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La espléndida actuación de Iker Muniain ante el Zaragoza, en la que tuvo una importancia decisiva, ha impresionado a los aficionados del Athletic, también impactados con la aparición de Mikel San José, que en solo tres partidos ha marcado dos goles impresionantes.
Ramón Orosa - Domingo, 13 de Diciembre de 2009 - Actualizado a las 17:41h
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BILBAO. Fue un tanto del central navarro, un impecable e inapelable cabezazo a la escuadra de la meta de Javier López Vallejo, el que abrió un triunfo rojiblanco en La Romareda en el que, no obstante, gran parte del mérito es del juvenil que no ha parado de batir récords desde que Joaquín Caparrós le diera la alternativa en el primer equipo.
Poderoso y colocado fue el cabezazo de San José (Pamplona, 30-05-1989) a la meta maña, un remate parecido en contundencia y determinación a otro que dio en el travesaño diez días antes en Viena, donde más tarde hizo crujir los tres palos de la portería local en una durísima volea que casi ni se vio entrar.
Pero si estuvo notable en el remate el defensa salido de la cantera de Lezama y de vuelta Bilbao cedido por el Liverpool, Muniain (Pamplona, 19-12-92) concretó un partido superior. Un choque no había ofrecido casi nada en 60 minutos, pero que en la última media hora, desde que el eléctrico jugador navarro saltó al campo, fue poco menos que coser y cantar para su equipo.
Salió en el minuto 59 y para el 61 ya había centrado el balón que tan bien remató San José. La acción en la que se fue del rival, de espaldas al área y escorado hacia la línea de fondo, no desmereció de la finalización de su compañero tras un centro sutil, perfecto, a su testa.
Pero donde se destapó ayer Muniain, a quien ya se le conocían las habilidades en el uno contra uno, o contra muchos, fue en las salidas al contraataque. Sacó tras contras de libro con turbo incorporado a las piernas y clarividencia en el pase decisivo.
Del primero no sacó todo lo que pudo Markel Susaeta, pero el segundo fue de quitarse el sombrero y justo premio al enorme trabajo de su compañero, destacado una jornada sí y otro también este año en el Athletic.
En tres jugadas, Muniain cambió un choque que con él en terreno de juego adquirió otra dimensión, mucho más elevada. Como las ilusiones de la afición bilbaína, impresionada, casi atónita, con un jugador de los que ha visto muchos y con el que el único temor que tiene es el de cuánto durará en la capital vizcaína si se plasma en lo que apunta.
Como también se pregunta si el Liverpool no se llevará otra vez a San José ante lo letal y poderoso del central de Pamplona en el área rival, cuando sube a rematar las jugadas de estrategia
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