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La embajadora vasca en Harvard

La estudiante bilbaina Ainhoa Barrenetxea recibe el premio de la prestigiosa universidad de EE.UU. en una competición que simula la actividad de la ONU

concha lago - Jueves, 29 de Abril de 2010 - Actualizado a las 07:27h

Ainhoa Barrenetxea posa con la escultura de "El Paseante", junto a la Biblioteca de la Diputación Foral de Bizkaia.

Ainhoa Barrenetxea posa con la escultura de "El Paseante", junto a la Biblioteca de la Diputación Foral de Bizkaia. (Foto: jose sampedro)

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Sin necesidad de presentar credenciales, Ainhoa Barrenetxea lleva la diplomacia en las venas y la mano izquierda en el currículum, con una habilidad impropia de una joven de 21 años, pero tan resolutiva que ha sido reconocida por la prestigiosa Universidad de Harvard. Compitiendo con la crème de la crème de las mejores universidades de todo el mundo, los quiebros de Ainhoa en el mundo de las Relaciones Internacionales le han proporcionado uno de los premios del Harvard National Model United Nations, una conferencia y competición internacional, que simula el funcionamiento de Naciones Unidas. De casta le viene al galgo. Ainhoa es hija de Carmen Ezkurra, la cónsul de Perú en Bilbao y bisnieta de Gregorio Ezkurra, uno de los fundadores de la primera Euskal Etxea de Lima.

Esta bilbaina, universitaria en Navarra, que cursa doble licenciatura en Derecho y Económicas en inglés, se metió en la piel de Patricia Espinosa, ministra de Exteriores de México. El objetivo de su delegación, una misión casi imposible: combatir el narcotráfico y la violencia desatada en el país. Plenamente inmersa en su rol de Fuerzas de Paz, Ainhoa, alias Patricia, organizó una conferencia multilateral con Obama y los presidentes latinoamericanos y tuvo que cerrar acuerdos para lograr mayor financiación y cooperación. Tan bien lo ha hecho, que se ha convertido en la primera vasca en ser distinguida en la institución de enseñanza superior más antigua de Estados Unidos y una de las de mayor notoriedad.

Ganas le han sobrado. "Fueron cinco días de sesiones maratonianas y te metes tanto en el papel que te olvidas del mundo y acabas por creer que las decisiones que tomas son reales", se emociona. Las anécdotas de esos días de gabinete de crisis se le acumulan. "Recuerdo la sesión en la que los narcotraficantes nos bombardearon en la residencia presidencial de Los Pinos y todos los ministros, e incluso el presidente, tuvimos que meternos debajo de las mesas, o la ocasión en que recibimos una caja de cartón en la sala que supuestamente contenía la cabeza de uno de nuestros ministros". La adrenalina se desbordaba por momentos y cualquier cosa podía suceder: un secuestro, el asesinato de un miembro del gabinete, incidentes diplomáticos con Estados Unidos o escándalos de corrupción.

Con este bagaje a cuestas, no es de extrañar que Ainhoa no pueda reprimir su querencia por las Relaciones Internacionales, la prevención de conflictos y el fin de las hostilidades. Propósitos de envergadura que le permiten abrirse al mundo. "Conoces a gente de un montón de sitios, te encuentras con formas de pensar superdistintas y concilias diferentes perspectivas. Por eso lo que más me gustó fue que era una conferencia multicultural, con presencia de universidades de todos los rincones del planeta, con un intercambio de ideas y experiencias constante con estudiantes de la India, Canadá, Argentina o EE.UU.", afirma.

Como buena diplomática, la joven resta méritos al premio. "La competición no trataba sólo de ver quién es el más listo, ni quién es el que más sabe de política mexicana, sino quién consigue solucionar más problemas por la vía del consenso".

Estudiante en Iruñea en la actualidad y anteriormente alumna de La Pureza de María, en Bilbao, Ainhoa hace mucho que tiene las ideas muy claras. "Siempre me ha interesado el Derecho pero luego decidí combinarlo con Económicas porque es más completo y además mi padre había estudiado las dos carreras". Respecto al inglés, su lucidez es también incontestable. "Para el mundo de la empresa tener un vocabulario técnico en inglés es muy importante y para salir es fundamental".

Y es que Ainhoa no oculta que su vocación es trabajar en la sede de la ONU, en Nueva York, una torre de Babel con el árabe, el chino mandarín, el español, francés y ruso como soniquetes. "Me llama muchísimo la atención la ONU", revela esta aspirante a batirse el cobre en la mayor organización internacional que existe. Una chica que, como los de su generación, confiesa no gustarle el mundo de la política porque se considera una mujer más de acción.

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