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El Athletic vuelve a caer en El Madrigal tras fallar Iraola un penalti a falta de dos minutos
Enviado especial, Pako ruiz - Domingo, 14 de Febrero de 2010 - Actualizado a las 08:17h
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vila-real. El Athletic volvió a salir de El Madrigal con cara de tonto. El conjunto rojiblanco se autolesionó con alevosía en un encuentro en el que se quedó sin un punto que le podía haber sabido a gloria.
La derrota llegó de una forma cruel. Muniain salió al rescate y forzó un penalti a falta de un par de minutos para la conclusión. Iraola, sin embargo, desperdició ese momento que da mucho y que quita también mucho. El de Usurbil asumió la responsabilidad en una acción que requiere cabeza fría. Iraola debió sentirse convencido y enchufado. Le tocó cruz, porque Diego López adivinó su lanzamiento y que abrirá un nuevo debate sobre la falta de un especialista con la solvencia necesaria.
El encuentro de ayer se recordará por esa acción, que resultó más fatídica que nunca.
Y se recordará también como una nueva noche en la que el Athletic pagó muy caro sus errores defensivos que propiciaron los dos tantos de un Villarreal que toma aire. El Athletic, sin más, dio otro pasito hacia atrás, si bien se presta a cambiar el chip ante el duelo del jueves ante el Anderlecht en el reencuentro con la Liga Europa.
El Athletic debió pensar que el partido se le iba ir al traste a las primeras de cambio. O sea, que llegaría el habitual golpetazo que recibe en los últimos tiempos cuando visita El Madrigal, un estadio que le da mareos. No se había llegado ni al minuto cinco, cuando Capdevila sacó petróleo de una asistencia de Fuster y tras un doble descuido de San José e Iraola. El tanto del catalán no invitaba a nada bueno para los rojiblancos, que se vieron en la necesidad de voltear sus intenciones iniciales.
la sorpresa de gabilondo Caparrós se había guardado una sorpresa en el once. Rescató a Igor Gabilondo, que no comparecía de inicio en Liga desde la visita al Getafe, allá por la sexta jornada. Quizá el utrerano, que también apostó por De Marcos como pareja de baile de Llorente en detrimento de Toquero, debió intuir que el donostiarra ofrecería algo sustancioso. Lo hizo. Gabilondo se sacó de la chistera un zapatazo con su zurda que se coló por la escuadra de la meta defendida por Diego López. Gabilondo, que volvía a marcar un año después, emergió y, de paso, premió a un Athletic decidido a levantarse.
Por entonces, los leones tiraban ya de una propuesta aseada ante un Villarreal necesitado en el estreno de Juan Carlos Garrido, el recambio de Ernesto Valverde, en el banquillo de El Madrigal. Llorente cogió los galones. El equipo amarillo se mostraba inquieto en las vísperas del choque por el supuesto juego directo de los rojiblancos en busca de la cabeza de Llorente. El Athletic, con un Javi Martínez omnipresente en la medular, tuvo la virtud de despistar a su rival. Llorente visionó otra vía. Lució una versión diferente. Se dejó caer a banda izquierda, movió a Gonzalo y recurrió a su don con los pies para fabricarse dos bellas acciones individuales que no tuvieron recompensa en las botas de De Marcos y Gurpegi por los pelos.
El fútbol, sin embargo, presume de sus caprichos. Llorente, en su partido 150 en Liga, no acertó en su único golpeo directo y seis minutos después, a un suspiro de marchar a vestuarios, el Athletic se autoflageló. Es decir, volvió a pagar caro un error imperdonable en cadena. Cani protagonizó un rondo ante tres jugadores rojiblancos, incapaces de arrebatar el balón al maño, que habilitó con calidad a Nilmar. El brasileño, el nuevo descubrimiento de José Manuel Llaneza (el alma mater del Villarreal desde hace 16 años) ganó su pugna con Amorebieta y tocó lo justo ante la salida de Iraizoz.
Autoflagelación Al Athletic le tocó de nuevo hacer terapia de grupo. Se trataba de sobreponerse al inesperado mazazo frente al Villarreal más asequible del último lustro. Los rojiblancos, tras superar el susto de un remate de cabeza de Godín, tomaron el mando bajo la dirección de Orbaiz. Por intentarlo no iba a quedar en una disposición bien radical a la mostrada dos semanas atrás en el estadio del Espanyol, en El Prat-Cornellá.
La pegada es determinante. Es una máxima reiterativa e impecable. El Athletic, sin más, careció de ella, lo que es dramático ante rivales de cierta enjundia. Javi Martínez desperdició la opción de empatar. El de Aiegi mandó alto una excelente dejada de De Marcos en la gestión de una contra. Los "leones" dejaron de exprimir a Llorente y el plan B, con más presencia en banda derecha, tampoco funcionó.
Caparrós activó a Susaeta, Muniain y Toquero. Fue con todo.
Nilmar, que marró hasta tres ocasiones, mantuvo la esperanza de los rojiblancos. Muniain, entonces, protagonizó una nueva travesura. Tiró de una madurez impropia de un chaval de 17 añitos. Hizo que Javi Venta cayera en su trampa.
Muniain fue a buscarlo y supo forzar el penalti que acercaba un sabroso punto. Asunto de chico listo. Pero el gozo acabó en un pozo. Iraola falló para desencadenar un final en la que se lió la marimorena, con la doble expulsión de Godín y Javi Martínez, a las que siguieron las de Orbaiz y Caparrós.
Para tirarse de los pelos en una noche para olvidar, muy dura.
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