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`La noche de...´ en televisión, `Pompas de papel´ en la radio y mucho cine, música y libros. Todas sus pasiones están vertidas en su vida laboral. No es mitómano, pero sí razonablemente seguidor de Bruce Springsteen.
TEXTO: ROSANA LAKUNZA. FOTOS: PABLO VIÑAS - Martes, 16 de Febrero de 2010 - Actualizado a las 10:40h
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Linares se confiesa un enamorado de la gran pantalla desde la infancia.
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Félix Linares (Bilbao, 1948) es un hombre de cine en el sentido literal de la palabra, pero también es persona de radio y de libros. Su infancia está ligada a las matinales y las sesiones dobles cinematográficas. Recuerda que en los años 50 podía ver tres películas a la semana por cuatro pesetas. El resto de su paga la invertía en tebeos: El Jabato o El Capitán Trueno. A pesar de que su popularidad se la debe a la televisión, lleva másde cuarenta años en las ondas.La radio es un medio que le apasiona. Un día antes de la entrega de los premios Goya es una buena ocasión para hablar de cine.
¿Cómo está el cine en estos momentos?
El cine está mal. Vive en crisis desde que alguien dijo que la televisión iba a acabar con él. En los últimos tiempos se ha agudizado la crisis y hay menos espectadores, pero ya han inventado otra historia, que es el 3D, para conseguir que la gente vuelva otra vez a las salas.
¿El 3D es un cuento o una historia real?
Es un cuento en el sentido de que es necesaria la promoción para que el público se crea que eso es verdad. Avatar está hecha por James Cameron, un maestro de la promoción, pero ya venían diciendo desde hacía tiempo que el 3D iba a ser el futuro. No sólo eso, sino que dentro de poco también tendremos este sistema de tres dimensiones en la televisión.
¿Le ha gustado el sistema utilizado para Avatar?
Tengo que decir que no me encuentro a gusto con ella. Durante un rato estoy bien, pero al cabo de un tiempo el artilugio técnico, las gafas, empiezan a aburrirme. He vistoAvatar y si tuviera doce años habría salido cabalgando en uno de los dragones, pero como desgraciadamente no los tengo y se de dónde ha cogido Cameron todas sus fuentes y todas las historias que ahí se cuentan, pues no tienen ningún interés y, la verdad, me aburre bastante.Tres dimensiones vale, pero para diez minutos.
¿Es una cuestión de supervivencia?
Sí eso significa que el cine va a sobrevivir dos años más por este invento, pues bienvenido sea.
¿Usted cree que el cine corre peligro?
¿Qué es el cine? El hecho de contar historias. ¿En qué soporte? Eso ya da igual. A mí me gustan las salas de cine porque es donde mejor me lo he pasado, pero entiendo que las nuevas generaciones pasen de las salas y tengan otras pantallas para ver historias.
Tim Robins dice que el cine que se hace en Hollywood es para idiotas y estúpidos.
Es cierto que el gran cine, ese que tiene gran éxito y que revienta las taquillas, es un cine para estúpidos. Bueno, corrijo, más que para estúpidos, es para gente que no ha visto muchas películas. Es para quien todavía tiene capacidad de sorprenderse con engaños técnicos. Para una persona a partir de los treinta que ya ha visto lo suficiente, ese cine es insatisfactorio. Afortunadamente, todavía hay quien es capaz de hacer películas interesantes.
Es usted hombre de cine, de matinales.
He visto matinales y sesiones dobles en gran cantidad. Los domingos veía siempre lo que ponían en la matinal del cine Olimpia, que estaba en la calle Iparragirre de Bilbao; eso, a las doce del mediodía, porque a las cuatro de la tarde me iba a una sesión doble al Abando, que estaba en la plaza de La Casilla, cerca mi casa.
¿Había tantas películas o acababa repitiendo?
Alguna repetía, pero no tantas. Estamos hablando de tres películas a la semana. Ahora se estrenan ocho, nueve o diez películas a la semana. Hoy consumimos exclusivamente cine estadounidense y español. Antes había películas italianas, alemanas, francesas. También he visto mucho cine de catequesis. De hecho, creo que iba a la catequesis para quemedieran cine gratis.
¿Echa de menos esos cines que ya no existen?
Aunque menos, todavía hay cines grandes, de seiscientas y pico localidades, pero ya no quedan los de dos mil. Afortunadamente, las pantallas siguen siendo grandes y es lo que me gusta. No me siento extraño en ningún cine e incluso en los pequeñitos, en los que hay cuarenta butacas, estoy a gusto.
¿Qué le da una sala de cine?
Que quiero estar en el cine con más personas, en esa especie de comunión que se tiene con la pantalla, con la historia, con los actores… Pasaba hace años con los estrenos de Woody Allen. En la sesión del primer día nos conocíamos todos prácticamente y hacíamos comentarios. Era como una reunión de amigos y ya no ocurre eso. Siempre que ves entrar a la gente en un cine piensas: Todavía hay esperanzas.
Pipas, palomitas, chocolates, refrescos…
Ni de niño. Las pipas no me gustan y tampocome hacían gracia las gominolas, pero seguramente es porque yo invertía todo mi dinero en otro tipo de cosas: cine, libros, tebeos y cosas por el estilo. No me quedaba nada para chucherías. Además de quenuncamehan gustado, cuando estoy en el cine, estoy en el cine y punto. Además, el olor de las palomitas me resulta un poco irritante.
¿Cuánto costaban aquellas funciones a las que usted iba?
La matinal una peseta y la sesión doble de las cuatro de la tarde tres pesetas. Estamos hablando de los años cincuenta. Por cuatro pesetas yo veía tres películas.
¿Eso era mucho o poco?
Creo que me daban un duro de paga a la semana, luego gastando cuatro pesetas rozaba el larguero. Tenía que reservar otra peseta para la sesión del jueves, porque ese día no teníamos clase. Invertía en cine y tebeos, pero hay que considerar que la paga de un niño de ocho años comomucho podía llegar a diez pesetas, dos duros.
¿Qué tebeos leía usted?
Yo llegué cuando El Jabato. El Capitán Trueno lo recuperé después. La colección de El Jabato la empecé desde el principio. La conservo, pero en reedición. Mis tebeos desaparecían, supongo que por influencia de mi madre. No había sitio donde ponerlos, porque yo siempre he sido muy acumulativo.
Con Félix Linares hablamos de cine y de su programa en televisión, pero a veces nos olvidamos de la radio.
Trabajo en la radio desde hace cuarenta y tantos años. La televisión llegó más tarde, incluso a mi vida personal, porque yo era un niño que no tenía televisión y por eso iba al cine, eso seguro. Tampoco escuchaba mucha radio en mi infancia. Si acaso, escuchaba radionovelas.
¿Ama Rosa y ese tipo de radionovelas?
Ja, ja, ja… Esas no. Yo escuchaba cosas de chicos, Tres hombres buenos de José Mallorquí, El Coyote y Diego Valor, que era un personaje del espacio de aquel entonces. Era curioso que siendo radio novelas las historias estaban muy dialogadas, tenían mucha conversación y poca acción, pero gustaban.
¿Cuál es su primer contacto laboral con la televisión?
Curiosamente, mi primer trabajo en televisión fue de montador musical. En la radio me dedicaba a hacer programas musicales. Estaba en un programa que se llamaba La vida misma, donde hacía reportajes .Estando allí me dijeron que iba a tocar en el Buenos Aires un artista, dije que era fan de él y me preguntaron si quería entrevistarle. Allí fui y esa fue mi primera aparición en televisión.
Ha conseguido llevar al terreno laboral sus pasiones personales.
Tengo que reconocer que he tenido mucha suerte, con la cultura he podido juntar el amor y los negocios. En la radio se hace absolutamente de todo, pero siempre he tenido un huequito para dedicarme a lo que más me gusta. De un tiempo a esta parte sólo me dedico a la cultura.
¿Estamos equivocados cuando vemos la cultura de la década de los sesenta y setenta como algo gris?
Era una cultura censurada, y son conocidos los desmanes de los censores del franquismo, prácticamente en todo, incluso en la radio. Tenías que presentar todo, a veces por tonterías te devolvían los guiones tachados y te quedabas verdaderamente perplejo. En ese sentido era más gris y aburrida. Pero también, a partir de los sesenta, era una cultura militante, se distribuían libros prohibidos aunque no podías hablar de ellos, tenías discos, y era una aventura irte a Londres o que se fuera tu amigo y que te trajera una música que aquí era imposible de conseguir.
Cultura clandestina.
Más o menos, pero los creadores siempre se han arreglado para salir adelante, incluso en tiempos muy difíciles. Berlanga no sé si era mejor en esas condiciones o después. Creo que es mejor el Berlanga del franquismo que el posterior, gustándome ambos. Pienso que es mejor El verdugo que Todos a la cárcel. La gente ya sabía lo que le iban a prohibir. Ponían algunas cosas evidentes que sabían que se las iban a quitar, pero aprovechaban para despistar y meter alguna coña religiosa o algo por el estilo. Hicieron un cine casi de supervivencia y lo hicieron muy bien.
¿Cualquier tiempo pasado fue mejor?
No, el tiempo pasado ya pasó; estuvo bien y de vez en cuando recuperar una vieja película sirve para dos cosas: para descubrir que no es tan buena como tu creías y otras veces para reafirmarte en decir que esa película era interesante a pesar de que todos tus amigos opinaban que era un peñazo. Sigo pensando que lo mejor de lo que voy a disfrutar lo van a hacer las nuevas generaciones, nuevos creadores que van a hacer cosas diferentes. Siempre habrá alguien en la música, en la literatura o en el cómic. En el cine es más difícil que me sorprendan. A mí, que me sorprendan, es lo que más me gusta.
Cambiando de tema. ¿Les quedan gazapos para seguir dando en La noche de…?
Claro. Nos quedan a montones, tenemos gazapos para rato.
¿Descubre usted muchos?
No, yo soy un torpe y cuando veo una película estoy a otras cosas. Estoy viendo las películas a un nivel casi cinematográfico: el montaje, los encuadres y esas técnicas que a la gente no le importan en absoluto yamí sí.
Raro, ¿no?
Sí, ya lo sé, soy un raro. Cuando el gazapo es muy evidente, pues sí que lo cazo.
¿Ustedes tienen algún gazapo?
Pues sí, algunos muy evidentes y los espectadores nos los echan en cara. Por ejemplo, Estambul, la capital de Turquía. Después lo piensas y dices: ¡Por Dios, qué has dicho! Pero cuando lo grabamos no nos dimos ni cuenta…
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