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por Oxel Erostarbe, * Parlamentario de Aralar - Sábado, 26 de Diciembre de 2009 - Actualizado a las 08:10h
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Y por supuesto, derecho a no discrepar. Los presos políticos vascos tienen derecho a estar de acuerdo con las directrices políticas que la organización que sea les quiera marcar, pero tienen también derecho a no estarlo. Cualquiera de las dos opciones es válida para quienes pensamos que las personas están por encima de las disciplinas y que el derecho a no estar de acuerdo con los dirigentes de la propia organización política a la que se pertenece es un derecho básico que debe ser respetado. Y para ello tiene que utilizarse, claro.
La confrontación de ideas, los debates sobre las estrategias a seguir o sobre las estrategias a abandonar, son positivos de por sí. Normalmente, nadie tiene toda la verdad y viene bien oír la opinión del compañero.
Hay quien dice que el debate en las cárceles sigue abierto, pero ¿qué otro cosa se puede esperar de presos que tienen conciencia de ser políticos?
No tiene sentido despreciar a alguien por decir unos años antes lo que uno mismo, antes que tarde
En un momento en que el consejero de interior del Gobierno vasco avivaba la polémica -ahora, con el paso del tiempo, podría decirse que lo que buscaba era copar los titulares informativos del verano- y retiraba fotografías de las personas presas en más de un pueblo de Euskal Herria, se daba la paradoja de que no era el único al que molestaban dichas fotos: había quien, por motivos diferentes, también decidía que lo correcto era quitar al menos algunas de las fotos de presos: las fotos de aquellos que disentían y disentían en público. Disentían de manera -que se sepa- minoritaria y hacían pública su opinión porque consideraban que era lo correcto. Al resto, compartamos o no su reflexión, hagamos propios o no los argumentos que utilizan para su análisis político, nos toca respetar no sólo su opinión, sino también el derecho que tienen, ellos y cualquiera, a opinar.
Hay quien dice que el debate en las cárceles sigue abierto, que la discusión política esta bien viva. No lo sé. Pero eso no sería un elemento negativo, sino positivo. De cualquier modo, ¿qué otra cosa cabe esperar de unos presos que tienen conciencia de ser presos políticos? Lo que cabe esperar es que haya debate y que, como en cualquier debate de cualquier grupo humano sobre cualquier tema, no haya unanimidad, no todos los participantes compartan todos los planteamientos que en él se hagan.
Donde no hay duda de que se sigue un debate es fuera de las cárceles: toda una estrategia, toda una forma de entender el conflicto entre Euskal Herria y el Estado español está siendo repensada. Repensada porque se ha demostrado como no válida. Y cuando se quiere cambiar la estrategia político-militar que se ha seguido durante las últimas décadas, cuando se pretende un replanteamiento radical, lo que nadie debería plantearse es simplemente cambiar de estrategia sin cambiar de métodos de actuación con respecto a las diferencias de opinión dentro de la propia militancia. Porque no hay duda de que esos dos aspectos, estrategia político-militar y métodos de actuación, han estado íntimamente unidos. Una de las tareas más difíciles a las que se enfrenta cualquier experimento de izquierdas de cualquier país es, sin duda, coordinar el trabajo en común de personas que en aspectos concretos piensan de manera diferente e incluso contrapuesta. Si ante la diferencia lo que se aplica es el rodillo, difícilmente se cambiará la realidad de la izquierda vasca.
Lo que no tiene mucho sentido es despreciar a nadie por decir unos años antes -o incluso tan sólo un poco antes- lo que uno mismo, más pronto que tarde la gran mayoría, acabará diciendo. Y no lo tiene porque se le hace un flaco favor a la parte de verdad que hay en la posición de cada cual.
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