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AC/DC INCENDIa Bilbao

La Catedral "arde" con AC/DC

Miles de fans acudieron ayer a San Mamés para rendir pleitesía a la mítica banda de rock australiana

yuri álvarez - Martes, 29 de Junio de 2010 - Actualizado a las 07:21h

Concierto de AC/DC en San Mamés Reproducir

 AC/DC en plena actuación en San Mamés de Bilbao.

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POR fin, por fin, ya están aquí, ya están en Bilbao!!!" Ese fue el grito de guerra con el que el ejército vasco de Angus Young iniciaba su esperado peregrinaje hacia el infierno para rendir pleitesía al único dios que ayer se dejó ver por la Catedral, el dios del rock: AC/DC.

Ataviados propiamente para la ocasión con la indumentaria de guerra: camisa negra, pantalones vaqueros ajustados, gorra, ikurriña y los inconfundibles cuernos rojos en señal de admiración hacia el quinteto australiano, miles de personas abarrotaban pasadas las cuatro y media de la tarde los aledaños de la calle Luis Briñas, punto de partida de la legión de seguidores que la mítica banda arrastra a su paso. Ni los 28 grados que en ese momento alcanzaba el mercurio, ni las seis horas que aún faltaban para los primeros acordes del concierto del año eran excusa para que jóvenes de todas las edades, familias enteras con sus hijos imberbes y viejas glorias venidas de medio mundo, aguardasen con paciencia las instrucciones con las que el maestro Young guía a sus tropas en la batalla.

Las calles, acicaladas para la ocasión con diferentes stands y amplias medidas de seguridad, eran un hervidero de rockeros que se frotaban los ojos para comprobar que, efectivamente, aquello no era un sueño. El tren con salida Bilbao y llegada al infierno estaba a punto de partir y nadie quería quedarse rezagado. La hora había llegado. El trayecto por esa Highway to hell que ha llevado a AC/DC a los altares del rock no había hecho más que empezar. Las campanas y trompetas invisibles llegadas de los mares anunciaban la llegada de los reyes del rock. No había marcha atrás.

Mientras centenares de anónimos seguidores continuaban alistándonse en esa interminable cola con destino al infierno, las primeras pruebas de sonido, que a escasos metros la banda australiana y su equipo técnico realizaban, ponían firmes a a un ejército con hambre de rock and roll. Quilates de alto voltaje para unos fans que no ocultaban los primeros síntomas de nerviosismo. Ese cosquilleo en el estómago que anuncia la llegada de una velada inolvidable al son de guitarras galvánicas y gargantas capaces de enderezar las crestas más rebeldes.

la gloria se hace esperar Que se lo pregunten sino al joven Julen Manes y a su cuadrilla, que se convirtieron en los primeros soldados en llegar a las vallas metálicas que separan al resto de los mortales con la gloria eterna. Eso sí, ese ofrecimiento a los dioses del rock venía ligado de un sacrificio un tanto especial: aguardar en plena calle durante más de 30 horas. "Llevamos esperando aquí desde ayer (por el domingo) para poder ser los primeros en entrar al concierto y la verdad es que este es un momento único que merece la pena recordar", explicaba extasiado este joven bilbaino. Esas ganas de ser los primeros en presentar sus respetos a Angus Young y su banda llevaron a esta joven cuadrilla a acampar en plena noche ante la atónita mirada de los transeúntes que, ajenos a la guerra de decibelios que amenazaba con atronar el cielo de Bilbao, recorrían las calles colindantes a la Catedral.

Pese a que no tuvieron que madrugar tanto, Asier Camba, Nacho Verarde y Aitor Ríos tampoco quisieron faltar a una cita obligada para tres rockeros de pura cepa como ellos, que, admiten sin reparos que los cantos de sirena de la banda australiana les embaucaron desde bien pequeñitos . "El año pasado no los pudimos ver y cuando nos enteramos de que esta gira la iban a cerrar en Bilbao no nos lo pensamos dos veces, teníamos que venir. Con los tímpanos aún sobrecargados por la marea rocakanrolera de la que fueron testigos en el Azkena Rock Festival, estos tres amigos y aspirantes a soldados del ejército AC/DC no ocultaban sus ganas de poder disfrutar de unos de los directos más espectaculares y electrizantes del actual panorama musical. "Son sin duda una de las mejores bandas de rock de la historia. No nos podíamos perder la oportunidad de verles en directo", remarcaban.

Sin embargo, y pese a que no eran mayoría entre las tropas que cabalgaban hacía la Catedral del rock, las mujeres también tenían que decir, y mucho además. El ejército capitaneado por Angus Young y su banda no entiende ni de sexo ni de edades, y basta con expandir sus letras halla por donde uno pisa para poder entrar a formar parte de sus filas. Así Nerea Gaztelueta y Begoña López, dos jóvenes venidas desde Sopelana, no ocultaban sus ganas de disfrutar de "uno de los mejores directos del momento", por lo que, como ellas mismas reconocían, esta cita era casi obligada. "Cuando nos enteramos de que iban a venir a Bilbao nos llamados la una a la otra para ver quién compraba las entradas, y al final aquí estamos", explicaban sonrientes estas dos amigas , veteranas ya en este tipo de batallas bajo el sol. "Es la tercera vez que tenemos la suerte de asistir a un concierto de AC/DC, pero por lo nerviosas que estamos es como si fuera la primera", afirmaban.

fin a la angustiosa espera Pasadas las seis y media de la tarde, con apenas media hora de retraso, la Catedral del fútbol cambiaba por un día su nombre para bautizarse como la Catedral del rock. La tensa espera había merecido la pena y San Mamés habría sus puertas para recibir a los miles de soldados que llevaban aguardando al sol las órdenes de su comandante, el incansable y omnipresente Angus Young. Pese a que en un primer momento el batallón se le atragantó la entrada en escena, los primeros compases de la tarde se produjeron de manera escalonada y tranquila. Ya habría tiempo de fraguarse un nombre al calor de la batalla que estaba a punto de empezar.

Mientras, los últimos rezagados de la fila, aquellos que por circunstancias de la vida no habían sacado su billete con destino al infierno, se daban de cabezazos contra la pared al observar que ese último intento de portar un cartel con el reclamo de "Compro entradas para el concierto de AC/DC", no estaba dando los resultados previstos. Nadie quería despojarse de ese aval que garantizaba la gloria eterna de la mano de la banda australiana. Nadie estaba dispuesto a desterrar de aquella batalla que garantizaba, previo paso por el infierno, la subida a los altares. No había insumisos dentro de los ejércitos que dirige con maestría AC/DC y, finalmente, el milagro no se produjo, nadie quería faltar a la cita en la catedral.

Ajenos a estos asuntos que les rodeaban, Julen Manes y su cuadrilla cumplían su sueño de ser los primeros soldados en pisar el campo de batalla e iniciar su camino por la autopista hacia el infierno. Rodeados de numerosas cámaras y de una amplia expectación de los medios, esta cuadrilla iniciaba el sprint final ante los flashes que inmortalizaban la estampa, digna de las mejores pasajes bélicos.

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