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Tuvo un bajón por la edad a los treinta años. Sentía la presión de la prisa por llegar, por alcanzar metas. Decidió no tener hijos, pero con el paso del tiempo no lo considera una renuncia.
Rosana Lakunza - Lunes, 29 de Marzo de 2010 - Actualizado a las 12:51h
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Rosa Villacastín reflexiona sobre la edad en su último libro. (Foto: José Mari Martínez)
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Sin pelos en la lengua y con muchas ganas de dar guerra, Rosa Villacastín ha escrito un libro sobre la edad: Si a los sesenta no te duele nada es que está muerta. A ella le duelen las ausencias de gente querida, su padre, algunos amigos, que le enfrentan directamente con la cara de la muerte.Es positiva y ve en el presente y en el futuro muchas posibilidades para una mujer que ha cumplido los sesenta, que no tiene arrugas aunque no haya recurrido a la cirugía, y que conserva la mirada viva y los ojos alegres. Es un referente en la crónica social, escribe libros y se distancia de todos los personajes sobre los que habla.
¿Siente dolores?
Creo que a todo elmundole duele algo; bien a nivel físico, bien a nivel emocional. Lo peor que te puede pasar es que pienses que tiene que ser definitivo, que no tienes que levantarte, aunque hay días en que una se quedaría en la cama.
Sesenta años, y ahora qué.
Es importante tener curiosidad por las cosas, hacer ejercicio físico, o simplemente andar, que es suficiente. Se ha acabado esa época en la que la mujer, por llegar a la menopausia, se apartaba de la vida laboral, se hacía invisible. Hemos luchado para que se nos vea y se nos escuche.
¿Hay muchas diferencias entre cumplir cincuenta o sesenta?
Parece que no, pero sí hay mucha diferencia. No te das cuenta de cómo pasa el tiempo.
¿Bajón a los sesenta?
No. Yo el bajón lo tuve a los treinta. Pensé que todo iba a ser a horrible. Empecé a disfrutar a los cuarenta, porque antes lo que hacía era correr. No saboreaba las cosas. Fue a partir de los cuarenta cuando empecé a saborearlas.
¿Se cambia según en qué década de la vida estés?
Ahora analizo mucho más las cosas. Reflexiono sobre cosas que ni siquiera había pensado a los cincuenta. Desaparecen personas que estaban a tu lado: el padre, algunos amigos… Tienes que pensar en ello y prepararte. El caso es que la vida no te prepara; no te prepara para vivir y tampoco para morir.
Más bien parece que estamos preparados para ser eternamente jóvenes.
Tampoco es eso, porque cuando se tienen veinte años también se sufre mucho. Hay gente que a esa edad lo pasa mal, tiene depresiones o está enferma, y hay gente de ochenta que está fenomenal.Todo es la actitud personal que se mantenga ante la vida.
Jubilaciones a partir de los cincuenta, ¿qué opina?
Que no hay derecho a que a la gente se le jubile a los cincuenta años o a que no se encuentre trabajo a esa edad, pero tampoco es justo que alguien acabe la carrera y tarde diez años en encontrar trabajo.
Hay quien se queja de esas generaciones jóvenes. ¿Cómo las ve usted en el mundo de la comunicación?
Hay jóvenes que acaban la carrera y llegan a la tele pensando en ser famosos. Pues no, esta profesión no es la casa de Gran Hermano. Hay que esforzarse, que es lo que hemos hecho durante generaciones. Hay que volver al esfuerzo y al trabajo, que es lo que ha estado penalizado durante todos estos años de juerga.
En su libro habla de las mujeres, pero ¿qué pasa con los hombres a los sesenta?
Creo que están igual de desorientados que a los cuarenta. Los hombres viven en una continua desorientación. ¿Por qué? La educación que ellos hanmamadoes que por el hecho de ser hombres tienen un plus de todo para todo. ¿Envejecer? No pasa nada. ¿El pelo blanco? Tampoco pasa nada. Pueden ser tontos y nadie se lo dice, etc, etc, etc.
Pobres, ¿no?
¿Qué ocurre ahora? Que tienen unas mujeres que son más listas que ellos, que pueden estar más preparadas que ellos y que les dicen: No bonito, no es quemeayudes, es que tú colaboras en casa. La casa es de los dos y la pagamoslos dos. Esto no se nos debe olvidar a las mujeres. Hay que conseguir eso. Tener una pareja es gratificante, pero es un castigo si quien tienes al lado no es gratificante. Los hombres se han encontrado a su lado con una mujer que no esperaban, estaban acostumbrados a sus madres. No están preparados.
¿Se les exige más a los hombres ahora?
Mucho más, las mujeres les exigimos más. Antes una mujer se casaba y lo que él dijera. Ahora no. Ahora tienen que ser como lo que se nos ha exigido a nosotras, superwoman, pero en hombres; en casa, en la calle, en el trabajo y también en la cama. O algunos hombres corren el peligro de que les dejen.
¿Renuncias?
En mi caso ninguna. Yo no he tenido hijos porque no he querido tenerlos. La sociedad en general opina que es una postura egoísta. Me da igual. La sociedad la hago yo también. Es más, en esta profesión somos muchísimas de mi generación las que no tenemos hijos. La vida es una meta.
Y hay que elegir…
Todos salimos al mismo tiempo y, exacto, tienes que elegir el camino que quieres seguir. No me consideraba capaz de tener el paquete completo: hijos, marido, trabajo… No era capaz de atender todos esos frentes yo sola. He renunciado a lo que menos me costaba renunciar. Tampoco es renuncia, porque no he querido tener hijos nunca, desde los dieciocho años he dicho que no. No he tenido dudas.
Empezó en un periodismo diferente al actual.
Yo no me fui del periodismo político porque no me gustara o porque me gustara más que lo que hago ahora. Me fui porque llego un momento en el que era incapaz de distanciarme, sobre todo de los políticos. Ojalá muchos de los que estaban conmigo lo hubieran aceptado; de hecho, hoy no distingues entre un político y un periodista.
¿Cirugía estética?
Depende. Si tienes una nariz que te condiciona, si tienes algo que te crea complejos; bien, cirugía estética. Pero lo que no veo bien es esa adicción para buscar la perfección.
¿Caso Belén Esteban?
Para Belén era un problema, pero no se lo han solucionado porque tiene otros problemas que solucionar antes. Su nariz es consecuencia de otros problemas. La entiendo a ella, pero no entiendo al cirujano que ha hecho la operación: ha buscado fama y creo que se va a hundir con la fama.
¿Qué heridas le ha dejado el paso de los años?
Las ausencias. Ver sufrir a personas que quieres. En mi caso perder a mi padre te sitúa en la primera línea. Es cuando verdaderamente ves la cara de la muerte.
Nadie nos prepara y hay gente que se viene abajo.Mi madre, de ser una mujer activa físicamente a todos los niveles, ha envejecido treinta años. Esas son las cosas que duelen de verdad.
Al vernos en el día a día no percibimos de forma total el paso del tiempo.
Por eso es bueno a veces enfrentarse al espejo. Yo lo hago con los libros, son mis espejos. Lo hice a los cincuenta y lo he hecho ahora. Te dan la medida del paso del tiempo.
¿Muchas arrugas?
No tanto por la arruga, sino por los ojos de la gente.Tener la mirada luminosa, alegre y con chispa vale más que tener veinte arrugas. Es que estás viva.
¿No duelen las arrugas?
Es que no tengo…
Es por…
Ya, ya, sé por dónde vas, jamás me he hecho nada. Lo sabe todo el mundo. De los que estamos en televisión a diario se sabe todo lo que hemos hecho. No me importa reconocer que tengo michelines, pero no arrugas. Es genético, mi padre cuando murió con noventa años no tenía ni una arruga, ni unamancha en la piel. Y mi madre igual.
¿Se cree lo de la cremas antiedad?
Sí, sí que me las creo, hay que darse todo porque no te hace sufrir; al contrario, si te mejoran, eso que ganas… Pero te voy a decir una cosa: soy bastante infiel.
¿Con la cremas o…?
Con las cremas, con las cremas, ¡qué te has pensado!
Que en otro sentido no me lo iba a contar.
Ja, ja, ja…También con la gimnasia.Mehe apuntado a doscientos gimnasios y cuando llego pregunto quién da los masajes. Sí que me cuido a ese nivel, voy a mi ginecóloga cada seis meses y lo que he hecho durante toda mi vida es ducharme con agua fría. ¡Qué barbaridad!
¿Ha hecho alguna promesa?
No, lo hago en invierno y en verano, esté en la playa o en la montaña. Tengo la tensión baja y eso me reactiva, y luego salgo con un ánimo por la mañana que ni te cuento.
No me extraña.
Meda vida, no puedo ni tomarmeuna sopa caliente. En la sopa echo agua fría.
Rarezas las tiene cualquiera. Ha acabado con el de los sesenta, ¿empieza a tomar notas para el de los setenta?
Le he prometido a Ana Rosa Quintana que voy a dar el salto y que hasta los noventa no voy a escribir otro de la edad.
¿Se ha quitado años alguna vez?
No, para qué. No merece la pena. Siempre he confesado los años que tengo. Alguna amigame dice: No te das cuenta de que con esto te estás echando tierra sobre tu tejado. Mira, será algún imbécil quien piense eso. También ellos cumplen.
¿Quién envejece peor, el hombre o la mujer?
Cada vez nos cuidamos más. Para el hombre, al menos para algunos, lo peor suele ser la jubilación. Para esa gente que ha dedicado el noventa por ciento de su vida al trabajo la jubilación es un palo. Se encuentran sin hacer nada y se convierten en extraños en su propia casa.
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