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Athletic 1 - 2 Valencia

Cúmulo de lamentos

El Athletic hinca la rodilla sin Llorente, en inferioridad y tras fallar un penalti en el 87

Pako Ruiz - Lunes, 7 de Diciembre de 2009 - Actualizado a las 07:13h

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Bilbao. Una derrota no siempre delata que se haya hecho mal. El Valencia se llevó los tres puntos y cortó la racha positiva del Athletic. Es el dato frío. Las sensaciones desvelan que el Athletic, que se adelantó en el marcador con el gol de Muniain, compitió a un alto nivel frente a un rival de enjundia y no rascó nada porque las desgracias se pusieron de acuerdo en castigarle al mismo tiempo. Se lesionaron Llorente y Susaeta, Koikili fue expulsado en un momento crítico y David López desperdició a falta de pocos minutos un penalti que pudo haber supuesto el empate. Tal cúmulo de lamentos ofrece una barrera infranqueable.

Caparrós prescindió de salida de Muniain y rescató de nuevo a Susaeta como compañero de viaje de Llorente, para de paso dar la titularidad a David López. Sonó a una pequeña rotación en un once que, por lo demás, estaba cantado con el estreno de San José, protagonista en Viena, en Liga en San Mamés. Unai Emery, mientras, no sorprendió y repitió el esquema que tanto rédito le ha dado lejos de Mestalla, ya que se presentaba en La Catedral con el aval de cuatro triunfos consecutivos como visitante. O sea, unos números de asustar.

Al Athletic, por tanto, le tocaba desactivar el poderío del cuadro ché. Los rojiblancos conocen sus armas. Incluso, se muestran en ocasiones como un libro abierto. Incomodar al contrario es uno de sus recursos. O sea, el plan pasaba por secar a los Pablo, Mata y Villa, una conexión que cuando funciona resulta destructiva. Que Villa, el pichichi de la Liga, no apareciera en el primer acto habla a favor de los de Caparrós, que se han ganado en los últimos tiempos su crédito en la faceta defensiva. El Valencia, con sus mamporreros Albelda y Marchena ejerciendo como tal en la medular, ofreció más posesión de balón, pero su pegada se ausentó y su único aviso llegó en un slalom de Pablo Hernández que Mata remató desviado.

El Athletic, al que quizá le faltó un poco de frescura tras la paliza que lleva encima, se encaminó a un trabajo de larga cocción. El Valencia es un equipo al que hay que martillear hasta tumbarle. Los leones no tuvieron la verticalidad de otros días. Ahí, lucían un pequeño punto negro. Les quedaba Llorente, tocado por una varita mágica cuando se enfrenta al Valencia, al equipo al que más goles, seis, ha anotado en Primera División. Llorente, con todo, se rompió. Se entiende que su motor comienza a resentirse. Llorente llevaba varios minutos reclamando el cambio. Cojeaba. Esa cojera le impidió llegar a un balón que le sirvió Yeste, motivado en el día de su 30 cumpleaños, tras dejar en nada el nuevo intento de fuera de juego de los valencianistas, una estrategia más propia en categorías inferiores.

Caparrós, entonces, tuvo que aplicar a la media hora un nuevo plan, ya con De Marcos en el césped. El Athletic perdía presencia aérea y ganaba en lo raso. Una versión diferente. En esos momentos de despiste y en un partido pastoso, los rojiblancos disfrutaron de sus mejores opciones, como en un disparo de Yeste, decidido a asumir la dirección, que se le fue alto y en otro lanzamiento de De Marcos desde fuera del área que se marchó desviado por centímetros.

resignación La lesión de Llorente pintaba una noche accidentada. Poco después, Susaeta, que ofrece una plusvalía por su velocidad, fue víctima de ese mal fario. No superó el bocadillo que le ocasionó una entrada de Joaquín. O sea, llegó el momento de Muniain, vitoreado en su comparecencia a los tres minutos de la reanudación. El público de San Mamés, y cualquier mortal, intuye la diferencia del navarro. Puede sacar un tratado de regates o puede estar en el sitio idóneo para oler el gol. Tocó lo segundo. Ya lo hizo en Berna y en Valladolid. Se maquinó en el cerebro el remate de Javi Martínez, que la pegó con toda su alma. César la despejó con su manopla derecha y Muniain la cazó. Nadie duda del don que posee.

Al Athletic, sin embargo, le duró poco el regalo de su nueva joya. Villa emergió. El Guaje había perdonado instantes antes del tanto de Muniain. A la segunda no falló, conectó con Pablo y armó su derecha para no faltar a su cita habitual cuando juega en San Mamés. Al Athletic, entonces, se le torció la cosa. Se presagiaban nubarrones. El primero llegó con la expulsión de Koikili, que vio la segunda amarilla gracias a la mano suelta del pésimo Rubinos Pérez, riguroso cuando quiere. En inferioridad, Iraizoz no tuvo fortuna en su salida y su despeje cayó a la zurda de Mathieu, que fusiló.

El escenario se veía negro. Pero este Athletic tiene su punto de orgullo. Dio un arreón en inferioridad. Sacó todo lo que tiene dentro para vender cara su derrota. Acarició el empate. Lo tuvo en sus manos con un penalti cometido por Navarro sobre Javi Martínez caído del cielo. David López asumió la responsabilidad. En el Athletic lanzar un penalti se ha convertido en un marrón. David López, otrora especialista, la mandó al palo. Muniain, el diferente, lo buscó ante César poco después. Ahí sí pudo la veteranía. Iraizoz, delantero improvisado, cabeceó incluso cerca del larguero. Fue el último lamento de un Athletic que vio cómo se le escapó un punto.

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