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El director de Unesco Etxea asegura que el museo deberá respetar el medio ambiente y ser sostenible
raquel ugarriza - Sábado, 19 de Diciembre de 2009 - Actualizado a las 08:30h.
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En primer término el edificio de las colonias de la BBK en Sukarrieta, donde se ubicará la ampliación del Guggenheim Bilbao. (Jose Mari Martinez)
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bilbao. La excusa era traída por los pelos y la consejera de Cultura recibió duras críticas por su imprudencia. En sede parlamentaria y ante el estupor de algunos de los presentes, Blanca Urgell manifestó el miércoles que la ampliación del museo Guggenheim a una nueva sede en Urdaibai "podría suponer la pérdida de la consideración de reserva de la biosfera", debido al impacto ambiental que supondrá la llegada de 148.000 visitantes al año. Al día siguiente, el presidente del EBB del PNV, Iñigo Urkullu, fue especialmente duro en su críticas a la consejera, a la que acusó de querer "dinamitar" el proyecto. En un artículo de opinión en DEIA, Iosu Madariaga, diputado foral de Medio Ambiente, desmontó uno tras otra las explicaciones de la consejera, cuyo argumento de que la afluencia de visitantes tendría como consecuencia la pérdida de la categoría de reserva de la biosfera, calificó de "sandez impropia de unos gobernantes mínimamente serios".
Ante este cruce de acusaciones entre el Gobierno vasco y la Diputación de Bizkaia, ha terciado el director de Unesco Etxea, una organización no gubernamental que divulga los programas de la Unesco y tiene estatus de relaciones oficiales con esa institución. Mikel Mancisidor, conocedor del debate que se ha abierto, manifestó a DEIA que la clasificación de la Unesco como reserva de la biosfera "no impide la incorporación de nuevas infraestructuras de todo tipo, incluido un museo, y sólo se le exige que respete el medio ambiente y sea sostenible".
Según el responsable del Centro Unesco del País Vasco, cuando se calificó en 1986 el área de Urdaibai como reserva de la biosfera se valoró la protección de todo el entorno, con sus valores paisajísticos y medioambientales, pero también teniendo en cuenta su tejido productivo e industrial. "Un desarrollo sostenible que mantenga el equilibrio entre las personas y los valores naturales".
Otra cuestión distinta sería la ubicación de una infraestructura que degradara el área, "como, por ejemplo, un superpuerto", explica Mancisidor". En ese caso de "incumplimiento grave y degradación del entorno", podría producirse una denuncia y la Unesco se vería obligada a considerar la situación. La demostración de que este mecanismo de control funciona radica en el hecho de que ya existió una denuncia por la desaparición de la famosa ola de Mundaka. "Se hizo un informe pero en medio del proceso la ola se recuperó y no pasó nada".
El ejemplo de la seriedad con la que la Unesco se toma las cosas se percibe hoy en día en las Tablas de Daimiel. Una denuncia de los ecologistas puede llevar a que la Unesco descatalogue por primera vez un espacio natural español. En ese caso la absoluta dejadez del Ministerio de Medio Ambiente y de la Junta de Castilla-La Mancha ha convertido lo que antes era un humedal en un lugar semidesértico.
En el proyecto del nuevo Guggenheim para Sukarrieta, a falta por conocer los definitivos estudios medioambientales, las directrices que establecen los estudios que se presentarán el martes al patronato de Guggenheim Bilbao son respetuosos con el medio ambiente. Establecen que a la hora de abordar el proyecto se recomiende "el uso de energías renovables, el empleo de recursos locales, la utilización de parámetros bioclimáticos en el diseño del museo, la estrategia de movilidad sostenible, la aplicación de tecnología de bajo consumo, y la depuración y aprovechamiento de las aguas".
cultura, ocio, turismo Sólo hace falta bucear en leyes existentes para constatar que, independientemente de la tutela que ejerza la Unesco, cualquier intervención es esta área vizcaina está limitada por diferentes normativas. La Ley de Desarrollo y Protección de la Reserva de la Biosfera establece que su objetivo es "proteger toda la flora, fauna y los ecosistemas de este territorio e impulsar su recuperación, teniendo en cuenta su especial importancia a nivel de naturaleza, ciencia, educación, cultura, ocio y socioeconomía".
Y convertir la reserva en un paraíso medioambiental sin presencia humana no está entre los objetivos de esas normativas. El llamado Plan de Armonización y Desarrollo de las Actividades Socioeconómicas, que hace las funciones de Agenda 21, tiene como objetivo conseguir "un sector industrial competitivo, respetuosos con el medio ambiente" y "un sector turístico que avance sobre todo en promoción exterior, capaz de atraer visitantes que capten los valores de Urdaibai debidamente identificados y cuyos beneficios económicos se materialicen laboralmente". Es decir, atracción de turistas que traigan puestos de trabajo, objetivo que parece casar bien con un proyecto museístico que pretende fusionar arte, cultura y naturaleza, como es el Guggenheim Urdaibai.
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