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El proyecto para construir una planta de biomasa en Olabarri enrarece el ambiente en Errigoiti
imanol fradua - Viernes, 2 de Abril de 2010 - Actualizado a las 08:12h
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(FOTO: J. M. MARTÍNEZ)
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DOS pancartas de gran formato dan la bienvenida al barrio Olabarri de Errigoiti a los vehículos y los ciclistas que usan la carreteras BI-2121, que conecta el municipio con Mungia. Errigoitin zentralik ez se lee en la más amplia, mientras el propio asfalto sirve también de base para un puñado de proclamas contra el proyecto de construcción de una planta de biomasa, conocido en diciembre del 2009, que tiene dividido al pueblo. Partidarios y detractores siguen conviviendo día a día, a pesar de lo enconadas que están las posturas, en un municipio que apenas alcanza el medio millar de almas.
Desiertos permanecen los columpios de la plaza. Apenas hay una veintena de casas y un bar que hace las veces de centro social de partidarios y detractores. Allí coinciden, juntos pero no revueltos. Y pese a habitar en un radio urbano de pocos metros "cada uno va a lo suyo", alude la única errigoitiarra a la vista apostada frente a la taberna. "Y se ha rebajado mucho la tensión desde el jaleo que hubo", relata. "El jaleo" no es otro incidente que el cruce de denuncias entre miembros de la plataforma Errigoiti-Arrieta Garbi y el alcalde, Iñaki Madariaga, debido a unos hechos acaecidos el 14 de marzo en una manifestación convocada por la agrupación contraria a la ubicación de la biomasa al paso de una marcha cicloturista. Mientras un vecino denunció dos días después que fue atropellado por el primer edil, Madariaga también interpuso una denuncia diez días después contra varios errigoitiarras por atentado a la autoridad, amenazas de muerte y daños contra la propiedad. "Es algo que no pasó", indican desde la plataforma, "no es más que una invención de ese señor. No sé si presentará testigos de algo que no ocurrió, lo que sí ocurrió es que golpeó con su coche a un vecino y de eso sí hay testigos". El alcalde mantiene su postura. Finalmente el juzgado de Gernika-Lumo dirimirá la disputa.
"El tema se fue de las manos", sentencian en la taberna. "Hubo demasiada tensión y explotó", apuntan, aunque no estuvieran presentes en una refriega originada en una protesta contra un proyecto del que "se oyen muchas cosas: que si la chimenea contaminará, que si pasarán muchos camiones, que no tendremos la tranquilidad de ahora… pero también se crearán puestos de trabajo…", opina cautelosa. Pros y contras salen a la luz. Divergente es la opinión del colectivo Errigoiti-Arrieta Garbi. Joaquín Iragorri es uno de sus miembros y relata que "el pueblo está muy tranquilo y el único que está nervioso es el alcalde".
"Estamos supertranquilos porque sabemos que tenemos razón y existen motivos para que la planta de biomasa no se haga en Olabarri. No cabe en el polígono, la planta supera las medidas, no respeta la distancia a las viviendas, el polígono es sólo para manufacturas, no se toma en cuenta la presencia del visón europeo… hay miles de razones", enuncia Iragorri, que vive delante de donde se habilitaría la planta que aprovechará los sobrantes de madera para generar energía. A pocos metros también habita el primer edil -ostenta el cargo con mayoría absoluta-, quien ha repetido una y mil veces "que este es un tema que ha adquirido tintes políticos", lo que el colectivo contradice al denominarse "una plataforma vecinal que no pregunta a nadie a quién vota".
"cada vez somos más" Centenar y medio de personas conforman la plataforma vecinal, según Iragorri, "y cada vez somos más". El colectivo se enteró de la construcción de la planta de biomasa "por la prensa" y sin que el alcalde "informase a los directamente afectados", si bien también reconocen que "dos o tres" errigoitiarras están a favor "porque tienen intereses particulares. Pero la gente, cuando sabe lo que viene de verdad, se asusta", dictamina. Para el primer edil de Errigoiti el número de partidarios es bastante más amplio, y el de detractores inferior.
Las pancartas son otro de los caballos de batalla. La plataforma aduce que solo se "limita a ponerlos sin romper nada ni molestar". Pero, desde el Consistorio anuncia que seguirá destinando la cuantía económica que haga falta -hasta 30.000 euros el último año- para eliminarlas. Lo que sí apuntan los de un lado y el otro del conflicto es que "el ambiente es el normal", si bien ambos confían en lograr sus objetivos. Unos revierten sus esfuerzos en paralizar el proyecto y los otros en su implantación. Concluido el periodo de alegaciones -los vecinos han presentado 70-, el proyecto debe pasar el filtro del Departamento de Medio Ambiente del Gobierno vasco y marcará la hoja de ruta de un conflicto que tiene dividido a Errigoiti, pese a la tranquilidad reinante en sus calles.
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