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La población vasca se siente feliz y saludable, con una puntuación de 7,1 sobre 10
Dos tercios sólo tiene amistad con quienes comparte creencias religiosas, nacionalidad, posición social e ideología
Idoia Alonso - Jueves, 28 de Enero de 2010 - Actualizado a las 07:24h
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La escritora francesa Françoise Sagan decía que la felicidad consiste en gozar de buena salud, en dormir sin miedo y despertarse sin angustia. La población vasca es feliz porque disfruta de buena salud, se siente "muy segura" y ha tejido entorno a ella una amplia red social que, en cierto modo, aleja de la vida de cada cual el fantasma de la angustia. De hecho, cada vasco cuenta con una media de 22,5 personas a su alrededor, entre familiares y amistades.
Que los vascos son felices no es una opinión subjetiva sino la conclusión del Instituto Vasco de Estadística (Eustat), que ha realizado un concienzudo estudio para deconstruir en pequeños elementos ese sentimiento que parecía reservado a los protagonistas de las revistas de papel couché : amigos, confianza, cohesión social, seguridad, participación ciudadana...
¿Cómo se puede medir la felicidad? El Eustat lo ha conseguido y afirma no sólo que la población vasca se siente feliz, sino que se siente notablemente feliz, vamos, que le concede a su felicidad una nota de 7,1. Por este orden, los estudiantes (7,5) y la gente con empleo de clase media-alta (7,7) son los más felices, mientras que -por poquito- pensionistas y jubilados no lo son tanto, fundamentalmente, por razones de salud. Tampoco hay motivo de alarma, puesto que el grado de felicidad de estos dos colectivos progresa adecuadamente, que diría una maestra de las de antes, ya que valoran su felicidad con una nota de 6,4 y un 6,8, respectivamente.
La soledad también juega un papel determinante en esta ecuación y así las parejas solas serían las más envidiadas, no digamos si además los dos trabajan y gozan de buena salud ya que dejaría muy pequeño ese 7,2 de nota. Después de la parejita feliz en su nido de amor, aunque sea de alquiler, los más felices son las parejas con hijos (7,1). Y los más infelices -o relativamente felices- son las familias unipersonales, la forma científica de definir a los singles así como los "residentes en colectivos", signifique lo que signifique. Y es que este colectivo puede incluir una variedad bastante heterogénea de personas, desde okupas hasta ancianos que viven en una residencia, los compañeros de piso o las personas que viven en comuna. En fin, gente del mundo.
Un piña fuerte pero homogénea El estudio del Eustat confirma toda una serie de tópicos que acompaña el carácter euskaldun, que relacionan al vasco con una tendencia natural a hacer piña y a volcarse en los suyos. Eso sí, cuanto más juntos y más similares sean los piñones de la piña más fuerte es la comunión. Es decir, que la red de familiares y amigos es densa pero pesca en la homogeneidad más absoluta.
Según el Eustat, la población vasca cuenta con una media de 22,5 personas a su alrededor entre familiares y amigos, de los cuales una docena forman el núcleo más próximo con el que se mantienen unos lazos más estrechos. Entre las variables socioeconómicas resulta especialmente "discriminante" el tipo de familia. Las parejas solas se aproximan a los 24 familiares y amigos, y los singles (ya sean solteros, divorciados o viudos) se quedan en 18,7, mientras que "las personas que no viven en familias sino que tienen su residencia en establecimientos colectivos apenas superan los catorce".
En cuanto a la actividad que desempeñan, una vez más están en la cima los estudiantes y en la base de esta pirámide los pensionistas. "Los pensionistas tienen de media 19,7 familiares y amigos en tanto que los estudiantes superan los 24,1", señala el informe. Este tamaño -que según se demuestra sí importa- está relacionado además con la confianza en las redes, de forma que "quien tiene poca confianza tiene menos familiares y amigos que quien tiene mucha, oscilando entre 18,3 y 24 respectivamente".
Algo parecido sucede con los indicadores de la salud y la felicidad , ya que "los muy felices (23,5) tienen una red más amplia que los poco felices (17,9)". Se indica también que un cuarto de las personas cuentan con una red de tamaño bajo (0-14), la mitad con una de tamaño medio (15-29) y el resto con una de tamaño alto (30 y más). "Si nos fijamos en este último grupo, vemos que varía mucho con las variables de tipo de hogar y relación con la actividad, pero también con otros, como la procedencia, la clase social o el territorio en el que reside".
Así, destaca el Eustat, la clase social alta y media-alta presenta un 26,6% de tamaños altos de red, frente al 18% de la baja, los nacidos en el extranjero tienen red de tamaño alto sólo en el 14,3% frente al 26,5% de los nacidos en Bizkaia y el 24,5% de los de Araba y los asalariados eventuales el 7,3% frente al 28,2% de los empresarios.
Si se pone el foco en la clase de amigos que elegimos para formar esa red social se demuestra que casi dos tercios de las personas sólo tienen amigos que son iguales a ellos en cuanto a creencias religiosas, nacionalidad, posición social o tendencia política. En sentido inverso, puede verse que las redes más heterogéneas las tienen sobre todo los nacidos en el extranjero, "por razones obvias", junto a los universitarios, profesionales y directivos, la clase alta y media-alta y los empresarios.
En el extremo opuesto, apunta el informe, se encuentran los que tienen estudios primarios, realiza labores del hogar, tienen 55 años o más, son inactivos, han nacido en otras provincias o están viudos, separados o divorciados. La homogeneidad de la red de también aparece relacionada con la participación social y política. De tal manera que de "la red es menos homogénea si la participación es alta (3,3) que si es baja (6,2) y, de forma más evidente, con la ayuda prestada, ya que cuando es mucha (4,6) la red es menos homogénea que cuando es poca (7,0)", dice el Eustat.
Redes virtuales residual en 2007 Hasta aquí las redes personales, eje de la vida de casi todos los vascos. ¿Pero qué hay de las redes virtuales tan en boga? La verdad, es que el Eustat no arroja demasiada luz ya que sólo analiza 2007 y es de sobra conocido que un año en internet es una década o más en la vida normal. Pero tampoco está mal echar un vistazo atrás para saber cómo éramos en el nacimiento de Facebook, Tuenti o Twitter. No hay sorpresas. Se constata que a la altura de 2007 los contactos virtuales son de 1,6, sobre todo entre jóvenes y estudiantes. Estas son las líneas maestras del capital social vasco.
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