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"Muchos de mis personajes son como piezas en una partida de ajedrez"

Nació en Bilbao, pero ha vivido desde los dieciocho años en Sevilla, ciudad en la que sitúa la acción de su última novela, 'El elefante de marfil'. Nerea Riesco es periodista. Cuando se enfrenta a la ficción nunca olvida que existe un receptor, o miles, para su mensaje

María R. Aranguren - Miércoles, 3 de Marzo de 2010 - Actualizado a las 07:26h

Nerea Riesco conjuga su afición por la literatura con su oficio periodístico.

Nerea Riesco conjuga su afición por la literatura con su oficio periodístico. (Foto: OSkAR MARTÍNEZ)

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Bilbao. Entre otras novelas ha escrito La ladrona de almas y El país de las mariposas, que ganó el IX Premio Ateneo Joven de Sevilla, en 2004. Le apasiona la historia, pero no quiere clasificar sus obras. La acción de El elefante de marfil transcurre en 1755, el día de Todos los Santos.

¿Por qué ha decidido retrotraerse a esa época?

Estaba preparando el doctorado y me llegaron unos textos en los que se hablaba de un terremoto que aconteció en Lisboa en aquel tiempo, que afectó también a la ciudad de Sevilla. En los cursos nos dieron varios textos publicados por diferentes medios de comunicación. Uno era de la Gazeta de Madrid, que era la informadora oficial del momento, en el que aparecía una pequeña nota en la que decían que el terremoto había sido muy fuerte pero que afortunadamente los reyes estaban bien. No informaban de nada más, a pesar de que había muerto muchísima gente. Todo eso contrastaba con una información redactada en la imprenta de doña Julia López de Haro, que me dejó sorprendidísima.

¿Por qué?

Empecé a buscar información sobre ella y descubrí que durante años estuvo al frente de una imprenta por la que pasaron muchos documentos interesantes. Entonces me vino toda la historia a la cabeza y me pareció interesante contarla en ese marco.

¿La ficción comienza a partir de ese terremoto?

Los hechos históricos son reales: el terremoto, la fiebre amarilla, la Guerra de la Independencia... Pero el resto, los personajes y lo demás, es ficción.

¿También esa partida de ajedrez que parece ser bastante central en la novela?

La partida de ajedrez tiene que ver con que la novela se plantea como una especie de novela coral. Hay muchísimos personajes y un tiempo interno de la novela que comienza en el siglo XIII, cuando Alfonso X el Sabio intenta conquistar la península. Alfonso X era un gran amante del ajedrez y se planteó la conquista como una especie de partida. Muchos de los personajes son como piezas de esa partida. Me resultaba muy interesante hacer ese paralelismo.

Una partida entre moros y cristianos...

Sí, porque incluso en esa propia partida imaginada de ajedrez también había una especie de juego por parte del mundo musulmán. Por ejemplo, tenían dos torres, la Torre del Oro, con la que cortaban el paso desde el río, y la Giralda.

¿Le ha influido su profesión a la hora de escribir la novela?

Tengo un concepto de la novela muy periodístico. Siempre digo que soy una comunicadora. Tengo una idea y lanzo un mensaje al que lo recibe. Necesito un receptor para que reciba ese mensaje. Por otro lado, no es que me guste decir que siempre escribo novela histórica, porque no me gusta encasillar. El elefante de marfil podría ser una novela costumbrista, de intriga, de pasiones, de amor o de venturas. Podría ser muchas cosas. Pero bueno, está enmarcada en el siglo XVIII y como he enmarcado muchas otras en ese tiempo, estoy acostumbrada a escribir en el tono de esa época.

Antes comentaba que por la imprenta de doña Julia pasaron documentos muy interesantes. ¿Qué importancia tuvo ese lugar?

Un periodista me decía que a lo largo de la historia siempre ha habido pequeños brotes de feminismo pero que como siempre hay que generalizar las pequeñas historias se terminan perdiendo. Es verdad que ha habido muchas menos mujeres directoras de imprenta que hombres, pero también las ha habido y aquí tenemos a una de ellas, que imprimió este documento del terremoto.

¿Para quién?

Resulta especialmente interesante porque estaba impreso en octavas reales y muchos ciegos se aprendían el romance para irlo diciendo por las calles a viva voz y que la gente escuchara la información de lo que acontecía. Además, este papel en concreto la gente lo tenía como un talismán, porque relataba el terremoto. Lo guardaba debajo de la cama para que no hubiera más réplicas del terremoto, las mujeres lo guardaban en la liga para que no pasara nada... Resulta curioso porque no dejaban de ser papeles con letra.

¿Qué otros personajes aparecen en "El elefante de marfil"?

La novela me ha puesto a prueba, en el sentido de que he querido mantener el pulso narrativo en todo momento. Hay muchísimos personajes, y algunos me apetecía mucho trabajar, como los típicos tópicos de Andalucía: el bandolero, el torero, la cantante de copla... Me apetecía mucho abordar todos esos personajes que son como muy típicos y muy tópicos y que pueden parecer como de folletín.

¿Cómo quería abordarlos?

En sus extremos. El bandolero es el típico que roba a los ricos para dárselo a los padres. La cantante de copla es la típica mujer que arrolla y que rompe el corazón de todos los hombres aunque ella en realidad no sea de nadie. El torero es un personaje real, Costillares, el típico conquistador que arrasaba con su arte.

¿No temía que de tan típicos resultaran poco veraces?

Los personajes están vividos hasta sus extremos. Son pasionales hasta el final, y a mí me gustan así. Me gusta que te lleguen, te llenen y te arrastren con ellos.

¿Qué papel juega el amor pasional en la novela?

Juega uno muy importante, porque narro la historia de tres generaciones, tres familias. Comienzo por doña Julia y termino hablando de sus nietos. El amor es fundamental en la novela, tanto el amor pasional como el romántico, el desinteresado, el de familia e incluso el mal entendido, el que llega a ser tan exagerado que termina convirtiéndose en odio y siendo dañino, tanto para la persona que lo sufre como para la que lo padece. Creo que en esta novela es en la que más trato el amor en todos sus aspectos.

¿Por qué titularla "El elefante de marfil"?

Porque las piezas de ajedrez antes no eran como las conocemos ahora, y en el tablero de antes había un elefante. La persona que tiene que jugar esta hipotética partida de ajedrez con la que la novela terminará tiene que tener ese elefante de marfil para demostrar que es la persona que gana la partida.

Y a usted, ¿le interesa el juego?

Me gusta mucho el mundo del ajedrez pero juego fatal. Por suerte, estoy rodeada de gente a la que le gusta y tengo un asesor, Antonio Vázquez, campeón de Sevilla, que me ha ayudado en todas las partidas. Las partidas que aparecen en la novela han sido jugadas por grandes jugadores de ajedrez.

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