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El Barcelona golea a su gusto a un Athletic que no acitvó ningún plan que diera crédito
Pako ruiz - Domingo, 4 de Abril de 2010 - Actualizado a las 08:15h
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Barcelona. Es conocido que al Athletic se le indegesta el Camp Nou desde hace un puñado de años. Ayer la historia volvió a repetirse. Los rojiblancos salieron zarandeados del coliseo azulgrana una vez más. El Barça venció con una superioridad pasmosa. Así de real y de cruel. La goleada no hizo más que ilustrar el abismo que separa a los dos conjuntos, pese a que el Barça compareciera con un once casi de urgencia. El Athletic no estuvo a la altura de las circunstancias, deambuló en su versión más pequeña, pagó su falta de pegada en las ocasiones de que disfrutó y regresó a casa conocedor de que el conjunto azulgrana gestionó el partido cuando y como quiso. Al Athletic le toca superar el mal trago, pasar página y recargar pilas de cara al tramo final del curso, donde busca sellar su pasaporte a Europa.
Caparrós cambió de marcha. Se decidió por retocar su equipo tipo de forma sustancial. Rescató a Koikili, como antídoto de Messi; volvió a confiar en David López, que no comparecía de titular desde el duelo ante el Tenerife en San Mamés, y apostó por Susaeta, que debutó dos temporadas atrás como león en el mismo Camp Nou, como pareja de baile de Llorente. El Athletic ofreció un rostro renovado con el regreso de Gurpegi, en detrimento de Iturraspe, al doble pivote frente al poderoso Barça, que arrancó con un ojo puesto en la cita del martes ante el Arsenal, ya que Guardiola, que contaba con las ausencias conocidas de Iniesta y Dani Alves, prescindió de hombres como Xavi, Pedro o Keita, a los que se sumó Ibrahimovic, que se rompió durante el calentamiento.
El examen se presentaba de máxima exigencia para los rojiblancos, que a lo largo de la semana habían tirado de un discurso atrevido, seducidos por la posibilidad de que los azulgranas se despistaran debido a sus dos compromisos posteriores ante el conjunto inglés y el Real Madrid. La teoría es sencilla. No así la práctica, que requiere con el Barça enfrente hilar muy fino, no cometer casi error alguno y acertar en las llegadas ante la meta de Valdés. A todo ello, hay que esperar que los culés no tengan su día. No se dio ninguno de estos condicionantes, por lo que el Athletic se abocó a sufrir el tradicional ejercicio de descomposición que padece en el Camp Nou en los últimos tiempos.
El extraño once que presentó el de Santpedor podría entenderse como un pequeño alivio para los leones, por aquello del que Barça carecía a primera vista de parte de su pegada monumental. Esa impresión no tardó en desactivarse. El equipo azulgrana, independientemente de que plan ponga en acción, ejerce su jerarquía. Sus supuestos secundarios poseen talento a raudales. Jeffren es uno de ellos. El canterano golpeó al Athletic tras remachar un buen servicio de Abidal. Bojan, después, no faltó a su cita habitual con el gol cuando comparece ante el conjunto rojiblanco.
El Barça sentenció en el primer acto, pese a que Messi mostró su lado humano al fallar de forma clamorosa en boca de gol antes de que se moviera el marcador. El Athletic es terrenal de cabeza a pies. Tira de un modelo fijo. Cuando no acierta, padece ese lastre. Susaeta firmó la primera ocasión a los seis minutos, pero su disparo, mordido, se fue fuera por poco. Poco después de que Jeffren batiera a Iraizoz, Fernando Llorente perdonó el empate. La referencia rojiblanca no salió en esta ocasión al rescate. Gabilondo se la puso, pero el delantero no atinó en el golpeo a un palmo de narices de Valdés. Si Llorente no ejerce de Llorente, el Athletic se encuentra ante un enorme apuro.
Los de Caparrós entraron a vestuarios con mal color de cara. Del supuesto Barça descentrado no hubo noticias y sí del Barça letal. El Athletic que se preveía ambicioso no apareció y sí lo hizo el Athletic acomplejado, como lo reflejó la acción del segundo tanto barcelonista, cuando Puyol le ganó el pulso a Gabilondo para servir entre líneas a Bojan. Los rojiblancos vieron cómo les penalizaban sus descuidos, que se sabían fatales si asomaban.
Más de lo mismo El escenario pintaba feo para los intereses del Athletic en el segundo acto, en el que Joaquín Caparrós volvió a cambiar de marcha, al dar entrada a Toquero y Yeste como sustitutos de David López y Gabilondo. Se trataba de un gesto diplomático cuando la batalla estaba perdida. El movimiento de piezas tampoco dio resultado.
Si lo rojiblancos intuyeron la opción de poner algo de salsa al choque, está desapareció en un abrir y cerrar de ojos. En el momento en que Valdés sacó un remate de cabeza de Toquero y cuando después Piqué frustró el golpeo de Javi Martínez tras un gran servicio de Susaeta, el jugador más potable de los leones. Bojan, entonces, emergió de nuevo y volvió a batir a Iraizoz tras conectar con Abidal.
El encuentro, por si quedaba algún atisbo de duda, quedó finiquitado. Messi llegó a tiempo para engordar su estadística goleadora y, para suerte del Athletic, el Barça se dio por satisfecho con el cuarto tanto. Había saciado su hambre. Susaeta, eso sí, se llevó su pequeña alegría para consumo interno, de la que se privó Iturraspe, que volvió a encontrarse con Valdés en una gran ocasión de hacer el segundo tanto. Quedó en mera anécdota.
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