacio Euskalduna, obra de Ricardo Soriano, “en lo que fue el corazón de las tinieblas de la reconversión industrial. Fue todo un orgullo ver cómo donde hubo sufrimiento ahora hay alegría, Su aparición colocó a Bilbao en elmapa de los congresos internacionales”.
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Gracias por su comentario
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