Publicidad
Herramientas de Contenido
[Entrar | Registrarse]
Publicidad
El portero jugará en San Mamés hoy con Paraguay y el domingo, con el Valladolid
Eduardo Oyarzabal - Miércoles, 3 de Marzo de 2010 - Actualizado a las 07:26h
votos
comentarios
El guardameta paraguayo Justo Villar posa para DEIA ante una foto de José Ángel Iribar en las instalaciones de Lezama. (Foto: oskar martínez)
Vista:
Todos pensamos que nuestra infancia fue la mejor parte de nuestra vida, y la mía no fue la excepción". Tiempos pretéritos que son añorados. Justo Villar (30 de junio de 1977) nació y creció en Cerrito, una ciudad de Paraguay de poco más de 5.000 habitantes situada a medio millar de kilómetros de Asunción. Allí fue cocinero antes que fraile. Por influencia de su padre, "que hacía de todo", para ayudarle, ejerció Villar "de ñapas" en edad de adolescencia. Trabajó de "carpintero, albañil, electricista, pescador, agricultor...". Incluso de "árbitro y linier". Polivalente, plural donde los haya. Sus manos hacían falta. No obstante, toda su ambición quedaba encorsetada cuando "veía balones y jugaba y jugaba" en el campo de la esquina de su casa, donde un buen día un preparador físico se acercó y le motivó a participar en ese juego de pies que tanto le gustaba practicar más allá de las obligaciones. "No pensé que llegaría a esto", asegura, "pero me gustaba. Se me fue metiendo en la sangre y terminamos en esto"; ahora es portero y de los buenos.
No en vano, en 2008 y para su sorpresa fue incluido entre los diez mejores "atajadores", como dice él desde una posición "totalmente afortunada", del mundo. Es tipo agradecido, incapaz de negar una foto o una rúbrica a sus paisanos en Lezama. O de conceder una entrevista a un desconocido que a punto estuvo de dejarle en tierra. Al contrario, "vivir lo que se vive en los campos de fútbol es una satisfacción enorme". Revierte ilusiones. Si bien es cierto que a su edad desestima la idea de tocar a su ocaso. "Todavía tengo cosas por mejorar. Está visto con Palop o César, quienes están atajando a gran nivel, que un portero puede aguantar más. Espero consolidarme en España y seguir sumando", sueña.
onésimo, sin grandes cambios Hoy visita San Mamés con Paraguay y el domingo hará lo propio con el Valladolid, su actual equipo y desde la pasada temporada, después de vestir los colores de Sol América (donde debutó en 1996 como profesional), Libertad (en el que ganó las Ligas de 2002 y 2003) y Newell"s Old Boys (club con el que venció el Torneo Apertura de 2004, erigiéndose en el mejor jugador del campeonato). Además, claro, de los de la selección guaraní, con la que está a las puertas de disputar su tercer Mundial. Atrás quedan compañeros de fatigas como José Luis Chilavert, Carlos Gamarra, Roque Santa Cruz, Ariel Burrito Ortega o Mario Jardel; van llegando nuevos como Luis Prieto o Asier del Horno, ex rojiblancos. "Gran persona" el primero; "futbolista con la experiencia que hace falta para escapar del agujero" el segundo. Lo que pasa es que actualmente el arquero atraviesa un trayecto con curvas en el plano colectivo, que no en el personal, pues con 17 partidos disputados en Liga, a diferencia de los 15 de la pasada, cuenta con el beneplácito del míster vallisoletano, Onésimo Sánchez, un técnico que no ha buscado grandes cambios tras la salida de José Luis Mendilibar, sino hacer que la plantilla ganara "confianza" procurando tener "mayor posesión de balón" y más eficacia en las jugadas de "estrategia".
El Valladolid suma nueve partidos sin ganar y está a cuatro puntos de la salvación. O sea que en Bilbao se aspira a poner torniquete a la hemorragia de puntos. "¡Qué campo nos toca para intentar cortar la racha!", exclama. Uno de los "más difíciles" para intentarlo. Ardua empresa, estima. Antes, hoy, catará con la albirroja. Considera Villar que La Catedral es lo más parecido a como se vive el fútbol en Suramérica, donde el deporte es más "sanguíneo". El Botxo es, por tanto, una excepción, en cuanto a "pasión y ánimo", con relación al resto del Estado.
Versa Villar asomado desde el balcón de la veteranía, una condición que le permite definir al Athletic como "un rival durísimo, incómodo para jugar y más todavía en su casa, muy arropado por una afición que siente como muy suyo al equipo. Sabemos que tiene un juego muy directo, muy fuerte, aguerrido, además, está completando una gran campaña". Transmite respeto por la entidad el cancerbero, como cuando se le pide apoyarse en la instantánea de José Ángel Iribar: "No sé yo si puedo tocar eso". Pero accede. Dócil. Agradecido, un orgullo.
"Vamos hacia el autocar, que me van a matar", sugiere con cierta preocupación. La disposición no puede ser infinita. Aguardaba el convoy paraguayo a su arquero para viajar a la noble villa. Apretón de manos y hasta la vista. A seguir viviendo de esta profesión "tan linda".
Publicidad
Gracias por su comentario
Publicidad
Publicidad
Publicidad
19:49
19:44
18:50
18:49
18:44