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Jon Mujika - Martes, 9 de Marzo de 2010 - Actualizado a las 07:29h
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Los premiados Diego Urdiales, Julio Trujillo, Marina Shimanskaya, Maribel Verdú, Roberto Álamo y Rubén de Eguía junto al actor y director, Ramón Barea. (foto: oskar martínez.)
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A medianoche sale el sol en el hotel Ercilla. El fenómeno se repite desde hace 26 años en los idus de marzo y, aunque se trate de un asunto más emocional que atmosférico, no faltan, como entonces, cuando Agustín Martínez Bueno tuvo la idea, una buena constelación de estrellas del teatro y los toros, la Osa Mayor del espectáculo.
La sonrisa de la actriz Maribel Verdú cuesta menos que la electricidad, pese a que da más luz. Eso debieron pensar ayer quienes le saludaron en el transcurso de una noche donde brilló el recuerdo de su papel en Un dios salvaje (su pelea con Aitana Sánchez Gijón sobre las tablas es épica...). Ella fue la dama de la noche, en ausencia de María Luisa Merlo, quien no pudo recoger el premio a la trayectoria profesional. En la otra orilla de los sexos, el actor Roberto Álamo se hizo, a golpes, con el premio al mejor intérprete masculino por su intenso y tenaz trabajo en Urtain, un trabajo forjado sobre el ring de las tablas. Junto a ellos en el podio de una noche trepidante estuvieron también presentes el actor Rubén de Eguía, premio Revelación por su labor en la obra La vida por delante y Julia Trujillo por su maravillosa interpretación, como actriz de reparto, en El enfermo imaginario.
La lluvia de torres Ercilla fue incesante. Máxime Segué, Tamara Kiper y Diego Faturos recogieron el premio a la mejor creación dramática, concedido a la obra La omisión de la familia Coleman de Claudio Tolcachir, mientras José Ignacio Malaina ejercía de commendattore del Piccolo Teatro de Milán para recoger, en su nombre, el premio al mejor espectáculo teatral por su Trilogía della Villeggiatura. Atenta todo cuanto acontecía con ojos azul curiosidad estuvo la profesora de teatro Marina Shimanskaya, reconocida en la categoría de mejor labor teatral. Muy cerca de ella, el director artístico del Teatro Arriaga, Emilio Sagi, aguardaba turno para recoger el premio a la mejor producción vasca del año, Enma.
Iba y venía la noche por el cauce de la emociones cuando se detuvo para honrar en el recuerdo a José Luis López Vázquez y Francisco Piquer, ambos fallecidos este año, y a la obra Bilbao-Bilbao, representada esta temporada para celebrar sus 25 años de vida, con José Antonio Nielfa, La Otxoa, como vedette de un Bilbao que entraba en el cabaret de la modernidad.
En las tablas de olivo hacían guardia los hombres y mujeres del toro. Hubo quejas y lamentos (duelos y quebrantos en el castellano antiguo...) por las irrespetuosas ausencias de los dos diestros triunfadores del pasado año, José María Manzanares y Enrique Ponce, lo que encumbró aún más la presencia del diestro Diego Urdiales, quien recibió el premio a la vergüenza torera. Tampoco faltó el cirujano en jefe de Vista Alege, José Luis Martínez Bourio, para recoger el bienganado premio Manolo Chopera al fomento de la fiesta, ni el novillero revelación, Juan del Álamo.
Entre aquella vorágine de nombres propios, cámaras y sonrisas, se movieron, entre otros, el alcalde Iñaki Azkuna, Pedro Larrañaga, Ramón Barea, José Luis Sabas, Ricardo Barkala, Pilar Zorrilla, Isabel Sánchez Robles, Isabel Muela, Pablo Chopera, Pedro Gutiérrez Moya, El Niño de la Capea, José Antonio Pallarés, la ganadera Dolores Ortega; el presidente del Club Cocherito de Bilbao, Leopoldo Sánchez Gil, recién llegado de la Biblioteca de Bidebarrieta, donde Ignacio Sánchez Galán dio lectura al pregón de los actos del centenario de la institución, elogiando la exposición Taurus: del mito al rito, que, con obras de geniales pintores como Goya, Picasso, Zuloaga o Sorolla, se exhibirá en el Museo de Bellas Artes y la corrida de toros del 23 de mayo, con El Fundi, Manzanares y José Tomás; Jon Ortuzar, Marcos Muro; los miembros del jurado Pedro Barea, María Jesús Gandariasbeitia, Javier Reino, Guillermina Rodrigo, Carlos Bacigalupe y Juan José Alonso; Marian Anasagasti, Alicia Estívariz, Isabel Fica, Iñaki y Sergio Sanz, Begoña Pérez, María Jesús Cava, el doctor Hipólito Suárez, Txema Oleaga, Antonio Basagoiti, Begoña Cava, Enrique Santarén, en nombre de DEIA; Sofía Cordón, Nacho Burgos, Jesús Llona Larrauri, Garbiñe Badiola y un sinfín de invitados que prolongaron la noche hasta convertirla en madrugada.
Vestida de matahari, Ainhoa García llevó la noche a donde quiso con tablas de primadonna. Darán fe de lo que digo Elena Puccini, Beatriz Marcos, Goyo Zurro, Manu Suárez, maestrante de la Sociedad Bilbaina, Juanjo Romano, Berta Longas, Juan Moreno Lombardero, Inés Miján, Andoni Rekagorri, José María Iriondo, Rafa Bustamante, Ignacio de Diego, el fotógrafo Manu de Alba, emisario de Ponce, y una corte de nombres propios que participaron en una luminosa fiesta que acabó como suele: con ríos de disfrute desparramándose por la alfombra roja.
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