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Los hombres que disparaban a la Luna

Cuando cae la noche, salen en busca del un lugar apto para otear el cielo. Llevan telescopio, ordenador y cámara con la que dispararle al firmamento

maría r. aranguren - Domingo, 27 de Junio de 2010 - Actualizado a las 08:39h

Los astrónomos se reúnen todos los martes de cada semana en la sede de la agrupación vizcaína, donde comparten conocimientos científicos y organizan cursos y salidas.

Los astrónomos se reúnen todos los martes de cada semana en la sede de la agrupación vizcaína, donde comparten conocimientos científicos y organizan cursos y salidas. (Foto: M.R. Aranguren)

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lA Luna mengua en la noche oscura. Sobre el asfalto, las ruedas del coche giran rumbo a Venus, Júpiter y Mercurio. Los astrofotógrafos han confiado en el pronóstico: ninguna nube impedirá el trayecto al cielo. Llevan comida, agua, ropa de abrigo. El resto del instrumental resurge del maletero como tantas otras veces.

Son las once de la noche y los ojos tratan de acostumbrarse al profundo cielo. Hoy toca disparar a ciegas. Pero empecemos por el principio. Son tres. Juan Somavilla, 63 años, capaz de pasar la noche hipnotizado por el movimiento de un astro. Román Almela, 55 años, delineante y gran divulgador. Álex Escartín, 41 años, experto en telecomunicaciones y un punto de filósofo.

Se abre el telón del cielo. Ha pasado un cuarto de hora y los ojos se han habituado un poco a la Luna opaca y el sol lejano. Hay poca luz en el ambiente pero mucho trabajo por hacer. Lo primero, colocar el equipo y alinearlo. Trípode, telescopio, ordenador, cámara de fotos, motores, cámara de seguimiento. Cualquier pequeña descompensación puede echar a perder la expedición. Hoy quieren retratar cúmulos, grupos de estrellas aparentemente muy pequeñas.

Si en ese momento se les pregunta por qué están ahí las respuestas podrían ser varias. Reto personal. Afán divulgador. Búsqueda de belleza. Simple afición.

Curiosamente, algunos de los descubrimientos sobre planetas exteriores han tenido lugar gracias a esta afición por fotografiar el cielo que comparten muchas personas en el mundo. "El año pasado se encontró que en Júpiter había impactado un pequeño cuerpo. Nadie lo vio, pero un aficionado en Australia descubrió la marca", cuenta José Félix Rojas, doctor en físicas y miembro del grupo de Ciencias Planetarias de la UPV/EHU.

En Euskadi lo tienen más complicado. Los miembros de la Agrupación Astronómica Vizcaina sueñan con nubes transparentes y apagan imaginariamente las luces que tintinean noche tras noche en autopistas y ciudad.

La Arboleda es uno de los mejores lugares para colocar un observatorio improvisado y utilizar los avanzados métodos que permiten capturar la belleza del firmamento. "Esta pequeña cámara es capaz de seguir a una estrella y mandar instrucciones al telescopio para que se mueve milimétricamente", explica Román Almela.

La rotación de la Tierra cambia el punto de mira, crea la ilusión de movimiento en los objetos del cielo, pero el telescopio los persigue como lo haría un cazador con su fusil. "El ordenador tiene un software de control que permite localizar rápidamente los objetos que se desean observar en el cielo. Una vez los tienes localizados, puedes hacer un seguimiento automático compensando la rotación de la Tierra", apunta Álex Escartín.

En lo alto, el tiempo cobra otras dimensiones. Una estrella puede vivir millones de años, por eso alzar la cabeza relaja tanto, y por eso la noche transcurre tan fugaz. Ha llegado el momento. Como en la cuenta atrás de un cohete espacial... tres, dos, uno, ¡dispara!

Para la mayoría de los mortales, el objeto de disparo es la negrura del cielo, pero la cámara fotográfica ha capturado la luz de un cúmulo. "Algunos objetos son tan débiles que normalmente no pueden verse. Se sabe que están ahí porque está marcado en un mapa, pero ni siquiera el telescopio permite observarlos", dice José Félix Rojas.

Esteban, director del aula de Astronomía de Durango, se siente tan maravillado ante el universo que ha editado una serie de materiales para acercar sus misterios a los interesados. Para que sepan que en Mercurio todas las tardes pueden verse dos puestas de sol o que, en la Luna, se ven estrellas incluso de día.

El equipo

Con cualquier tipo de cámara

El precio del equipo más sencillo para realizar astrofotografía ronda los 600 euros. Cuanto más grande sea el diámetro del telescopio, más tiempo exige la tarea de llenar la hucha. "Un telescopio es un acaparador de luz. Cuanto más diámetro tenga, más luz consigue entrar por su objetivo y más se concentra para formar la imagen. Si tienes mucho diámetro consigues atrapar mucha luz y puedes ver objetos más débiles. Desgraciadamente, no sólo aumenta la luz que entra por el diámetro. Sobre todo aumenta el precio. Así que en la agrupación siempre estamos un poco limitados", expresa José Félix Rojas. No ocurre lo mismo con las cámaras de fotos. Una reflex puede funcionar perfectamente en las alturas.

"Hacemos cosas incluso con cámaras de videovigilancia. Esta es una webcam típica del las que todos tenemos delante del ordenador", muestra Álex Escartín.

"Solamente está un poco modificada para que vaya acumulando fotones". Parte del juego consiste en probar cosas diferentes y transmitir el resultado al compañero de al lado. "La experiencia se comparte", resume Juan Somavilla.

Han sacado los bocadillos y las bebidas. El alcohol, dicen, no es muy recomendable porque puede producir sopor. Paradójicamente, la excursión termina y nadie ha podido ver el resultado de su trabajo. Aunque utilizan cámaras digitales, los misterios son los mismos que con el revelado. Todo tiene un truco. En este caso se llama ordenador. "Ninguna de las fotos es especialmente bonita pero cuando las sumas, cuando las superpones, pueden verse muchos más detalles", dice Román Almela. Las cámaras son capaces de sacar 30 fotos por segundo. Un programa especializado permite escoger las mejores, alinearlas y sumarlas, de tal forma que lo más interesante de cada una de ellas se va sumando al resultado final", explica Álex Escartín. La sede de la Agrupación Astronómica Vizcaina está situada en la quinta planta de un edificio cedido por la Diputación foral.

A las nueve y media de la noche, desde la ventana, se percibe el ir y venir de los usuarios de La Alhóndiga y una luna clara que los poetas nunca han sabido desentrañar.

"Los humanos no somos nada"

Ellos no son poetas. Son sesenta socios con una formación muy variada. Sin embargo, en ese elevar la barbilla al cielo todos se han cuestionado en algún momento de su vida a sí mismos.

"Estás metido en el día a día, echas un vistazo a lo que hay arriba y dices, ¡si no somos nada! Cuando estudias cómo se formó el universo o cómo es la vida de una estrella, lo extrapolas a nuestra historia y terminas dándote cuenta de que en la Tierra vivimos a un ritmo muy frenético", expresa Álex Escartín. José Félix Rojas recuerda la viñeta del dibujante El Perich: "Maldito país, lo urgente no deja tiempo a lo importante". Y Juan Somavilla apunta a otro aspecto mucho más pragmático: "En la agrupación tenemos un objetivo muy claro que es el de la divulgación, el del acercamiento de la astronomía a la gente.

El conocimiento permite el desarrollo de un pueblo. No podemos depender toda la vida de la investigación exterior". En la sede disponen de una biblioteca y varios espacios en los que reunirse e impartir cursillos, que anuncian en la página web (http://www.aavbae.net/). A veces, cuando el tiempo atmosférico no da tregua a sus ojos, cogen el coche y marchan bien lejos. "A veces nos vamos a Soria, Burgos, León, Cantabria...", enumera Román Almela. Arrancan motores el sábado noche, pisan asfalto, colocan el telescopio, realizan la observación y vuelven el domingo para estar con la familia". Durante todas esas horas, Álex Escartín siente que forma parte de una tradición ancestral.

"Un día Galileo cogió el telescopio que servía para mirar desde la costa el horizonte y se dijo: ¿qué habrá ahí arriba? Y se puso a mirar el cielo. Desde entonces se ha investigado mucho y nosotros queremos recoger esa historia. Queremos darla a conocer". Para llevar a cabo esa tarea divulgativa necesitan imaginación, conocimiento y cercanía con las personas. A veces utilizan sus propias fotografías.

Esas que realizaron, por ejemplo, la noche en que las ruedas del coche giraban rumbo a los planetas Venus, Júpiter y Mercurio.

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