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EFE - Jueves, 13 de Mayo de 2010 - Actualizado a las 12:40h
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El autor de "Salvador (Puig Antich)" y "La flaqueza del bolchevique", Manel Huerga, cambia "sideralmente" de registro con "Son & Moon, diario de un astronauta", documental en el que consigue crear poesía al rimar la vida profesional y la personal del astronauta de origen español Michael López-Alegría.
MADRID. "Todos los niños sueñan con ser astronautas y el hijo de Michael no. No le interesa una mierda el rollo de su padre. Esa paradoja me fascinaba, pero no creo que desmitifique al astronauta. De hecho lo humaniza", asegura Manel Huerga en una entrevista con Efe dos días antes del estreno de la película en salas comerciales.
Esa fue la luz que vio al final del túnel de un proyecto en el que se metió a ciegas y en el que, por un momento, pensó que no interesaría a nadie. "Me lo propusieron en Cannes cuando presenté 'Salvador' y dije que sí sin saber dónde me metía pero pensando que la idea molaba mucho".
El plan era el siguiente: viajar a Houston, Moscú, ver el despegue del cohete en Kazajistán y ofrecer su cámara a López-Alegría para documentar sus seis meses en el espacio dentro de la Expedición 14 de la Estación Espacial Internacional a bordo de un Soyuz TMA-9.
Pero el astronauta, de padre extremeño y madre estadounidense, volvió con trescientas horas grabadas, que el director redujo a trece en un primer montaje y luego a tres en un segundo, pero Huerga se daba cuenta de que "pasados los primeros quince minutos de curiosidades, lo siguiente sólo tenía interés para científicos".
Así, Michael López-Alegría propuso, con la boca pequeña, ofrecer el material personal que tenía guardado de todas las conversaciones con su familia, especialmente con su hijo. Y "la película dejó de convertirse en el documental que estaba pensado para convertirse en algo más íntimo", reconoce el protagonista de esta historia.
Huerga, entonces, dio la vuelta al proyecto. "En esas imágenes había soledad, impotencia incomunicación 'bergmaniana'. Una muestra de cómo toda la tecnología del mundo no permite acercarte a un hijo.
La demostración de que el siglo XXI sigue siendo la era del pixel". En la relación con su hijo Nico, el astronauta tiene su más difícil misión y el nudo del conflicto dramático de una vocación que le impone un alto precio y, sobre todo, una gran distancia. "Un día me di cuenta de que mi hijo me había mentido y me era difícil jugar el papel de padre. Es entonces cuando te cuesta más ver las ventajas de este trabajo y te haces miles de preguntas", explica López-Alegría.
Pero, aun así, no puede evitar reafirmarse. "He perseguido mi sueño y así siento que soy el que tenía que ser. Supongo que hay gente menos apasionada que pueden llevar una vida en la que han renunciado a su gran pasión, pero yo no soy así", concluye.
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