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edorta kortadi - Sábado, 9 de Enero de 2010 - Actualizado a las 08:19h
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Conexions I, de Pilar Soberón. (Foto: galería arteko)
Vista:
donostia
dos artistas jóvenes, y de fina sensibilidad, exponen en espacios contiguos de galería Arteko de Donostia sus obras multimedia, a caballo entre el dibujo, la escultura, y la instalación, con obras de delicada ejecución, y una puesta en escena que las consagra en dos jóvenes plásticas emergentes en las artes plásticas del País Vasco y del Estado.
A Pilar Soberón (Lasarte, 1971), no la habíamos visto desde el Certamen de Noveles de 1995 y la creíamos casi desaparecida, pero lo cierto es que tanto sus dibujos de carácter mural, su pequeñas esculturas de pared y de suelo, como su extraordinaria instalación de 600 pétalos de magnolia nos han parecido dignos de una autora que rezuma altas dotes de exquisitez y buen hacer, dotada de una personalidad fuera de lo normal, francamente excelente en todo lo que toca, instala, o diseña.
Dotada de muy buena cabeza, y nada pretenciosa, diseña en su serie Connexions y lo Rizomático (2009), una serie de dibujos en tinta china negra, tanto horizontales como verticales, sobre rollos de papel de gran formato, en los que combina líneas onduladas, a modo de arterias, que enlazan y entrelazan con pequeñas formas escultóricas orgánicas de cera roja, que le sirven de contrapunto o punto de enlace entre ambos. Concepto, art decó, y un cierto vitalismo, crean una obra no exenta de acentos poéticos y ecológicos.
Otro tanto resulta en otros dibujos de tinta china, como sus Sismografias, dibujos realizados sin ver lo que traza la mano, sobre la mano-paisaje del ser humano o un delicado paisaje de montaña.
También sus esculturas de pared, Ur jauzia, Atximurra y Bihotza (2009), realizadas en aluminio, denotan una gran capacidad de agudeza y fina sensibilidad hacia el arte, el espacio, y la persona. Todo parece sencillo, liviano, mínimal, pero todo está sabiamente concebido y previsto. Todo resulta ágil, sutil, vivo.
Pero donde la artista raya a gran altura es en su instalación sobre la cabeza del espectador de 600 pétalos de magnolia en la pequeña Capilla Sixtina de la galería. Lo orgánico, lo textural, y lo arquitectónico logran una exquisita simbiosis pocas veces lograda y vista. Un gozo para la vista y el intelecto, sumamente poética y ecologista.
Y del plano del dibujo de Soberón, se pasa de manera fácil y coherente a la escultura conceptual y minimalista de la alemana Evelyn Hellenschmidt (Etville, Hessen, Alemania, 1962), que regresa a la galería con Fragmentos de tierra y mar adentro. Escultura minimalista, creada en 2008, en la que el ser humano, reducido a miniatura, es instalado sobre la paredes de la galería, en la carretera, o el bosque, en el centro de puertas, o en arcos catedralicios, montado en barcos o en pateras, casi siempre oculto o semioculto , siempre entre líneas, reducido al silencio de la silueta, del signo al que ha sido reducido o convertido en la sociedad en la que vive, y en la que traza su destino. Mas que metáforas son alegorías del propio devenir del ser humano, como ser en el mundo (Heideger).
Muy minimalista y exquisita nos ha parecido su obra Los perros se mueven en círculos, en la que existe menos literatura que en el resto de la obra presentada. Latón, cobre, bronce, acero, todo y de todo se vale y utiliza Hellens en sus personales esculturas, que poseen puntos de contacto paradigmática también con algunos de nuestros creadores como Juan Chillida, Ruiz Cabestanay y otros. La exposición como decimos, soberbia, exquisita y muy bien montada.
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