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El museo edita un catálogo con las 102 piezas adquiridas de 60 artistas, de los cuales 40 son vascos
M. Redondo - Domingo, 28 de Febrero de 2010 - Actualizado a las 08:23h
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DICEN que el alma de cualquier museo es su colección propia. Y precisamente lo que ha hecho el Guggenheim Bilbao es desnudar la suya. Han pasado ya doce años desde que abriera sus puertas y el museo ha querido dar un paso adelante para mostrar uno de los elementos que quizá haya sido menos visible a lo largo de su trayectoria: la configuración de un fondo propio, reconocido a nivel internacional.
Los responsables del Guggenheim acaban de presentar el libro La Colección del museo Guggenheim, el resultado del trabajo de 40 historiadores, críticos de arte, conservadores y otros expertos de reconocido prestigio, que reflexionan sobre las 102 obras de 62 artistas, 40 de ellos vascos, que constituyen el corpus artístico de la institución creada en 1997. El libro, cuyo ensayo introductorio corre a cargo del reconocido crítico e historiador Francisco Calvo Serraller, pretende acercar al público la realidad del museo, de sus obras y de sus artistas. "Cuando el museo abrió por primera vez sus puertas fui uno de los pocos que manifesté públicamente mi desasosiego ante lo que entonces podría conjeturarse como una espectacular carcasa sin colección propia. Es un hecho incuestionable que no ha ocurrido así. Nos encontramos con una colección que, en apenas una docena de años, ha reunido más de un centenar de obras de arte de contrastada importancia histórica, lo que acredita el esfuerzo y la habilidad puestos en el empeño", confiesa Calvo Serraller.
Desde 1996, cuando se adquirieron las primeras piezas, la Diputación de Bizkaia y el Gobierno vasco han invertido 6 millones de euros al año para formar la colección, aunque este año han tenido que recortar la inversión en un 12% debido a la crisis. Según la última tasación que realiza la casa Sotheby"s, esta colección está ya valorada en más de 262 millones de dólares. Dos de cada tres obras han doblado el valor por la que fueron adquiridas, incluso en algunos casos mucho más. Por ejemplo, Sin título, 1952, de Mark Rothko, por la que se pagaron 3,5 millones de dólares, está ya valorada en 50 millones. El cuadro Villa Borghese, de Willen Kooning, se ha revalorizado desde los tres hasta los 25 millones.
La colección cuenta con un importante grupo de obras cuyo valor de mercado individual superaría los 10 millones de dólares: Rothko, Twombly, Kooning, Warhol y Rauschenberg, además de la instalación La materia del tiempo, de Serra.
criterios Pero los responsables del museo no quieren que se hable sólo de datos económicos. En la publicación se realiza un exhaustivo inventario de la colección artística y se abordan facetas como los criterios que se han seguido a la hora de adquirir las obras de arte.
Según explica el director general del Guggenheim Bilbao, Juan Ignacio Vidarte en el prólogo, se han seguido cuatro líneas de actuación que reflejan tanto la cercanía del museo con la realidad local como su vocación universal, algo muy importante para el centro. El primero de estos criterios es la presencia de conjuntos representativos de determinados artistas. Destacan Sin título 1952-53, de Mark Rothko, la escultura de Josep Beuys, Rayo iluminando un venado, 1958-85 o el ciclo de nueve óleos de Cy Twombly, titulado Nueve discurso sobre Cómodo, (1963).
Otra de las líneas de adquisición se ha centrado en reunir conjuntos de un mismo artista que puedan ser analizados o considerados como retrospectivas de sus trayectorias creativas, como son las obras de Anselm Kiefer, Jorge Oteiza o Eduardo Chillida.
También se han adquirido obras creadas específicamente para el museo, estableciendo un diálogo con la arquitectura del edificio de Frank Gehry, como el conjunto escultórico La materia del tiempo, de Richard Serra, la reflexión más completa de este artista sobre la naturaleza de la escultura y su relación con el espacio. O la instalación realizada específicamente para Bilbao, en 1997, por Jenny Holzer la intervención artística encargada para el X aniversario del museo en 2007 a Daniel Buren, que trascendiendo los límites físicos del edificio tomó como soporte la estructura del puente de la Salve.
arte vasco Una de las principales críticas que ha recibido el museo es que ha adquirido poco arte vasco y español. Pero la realidad es que un tercio de las creaciones de los fondos de la pinacoteca pertenecen a artistas vascos.
En el inventario se deja claro que el arte vasco ha tenido una especial presencia dentro de la colección, que se han traducido en obras representativas de creadores de diferentes generaciones como Chillida, Oteiza, Juan Luis Moraza, Jesús Mari Lazkano, Darío Urzay, Prudencio Irazabal, o Cristina Iglesias. Txomin Badiola, por ejemplo, analiza también las cinco obras que el museo posee de Oteiza. "El escultor siempre tuvo reticencias frente a los objetivos artísticos como meros objetos de contemplación por ello siempre insistió en que sus trabajos fueran presentados en conjuntos que permitieran de algún modo recrear su propia producción", explica. La colección incluye cinco esculturas pertenecientes a dos de su grandes series experimentales: Desocupación de la esfera y Obras conclusivas". También el museo tiene una obra de Txomin Badiola, que lleva por título Complet de familia", segunda versión (1993-95).
Además, el Guggenheim ha dado oportunidades a los nuevos talentos del arte más joven. Forman parte ya de la colección obras de artistas como Abigail Lazkoz, Javier Perez, Manu Arregui, Itziar Okariz, Maider López, Sergio Prego o Asier Mendizabal, entre otros, que participaron en la muestra Chacun à son goût exhibida en el museo en 2007. Las obras fueron adquiridas por 450.000 euros.
En la colección se pueden encontrar trabajos realizados expresamente por artistas europeos y americanos, como Francisco Clemente, Sol Le Witt o Jenny Holzer. El expresionismo abstracto norteamericano es una de las apuestas más interesantes del museo, que cuenta con obras de Robert Motherwell, Mark Rothko, Willem de Kooning y Clyfford. El Pop Art está representado en artistas de la talla de Rauschenberg, Rosenquist o Warhol.
El espacio bilbaino pretende exhibir, a lo largo de tres años, todos los fondos de los que dispone. En la actualidad, el museo brinda al espectador la ocasión de contemplar algunos de las obras adquiridas de los años 1950 a 1970. El recorrido arranca del expresionismo abstracto, sigue su estela en Europa a través de Yves Klein y Antonio Saura, y desemboca en el pop de Robert Rauschenberg. También se exponen las esculturas de Oteiza y Chillida propiedad del Guggenheim Bilbao.
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