Publicidad
Herramientas de Contenido
[Entrar | Registrarse]
Publicidad
Ander Gurrutxaga aborda en su nuevo libro algunos de sus temas preferidos: cambio, innovación e incertidumbre. En él reflexiona sobre el hecho de que no hay innovación sin incertidumbre y que buena parte del éxito de la innovación está en su capacidad para reducir la incertidumbre
Raquel Ugarriza - Miércoles, 24 de Marzo de 2010 - Actualizado a las 07:31h
votos
comentarios
Ander Gurrutxaga, fotografiado ayer poco después de presentar su último libro. (Foto: oskar martínez)
Vista:
bilbao. Dice ser un "sociólogo callejero" que intenta reflexionar sobre "por qué la gente hace las cosas". Ahora trata de dar respuestas y plantea nuevas preguntas en Recorridos por el cambio, la innovación y la incertidumbre, editado por la UPV/EHU y presentado ayer.
¿Por qué su interés por fenómenos sociales como la innovación y la incertidumbre?
Quería saber de qué hablamos cuando hablamos de innovación, porque a estas alturas parece un lugar común. También parte de mi interés viene de un estudio que hice en la Margen Izquierda, en el que me di cuenta de que las generaciones del modelo industrial que representaba Altos Hornos de Vizcaya y que ya no existe viven en parte con melancolía y son incapaces de transmitir a sus hijos, los del modelo Ikea, los valores de lo que aquello representaba. Cuando los ciudadanos pretenden entender qué es lo que pasa con su vida y su familia, encuentran que en determinados temas que antes no se discutían, como el concepto de autoridad, de familia, la relación con los hijos, con la familia, o la fortaleza que nos daba antes la pertenencia a un Estado y una religión, todo esto ha cambiado sustancialmente y nada está claro, o no tan claro al menos. En esta sociedad de incertidumbres, la respuesta más inteligente que se puede dar a una encuesta sociológica es decir depende. Prima un cierto ejercicio de adaptación, de gestionar la incertidumbre, de gestionar el día a día para poder vivir de manera adecuada, para no perder ese bien tan sagrado como es la calidad de vida. Hemos descubierto que casi nada de lo que creíamos que estaba definitivamente asentado realmente lo está.
Así que la Iglesia católica va a estar en lo cierto con su denuncia del relativismo moral de esta sociedad.
No. Tiene un debate muy interesante porque está intentado defender que la Iglesia está en lo más alto de la jerarquía de valores. El gran problema que tiene es que, sosteniendo esto, se ha quedado sin base social. Los jóvenes no van a la iglesia y las prácticas que tanto han abominado, las prácticas sexuales, el divorcio y el aborto, están generalmente bien aceptadas por la sociedad. Hay un choque entre los bienes sociales que están claramente asentados en nuestra realidad y los axiomas de la religión. El problema de la Iglesia no es el relativismo moral de la sociedad, sino su incapacidad de ver que sus creencias incuestionadas en otros momentos son puestas en duda incluso por gentes educadas en una cultura tradicionalmente católica. La Iglesia hace discursos zombis que por detrás sólo tienen retórica. Les pasa lo mismo a los partidos políticos, a los estados...
Sostiene que el Estado clásico es un estado inútil, pero que al final genera certidumbres, que es lo que demanda la sociedad. ¿Cómo reformular el Estado y la política?
Cuando necesitas ayudas económicas o prestaciones sociales, dirás en las encuestas que la política no te interesa pero sabes que es del Estado de donde salen esos apoyos para poder vivir. Somos seres que vivimos en un marco de grandes paradojas y lo que nuestro tiempo nos ha enseñado es que debemos gestionar esas paradojas con pragmatismo.
¿Cómo adaptamos esa paradoja a nivel práctico?
A través de lo que llamo la gestión de la incertidumbre. Los seres humanos aprendemos a disolver la incertidumbre y a disolver las paradojas, de tal manera que las convertimos en una creencia que es válida en tanto en cuanto a nosotros nos sirva, pero no pretendemos que sea válida para todos los miembros de esa sociedad. Me sirve a mí y basta.
¿Qué diferencia hay entre cómo las sociedades afrontaban antes la incertidumbre y como se hace en pleno siglo XXI?
Antes había respuestas claras y tajantes y lo que ha entrado en crisis es este sistema de creencias tan seguro. La incertidumbre ha cogido una gran velocidad, se mueve tanto y tan deprisa que no sabemos lo que nos está pasando aunque somos conscientes de que ocurre algo. Es una especie de caballo desbocado: sabemos que nos estamos moviendo pero no dónde va a parar y qué destrozos puede causar en su recorrido.
La crisis ha conseguido precisamente esto, que la gente se plante y reflexione sobre adónde va.
Claro, porque son problemas que preocupan a todos. Cuando has preparado a tu hijo para una profesión pero no encuentra trabajo, está mal pagado y no está claro que vaya a tener una mejor calidad de vida que la tuya, o cuando todo está sujeto a una negociación cotidiana, todo lo que te parecía obvio resulta que hay que discutirlo. Y hay ver con qué caja de herramientas abordamos estas situaciones.
¿Los partidos políticos se han dado cuenta de estos cambios sustanciales?
No todos. Es una de las partes más atrasadas de nuestra sociedad. Los datos indican que la gente se interesa muy poco por la política tradicional. Están apareciendo cada vez más ciudadanos apartidarios y muy interesados por las políticas de la vida cotidiana, que tienen que ver con la sanidad, la educación, el futuro de los hijos y los sueldos dignos. Quieren mejorar la calidad de vida y que alguien les dé respuestas a los dilemas que plantean. No son antinada, simplemente buscan el pragmatismo y el sentido común. Este es un sector electoral que cada vez va a tener más importancia y los partidos políticos deberán detectarlos con mucho cuidado si quieren obtener algo parecido a mayorías. Se acabó aquello de que tengo un nicho seguro. Lo cierto es que lo tienes, pero cada vez más reducido. Pero con ese nicho no se puede gobernar, hay que ampliar y acceder a esa periferia que te puede votar hipotéticamente. Menos ideología clásica, menos ideología identitaria especialmente en el País Vasco y ciudadanos desideologizados pero tremendamente preocupados por las políticas de la vida. Ese es el futuro de la política.
Publicidad

Gracias por su comentario
¡Hecho!

Recibirás un e-mail para confirmar tu registro.
Enseguida te devolvemos a la página en la que estabas donde verás tu comentario publicado
Publicidad
Publicidad
21:37
21:28
21:28
20:56
20:49
![]()
![]()
![]()