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La previsible abstención de CiU permitirá al presidente aprobar hoy por un voto su controvertido ajuste de la administración
El Gobierno modificó el decreto por las presiones de los ayuntamientos
asier diez mon - Jueves, 27 de Mayo de 2010 - Actualizado a las 07:35h
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José Luis Rodríguez Zapatero, pensativo. (Foto: efe)
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bilbao. Sólo en casa y con un grave problema de credibilidad en el exterior. José Luis Rodríguez Zapatero conseguirá hoy la aprobación en el Congreso de su controvertido plan de ahorro, pero a un alto precio, la imagen que trasladará, dentro y fuera del Estado, el dirigente de un país incapaz de lograr un solo apoyo ajeno a su partido para la base sobre la que confía en allanar la salida de la crisis. El previsible resultado, abierto a sorpresas, lo dice todo. Los socialistas votarán a favor, CiU se abstendrá junto a Coalición Canaria y UPN, y el resto de grupos rechazará la medida. Las abstenciones no computan a efectos prácticos, pero se convertirán en un pírrico salvavidas para Zapatero.
Si esas cuentas se cumplen y todos los diputados asisten al pleno, el plan saldrá adelante por sólo un voto a favor -169 frente a 168-, dos como mucho debido a que un parlamentario del PP está enfermo y hay dudas sobre su asistencia. El PNV aclaró ayer el sentido de su voto, un "no rotundo", en boca de Iñigo Urkullu. Lo hizo en una rueda de prensa de urgencia tras una frenética jornada en la que el cruce de llamadas entre Sabin Etxea y La Moncloa fue constante. Madrid ha terminado rebajando sus pretensiones respecto a los jeltzales, conformándose con otra abstención, pero sin buscar espacios de acuerdo.
el no jeltzale El PNV le pedía que tomase en consideración la relación bilateral que mantienen la CAV y el Estado. También llamó la atención sobre la mejor situación de las finanzas vascas. Se reclamaba en esencia una negociación formal -en la Comisión Mixta del Concierto- en torno a la aplicación del tijeretazo en el País Vasco. Según indicó Urkullu, los jeltzales no han recibido respuestas a sus demandas, concretadas esta semana en una carta al presidente, más allá de trasladarlas al diálogo en torno a los próximos Presupuestos. Durante el proceso, que no ha alcanzado la talla de negociación, los socialistas han dado muestras de nerviosismo.
El presidente del Gobierno español se ha jugado prestigio y credibilidad a la carta del plan de ajuste y su círculo ha ejercicio una fuerte presión para maquillar el resultado con algún apoyo extra. El problema es que, a juicio del resto de partidos, Zapatero se ha sacado el naipe de la manga en mitad de la partida y no se trata ni mucho menos de un as. Está por ver si le permitirá consolidar una baza ganadora.
Un gran porcentaje del éxito del plan está fuertemente vinculado a los apoyos que concite y en esa dinámica la vicepresidenta económica, Elena Salgado, ha vivido por y para convencer de sus potencialidades a otros partidos desde la presentación del programa de ahorro hace dos semanas.
la incógnita de ciu Salgado ha tenido constantemente abiertos canales de comunicación con los diputados con galones en cada grupo. Pero no ha convencido a ninguno y todos han terminado por trasladar las conversaciones a las sedes de sus partidos ante la imposibilidad de concretar acuerdos y en medio de constantes apelaciones a la responsabilidad de las formaciones políticas. Incluso el FMI envió una delegación al Congreso la semana pasada para convencer a la oposición de la necesidad sumar apoyos en torno al plan.
No había resquicios para esos consensos. Todo lo contrario. El programa antidéficit ha cosechado el rechazo de todas las sensibilidades de la Cámara Baja, conformando un no tan heterogéneo como irrebatible. Cada partido expondrá hoy los matices de su postura desde la tribuna del Congreso en un debate que se prevé cargado de reproches para el presidente del Gobierno. Los discursos de los portavoces de la oposición reflejarán con aspereza la soledad del líder socialista.
La única incógnita es CiU. De hecho, al cierre de esta edición, los nacionalistas catalanes seguían alineados en la abstención, aunque continuaban hablando con el Gobierno y no descartaban votar afirmativamente en el último momento. Si los diez diputados de Convergencia i Unió votan sí, Zapatero evitará ganar en la foto finish, pero poco más. Su figura quedará tocada con todavía media legislatura por delante.
Urkullu resumió ayer el sentir general de los partidos con una frase: "Votaremos no al contenido, pero también a la forma" de gestionar del Ejecutivo español todo lo concerniente al plan de ahorro. Opinan los grupos que el líder del PSOE se ha metido en un túnel por su negativa a tomar decisiones impopulares ante la crisis. Cuando la presión de Washington y de Bruselas le ha obligado a cambiar el paso con un draconiano ajuste de los recursos públicos y Zapatero se ha visto obligado a avanzar hacia la luz sin marcar antes una líneas básicas con el resto de partidos.
Trasladar a la oposición el regusto de una medida impuesta mientras se está en el trance de presidir un Ejecutivo en minoría parlamentaria desencadena, en la mayoría de los casos, una corriente en contra muy complicada de navegar. El reto de Zapatero de aquí al fin de legislatura será contener esa marejada.
Otro gran eje de las críticas que acumula el presidente del Gobierno es su falta de liderazgo, que se plasma en que no sólo no haya guiado a la Unión Europea durante la presidencia semestral española, sino que además Angela Merkel, Nicolas Sarakozy y Barack Obama le hayan obligado a aplicar el histórico tijeretazo.
Sin embargo, a las puertas del debate de hoy, Rodríguez Zapatero siguió enredando la madeja en la que se ha convertido el plan de ahorro. En el pleno de control del Congreso y en respuesta a una pregunta de Mariano Rajoy, el presidente insistió de nuevo en que subirá los impuestos a las rentas más altas. Y otra vez dejó la reforma en el aire, sin concretar más allá de que será un nuevo impuesto temporal gravará las grandes fortunas y no "afectará al 99,9% de la población". "Se sabrá en semanas", dijo volviendo a presionar el cuenta gotas con el que ha vertido en la opinión pública el ajuste. Más indefinición en un momento en el que se le exigen desde todos los ámbitos el máximo rigor.
préstamos municipales Esa dinámica se ha visto agravada por contradicciones dentro del Gobierno, la última ayer mismo. El vicepresidente tercero, Manuel Chaves, enmendó a la vicepresidenta económica, que insiste en que el Gobierno español modificó el decreto que prohibe a los ayuntamientos endeudarse durante todo 2011 para subsanar "un error". Chaves reconoció que se cambió la fecha de entrada en vigor de la medida tras las presiones recibidas desde los consistorios.
Es "perfectamente comprensible" que se cambie una fecha en un decreto de la complejidad del aprobado el jueves para reducir el déficit, dijo el propio Zapatero para explicar el cambio de opinión. "Nosotros asumimos que rectificamos, es un principio que creo que está bien para gobernar",
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