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Vinos chilenos, de Rioja y albariños han sido los primeros en darse el "chapuzón"
D. artola - Domingo, 28 de Marzo de 2010 - Actualizado a las 08:38h
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Dos submarinistas acceden a la bodega acuática de Tossa del Mar en Girona. (foto: deia)
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eXCLUSIVO y sofisticado. El vino ha colonizado el mar en busca del más difícil todavía. El medio marino se asoma como la última frontera que acoge la revolución final de aromas y sabores. De momento, el recurso se ofrece en dosis limitadas con un producto de autor a medio camino de la experimentación destinado a los cazadores gourmets de la última novedad.
Las producciones de las tres bodegas existentes se reducen a lanzamientos inferiores al millar de botellas anuales. El epicentro del sector en la península se sitúa en Catalunya con dos bases en Girona y Tarragona. La tercera producción en discordia se localiza en las Rías Baixas gallegas. Las botellas concluyen su evolución en entornos tan dispares como el fondo marino, una batea de ostras o una cueva fluvial. Este último emplazamiento acuna en la ría de Arousa 900 botellas de albariño del sello Sketch lanzado por Raúl Pérez.
La crianza submarina es el toque final para obtener un toque de sabor alternativo y sorprendente. Su maduración en el agua se prolonga durante un periodo máximo de 15 meses tras una fermentación convencional en barrica como la inmensa mayoría de los caldos.
"El vino no es mejor ni peor, aunque su lanzamiento es la bomba porque nadie ha hecho estas cosas"
La empresa Terramar es una de las pioneras en Europa en la cala gerundense de Tossa del Mar en cuyo fondo se distribuyen 400 botellas encerradas en cofres como si de un tesoro se tratara. El emplazamiento supone una pequeña delegación de la casa matriz Viña Casanueva que exporta 100.000 unidades anuales originarias de Chile.
Su gerente, Carlos Ortega destaca el sabor alternativo con unos blancos con un punto espumoso y un toque salino. Por su parte, los tintos presentan un aroma más redondo que llega al paladar con suavidez sin perder cuerpo.
La añada catalana se presenta como una actividad gastronómica de carácter turístico. La comercialización del híbrido chileno-catalán se reserva en exclusiva para una actividad lúdica. La degustación se integra en una travesía submarina de 30 minutos que concluye con una comida en el centro de submarinismo por 109 euros. "Es una mezcla de sensaciones con el bautismo submarino, el sentimiento de ingravidez, el descubrimiento del fondo marino y la captura de la botella con tus propias manos", relata.
La mutación también se produce en el único Rioja acuático, el Terran Perla de Vallobera, que se sumerge en la bahía San Carlos de Rápita en Tarragona. "Invierte los sabores y aparece en primer lugar los componentes secundarios como los ahumados de la madera o el toque afrutado de la fermentación", apunta su creador Javier San Pedro.
Sin embargo, este especialista no se atreve a mostrar su preferencia entre el vino terráqueo y el marino. "No son ni mejores ni peores, simplemente son diferentes", estima. De hecho, el grueso de la producción, 4.500 botellas, se realiza íntegramente en barrica. Por este motivo, reivindica el método tradicional: "Lo que no hagas en una bodega no lo esperes conseguir en el mar".
A punto de lanzar la primera cosecha San Pedro, se aprovecha del revuelo creado en la comarca alavesa. "Es la bomba porque nadie ha hecho estas cosas", destaca.
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