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El chocolate de Pitágoras

Un diseñador vasco crea una tableta basada en una fórmula matemática

Concha Lago - Viernes, 22 de Enero de 2010 - Actualizado a las 07:28h.

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Santos Bregaña posa en su estudio con el fondo de la fórmula matemática del chocolate Pitágoras resuelta por Enrique Zuazua.

Santos Bregaña posa en su estudio con el fondo de la fórmula matemática del chocolate Pitágoras resuelta por Enrique Zuazua. (Foto: Rubén plaza)

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Pitágoras es mucho más que una tableta de chocolate. Es un deleite para los sentidos y un rompecabezas para la geometría del gusto que ha nacido, sin un pan, pero con una fórmula matemática bajo el cacao. Con sus 180 gramos de delicioso chocolate y sus trece euros de coste, la tableta está compuesta por una serie de cuadrados concéntricos que van liberando triángulos rectángulos. La partición de la chocolatina se convierte en una liturgia para romper formas y trozos distintos, a pesar de contener todos, incomprensiblemente, la misma cantidad. "Lo que hemos pretendido con Pitágoras es combinar con el placer que provoca en el gusto y en el olfato el chocolate una forma ingeniosa de partirlo que te invita a hacer una reflexión". Y es que esta pieza de autor, del maestro chocolatero Enric Rovira, fundamentada en una fórmula matemática de Enrique Zuazua, director científico de Basque Center for Applied Mathematics e inspirada en una idea del diseñador gráfico Santos Bregaña, no deja a nadie indiferente. "Esta tableta de chocolate presenta el plus de ser un objeto de placer intelectual, que al final es el placer sublime", se regodea el alma máter de la tableta, del estudio Laia, premiado con el galardón del Art Directors Club de Nueva York, el equivalente al Oscar en el mundo del diseño, por las creaciones realizadas para el restaurante Mugaritz de Aduriz.

La historia de esta peculiar tableta tiene su intríngulis. De hecho, la creación surge por encargo de Enric Rovira, uno de los mejores chocolateros del mundo, quien plantea este trabajo dentro de su línea de rajoles (baldosas) de autor. Con esta idea sobre la mesa, Laia consigue sacarle chispas. "Rovira aportaba el sabor, un chocolate con el 70% de pureza, con un aroma maravilloso y nosotros debíamos intervenir conceptualmente, dar forma a un proyecto muy ceñido porque sólo se podía trabajar sobre una superficie plana y sobre la forma de partirlo".

La lucecita del ingenio se les encendió después de comprobar que el diseñador Emili Prados había trabajado en un proyecto de partir el chocolate en porciones diferentes según la querencia del consumidor. "Entonces, en lugar de hacer una partición regular, pensamos en hacer algo que aparentase porciones muy diferentes y, sin embargo, fueran todas iguales". De ahí nace el dibujo y la mandala que produce un cierto enigma, ya que consta de triángulos progresivamente más obtusos que, a la vista, resultan muy diferentes. En ese momento, entra en acción Enrique Zuazua, quien resolvió este original diseño. "Él partió de un boceto dibujado a mano. Le preguntamos cómo podíamos hacer esa forma con precisión y nos hizo llegar la ecuación de segundo grado que trasladamos a la tableta". "En efecto, el problema que Santos planteó demuestra sus conocimientos matemáticos. Estaba muy bien formulado. A veces, estos problemas inocentes suelen ser los peores. Pero en esta ocasión tuvimos la suerte de que tuviese una solución relativamente simple que sólo usa la geometría básica", precisa el propio Zuazua. De esta manera, surge este original y goloso cuadrado ya a la venta que, sin embargo, no es fácil conseguir en establecimientos vascos. "Es un producto de tiendas gourmet que es más sencillo encontrar en Tokio que en Bilbao".

Una vez con el chocolate en la mano, el reto estriba en llegar a probarlo. "Nos hemos encontrado con que a muchos clientes les da apuro comérselo porque ese placer intelectual provoca un respeto casi reverencial hacia la pieza. Sin embargo, también implica cierta valentía meterse con una tableta que es como una mandala", reflexiona en voz alta Bregaña. En un mundo de bombones multiforma y multicolor, en el que innovar es casi imposible, ahora el estudio Laia trabaja para elevar los siete pecados capitales al mundo de la gula y la lujuria en un puzzle de siete cajas de chocolate. Un universo gastronómico fantástico "que es un campo de juego perfecto para los diseñadores porque posee un ritual muy codificado", afirma.

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