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los intentos de unidad abertzale de las últimas cuatro décadas señalan los posibles obstáculos
a.gonzález - Martes, 8 de Diciembre de 2009 - Actualizado a las 07:49h
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Tasio Erkizia acudió al acto que EA organizó para apoyar la suma de fuerzas soberanistas. (Foto: efe)
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gasteiz. En 1977, a las puertas de la transición que ya se intuía en el Estado español, el hotel de la pequeña localidad labortana de Txiberta acogió una reunión que el tiempo convertiría en una referencia histórica para el nacionalismo vasco. Los partidos que entonces adivinaban el fin del tiempo en que fueron proscritos de la dictadura por defender el derecho del pueblo vasco a elegir un marco jurídico-político diferente (PNV, LAIA, ESB, ESEI, EHAS, ANV y EKA) se reunieron con representantes de ETA y del llamado movimiento de alcaldes para tratar de articular una acción política unitaria que además "canalizara la paz".
Mucho ha llovido en estas cuatro décadas. Los partidos se han deshecho y rehecho, se han resituado, han evolucionado. Y sin embargo, la estrategia de suma de fuerzas aber-tzales ha ido emergiendo de tiempo en tiempo en función de las diferentes coyunturas, como método más eficaz para conseguir la plena soberanía del pueblo vasco. Quizás el faro de referencia que más recorrido llegó a tener a lo largo de estos años fue el Foro de Lizarra-Garazi; una iniciativa que creció acompañada de una larga tregua de ETA y que agrupó a un amplísimo abanico de organizaciones políticas, sindicales y los movimientos sociales en torno a una propuesta que, según sus promotores, ofrecía "una solución política y democrática a un conflicto histórico de origen y naturaleza política" inspirada en el proceso norirlandés. Después de aquella iniciativa que sumó diversos proyectos con el objetivo de lograr un nuevo escenario de paz y derecho a decidir, las confluencias han sido sobre todo coyunturales a lo largo de esta década, lastradas por la desconfianza generada por la distorsión que siempre impone la caprichosa vanguardia que ETA se empeña en arrogarse.
Sin embargo, para activar esa "confluencia estratégica" que plantean algunos líderes políticos será necesario exprimir las enseñanzas que arrojan los fracasos que sufrieron los últimos intentos. En primer lugar, acabar de una u otra forma con la perversión del escenario que genera la violencia de ETA -EA ha sido muy clara en este sentido a la hora de comprometer su participación-. En segundo, respetar los ritmos de cada territorio sin imposiciones ni apremios. En tercer lugar, plantear el proceso como algo incluyente, que no deje fuera a nadie que quiera participar. En cuarto, evitar las luchas intestinas por el liderazgo.
Representantes políticos llamados a participar en este escenario han señalado éstas y otras conclusiones como base desde la que levantar un nuevo proyecto más sabio y maduro. "No se parte de cero", aseguran, ya que en los últimos años se ha realizado una "densa labor" destinada a recuperar la confianza recíproca y evitar que se reproduzcan viejos "errores". "Ésta es la garantía de que este proyecto salga con fuerza", sentencian optimistas.
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