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El delantero uruguayo Diego Forlán volvió a ser letal para el Athletic en el estadio Vicente Calderón en un partido en el que los leones merecieron mejor suerte.
Pako Ruiz. Enviado especial - Jueves, 25 de Marzo de 2010 - Actualizado a las 21:25h
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Los jugadores del Atlético de Madrid celebran el segundo gol del equipo conseguido por el argentino Sergio 'Kun' Agüero (EFE)
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MADRID. El Athletic compareció en el Vicente Calderón sabedor de que los resultados de sus rivales directos le habían acompañado. Se trataba, sin más, de una referencia que aporta su plus. A los rojiblancos, por tanto, les tocaba poner su parte. No lo hicieron. Sobre todo, porque el gol es la razón de ser del fútbol. Cuando no se tiene, el castigo suele ser impasible. El Athletic puede dar fe de ello. Le ocurrió en Riazor y le volvió a suceder ayer en el Calderón, en un encuentro en el que ofreció buenas prestaciones durante un montón de minutos, pero donde le penalizó su falta de pegada, que sí la tuvo el Atlético de Madrid, que golpeó por partida doble gracias a su pareja letal. Forlán y Agüero sentenciaron con dos apariciones y dejaron en nada las intenciones de un Athletic que regresa a casa sabedor de que dejó escapar una oportunidad de aumentar sus opciones europeas.
Los rojiblancos mandaron en el primer acto, donde Llorente malogró dos oportunidades de marcar
Caparrós no engañó en su puesta en escena. Iturraspe y Ustaritz ocuparon las vacantes de los sancionados Orbaiz y Amnorebieta. Un cambio de nombres que no alteraba su propuesta habitual, con Gurpegi en el costado derecho y con un sistema diseñado para gestionar e incomodar a un Atlético de Madrid preso de una etiqueta imprevisible, pero con todo su arsenal ofensivo en el césped.
Un partido necesita una lectura. El Athletic supo visionarlo en el primer acto. Ejecutó el plan que mejor le viene a su perfil. Se blindó cuando la ocasión lo requería y activó sus virtudes atacantes en los momentos que pintaba para ello. Se puede entender como una sensación de confianza o como un gesto de hambre con el horizonte europeo tan cerca e incluso con la Champions como un señuelo a degustar. Lo cierto es que los ‘leones’ marcaron los tiempos, quizás también seducidos por el buen ‘feeling’ en el Calderón de los dos años anteriores y ante un conjunto ‘colchonero’ que deambula en Liga y que tiene los sentidos puestos en otras competiciones.
Forlán golpeó en el inicio del segundo acto a un Athletic que no encontró la tecla de batir a De Gea
El Athletic de ayer se asemejó al del primer periodo en Riazor y al de El Molinón. En aquellas dos plazas le faltó la pegada necesaria para matar el partido. Anoche también careció de ella en los instantes decisivos del primer periodo. Con un Forlán ausente, un Agüero desactivado y un Reyes que hacía la guerra por su cuenta, el Atlético de Madrid tiró de una versión menor. O sea, los rojiblancos se encontraron en un escenario idóneo para hincar el diente.
Iturraspe y Javi Martínez se apropiaron de la medular. Cada uno ajustandóse a su perfil. El de Matiena ofrece un plus en el toque y el navarro, que tiene su particular idilio con el cuadro madrileño, aporta ese poderío que le da su diferencia. El Athletic, que avisó en el minuto inicial con un remate de cabeza de Gurpegi, mandó en la sala de máquinas y se fue hacia el área colchonera, donde llegaba el momento de Llorente, que no se cansará de agradecer el trabajo estajanovista que hace Toquero, desquiciante para las defensas contrarias.
Llorente se dejó ver. Apareció como referencia que es. Le faltó, sin embargo, acierto en sus pegadas. Primero con un derechazo que se le fue al exterior del palo derecho de la meta defendida por De Gea, que poco después abortó el lanzamiento del ‘pichichi’ rojiblanco, en su intento de consumar una bella acción individual. El Athletic se sentía cómodo, lo mismo que Iraizoz, sin trabajo que asumir, lo que hablaba también bien de la actitud defensiva de los de Caparrós.
El Athletic volvió a deperdiciar sus ocasiones, lo que siempre deja mal cuerpo. Es decir, surge una sensación de vértigo ante lo que puede venir después. Los temores se cumplieron. Tras dos nuevos intentos de Toquero y Javi Martínez, el Atlético de Madrid golpeó en una de esas acciones que les suele sacar del apuro. O sea, apareció Forlán, acostumbrado a azotar a los rojiblancos. Así era en su época en el Villarreal y así sigue como colchonero.
Forlán tiró de su instinto, demoledor. Llorente se entiende que también lo tiene. Ayer, sin embargo, no lo lució. Un minuto después del tanto del uruguayo, Llorente tuvo el empate, pero de manera desconcertante no llegó a rematar a bocajarro un buen servicio de Castillo, mejorado en su vertiente ofensiva. Se repitió el mal, como después en un remate de cabeza de Javi Martínez, que sacó de forma prodigiosa De Gea, un portero con buenas nmaneras.
El Athletic, por entonces, contaba con los servicios de Susaeta, Yeste, que reaparecía en Liga un mes después, y Muniain, destinado a arreglar el asunto. El partido, sin embargo, tenía la misma pinta del de Riazor. Que se confirmó cuando el ‘Kun’ Agüero puso la sentencia a falta de cinco minutos. Europa, con todo, continúa a la vista.
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