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Los deshollinadores son personajes mágicos. En Bilbao existen y enNavidad es cuando más se ven
Estibaliz Calvo - Lunes, 21 de Diciembre de 2009 - Actualizado a las 08:50h
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Las chimeneas de los caseríos forman parte del escenario donde desarrollan su trabajo los deshollinadores, sobre todo, en vísperas de Olentzero. (FOTO: DAVID DE HARO)
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EL frío que está envolviendo estos días Bilbao está provocando que el mejor plan para la mayoría sea quedarse en sus hogares y aprovechar a decorarlos poniendo el árbol deNavidad o el belén. Igualmente, quedan tres días para Nochebuena, una fecha donde la comida y las reuniones familiares son la esencia de esa noche. Sin embargo, para los más pequeños supone una noche de magia donde Olentzero les dejará esos regalos que con tanta ilusión esperan. Y para que esté todo listo, los aitas y amas han sido precavidos y han tenido que llamar a algún deshollinador para que les limpie la chimenea para facilitar así el trabajo a este personaje barrigón y con txapelanegra. Esuntrabajo de cuento de hadas. Si recordamos, uno de los deshollinadores más populares es Bert, protagonista de la película de Mary Poppins. Y se preguntarán ustedes, ¿todavía existen?
Con la popularización de los sistemas de calefacción, los deshollinadores prácticamente desaparecieron. Sin embargo, actualmente, siguen existiendo en diferentes partes del mundo, como en los países escandinavos o en Francia. También en la capital vizcaina podemos encontrar unos cuantos que practican este oficio. Uno de ellos se llama José Manuel Otero, bilbaino de 29 años y apasionado delmundode las chimeneas.
Todo comenzó hace diez años cuando a este joven se le brindó la oportunidad de hacer uno de los trabajos más antiguos. Y sin pensárselo dos veces lo aceptó. Además, durante estos años ha tenido como profesor a un gran profesional madrileño de este oficio que también ejerce esta labor en la villa. “De siempreme ha gustado el fuego y las chimeneas”, señala. En un principio asegura que “no tenía ni idea de nada” y que nunca se había subido a un tejado. Recuerda su primer día cuando tuvo que limpiar en una casa de San Francisco y salió negro de hollín. “A veces me tengo que dar hasta tres duchas para que semequite la suciedad”, asegura. Desde hace unos meses, ha decidido trabajar por su cuenta. “Limpio y arreglo chimeneas de fuego, chapas económicas, calderas de gasóleo, etc.”. Además, añade que le gusta hacer su trabajo en condiciones. “Limpio yme gusta dejarlo todo bien. Siempre la dejo encendida para que se vea que tira bien y no devuelve el humo”.
A pesar de no haber conocido con sus propios ojos los deshollinadores que había antiguamente, José Manuel se ha interesado por leer historias sobre ellos. Explica que “hace años el ayuntamiento de Bilbao tenía deshollinadores propios ya que era una obligación revisar las chimeneas anualmente pero fue desapareciendo por las calefacciones. Era un servicio gratuito”. Además, apunta que con el tiempo la maquinaria ha ido evolucionando. “Antes se subían al tejado y tiraban una pesa yunsaco por la chimenea. Era más sucio ya que dejaban la suciedad y, a veces, la pesa rompía el suelo de la chimenea”.
Sin embargo, su compañero y maestro innovó una nueva herramienta francesa. “Ahora no hace falta subir al tejado. Con meter un cepillo con una varilla y con una aspiradora, el hollín que va cayendo lo vas recogiendo”.
A pesar de ser un trabajo sucio y, en ocasiones, costoso, José Manuel no se inclina por otra actividad. Destaca que la temporada de trabajo son cinco meses, desde “octubre hasta marzo” y que con ello le da para vivir todo el año. Lo que más le preocupa es pensar que mucha gente no sabe que existe este oficio. Asimismo, como buen profesional, él aconseja a sus clientes que anualmente o cada dos años hagan una limpieza de chimenea. “Así se evitan los incendios o simplemente roturas en la chimenea”.
Curiosamente, a los deshollinadores de antaño se les exigía ir en bicicleta y con una elegante indumentaria compuesta por un traje negro y un sombrero. Ahora “la comodidad es lo importante”. Asegura que lo único que no ha cambiado es el color con el que se sale después de finalizar la labor. “Soy una silueta negra de pies a cabeza” confiesa. Por otra parte, la crisis ha hecho mella en este oficio. “Ahora piden la limpieza por urgencia o necesidad no por tenerla limpia”. Antes llegaba a tener hasta veinte limpiezas en una semana.
OLENTZERO Lo que más le gratifica a este joven es el trato que tienen sus clientes con él. “Cuando estoy trabajando en la chimenea, sobre todo en las de los caseríos, hay señoras que no se despegan de mi lado y me cuentan muchas anécdotas e incluso cuando terminomequieren invitar a comer”.
No obstante, asegura que son los niños quienes más curiosean cuando está trabajando. “Aveces me preguntan si yo me meto por la chimenea igual que Olentzero o si soy yo quien va a traer los regalos. Son los que más lo viven”. Subraya que para él lo más importante es la gratificación personal que se lleva cuando limpia una chimenea. “Me voy contento cuando sé que mi trabajo lo he hecho bien”.
Esos señores con su cara tiznada de hollín, vestidos de negro, con levita y galera, son actualmente figuritas muy difíciles dentro del paisaje urbano bilbaino. Sin embargo, las personas, con añoranza de lo arcaico, e incluso los más pequeños hacen que estos personajes sean considerados mágicos en Navidad.
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