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La tensión y el alcohol acumulados durante el día desembocaron en una batalla campal al acabar el duelo
igor g. vico - Viernes, 19 de Febrero de 2010 - Actualizado a las 07:35h
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La fotografía recoge el bochornoso instante en que un aficionado del Athletic orina sobre los hinchas del Anderlecht. (Zigor Alkorta)
Vista:
La Ertzaintza detuvo a cuatro hinchas belgas antes del partido y dos agentes resultaron heridos por agresión
BILBAO. Once de la mañana. Sagrado Corazón. Casi un centenar de seguidores del Anderlecht pertrechados de banderas y bufandas moradas enfilaba Sabino Arana en dirección a San Mamés. Y también a los bares que rodean el campo, que en días de partido arreglan una caja que flojea cuando el fútbol no está presente en la capital vizcaina. Los belgas debían tener sed. Cerveza va y cerveza viene. Así todo el día. Y la tarde y la noche. Pero la sed y el fútbol no son patrimonio belga. En Bilbao, algunos también saben los resultados del cóctel. Peligroso cóctel, como quedó demostrado ayer antes, durante y, sobre todo, después del flojo encuentro en La Catedral.
Las peleas entre seguidores de ambas aficiones y los altercados entre belgas y agentes de la Ertzaintza fueron una constante durante toda la jornada. A las 19.15 horas se produjeron los primeros conatos de incidentes en la calle Doctor Areilza, territorio plagado de farmacias repletas de alcohol. "Los aficionados del Anderlecht que están por ahí son unos provocadores", avisaban varios integrantes de la Peña Kalimotxo de Basauri. La Policía vasca practicó cuatro detenciones de hinchas belgas antes de iniciarse el partido. Además, dos agentes resultaron heridos tras ser agredidos por aficionados del Anderlecht.
Que el balón echara a rodar en San Mamés fue un bálsamo efímero. Sólo duró unos minutos. En el fondo donde se ubicaban los belgas se iluminó una bengala. Más lío. Empezaron a volar asientos. Mucho más lío. Empezaron a llover objetos de todos los sitios. Muchísimo más lío. Dos pelotazos de la Ertzaintza. Amago de batalla campal. "Españoles, hijos de puta", cantaban, ignorantes del efecto, los centroeuropeos. Alguien les debió asesorar de que si querían irritar a los vascos no iba a ser con esa frase, precisamente. Aprendieron rápido la lección. La segunda tonada iba más encaminada con sus intenciones: "Que viva España". A partir de ahí, la olla se fue rellenando de presión. De mucha presión.
El pitido final detonó la ira acumulada entre el alcohol, una más que dudosa educación y la parte más animal del ser humano. Cuando los belgas abandonaban el campo por los vomitorios, les cayó una lluvia de souvenirs: latas, botellas, asientos, escupitajos... La única salida era dar la vuelta y refugiarse en el terreno de juego. Error. Seguidores del Athletic saltaron al campo y se liaron a tortas con ellos. Vergonzoso.
¿Y la seguridad? Y lo hicieron con tranquilidad, puesto que nadie se lo impidió. Sólo los desbordados agentes de seguridad privada intentaban que la cosa no fuera a más y, sobre todo, que no les salpicara. Las cámaras de televisión retransmitieron el espectáculo a todos los confines del mundo. San Mamés, el Athletic, Bilbao y Euskadi saldrán hoy, seguramente, en muchos informativos mundiales. La campaña de turismo del Gobierno vasco ha encontrado en casa a su peor enemigo. Otra cuestión es qué pasará en el partido de vuelta. De aquellos lodos...
Lo que pasará es una incógnita. Lo que pasó una evidencia. La monumental bronca siguió sin que apareciera la Ertzaintza. Los agentes privados reunieron a los aficionados belgas, entre quienes también había niños y personas normales que habían acudido, simplemente, a un espectáculo deportivo, y les protegieron de las embestidas de unos cuantos desbocados.
Muchos, demasiados minutos después, hicieron su entrada en el terreno de juego los primeros efectivos de la Policía vasca. El sismógrafo empezó a bajar la señal de intensidad. Aún más cuando pisaron el verde los beltzas, la brigada móvil de la Ertzaintza. Porrazos, carreras y cierta tranquilidad. Pero aún quedaba algo por ver. Un aficionado de incalificable adjetivo se dirigió a un extremo de la grada superior a la que se encontraban los belgas, se bajó la bragueta y regó a los hinchas con su orina. Las cámaras de televisión también recogieron tan edificante momento. Todo un ejemplo... de no se sabe muy bien qué. Pero parece que bueno no. Los empleados de las cámaras de seguridad tienen trabajo extra para hoy. Hay mucho que ver... y denunciar.
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