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España impone su juego a Portugal y Cristiano Ronaldo se va de Sudáfrica bajo el signo del fracaso
Julián Goikotxeta - Miércoles, 30 de Junio de 2010 - Actualizado a las 07:23h
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ESPAÑA: Iker Casillas; Sergio Ramos, Puyol, Piqué, Capdevila; Busquets, Xabi Alonso (Marchena, Min. 93+), Xavi, Iniesta, Villa (Pedro, Min. 88); y Fernando Torres (Llorente, Min. 58).
PORTUGAL: Eduardo; Ricardo Costa, Carvalho, Bruno Alves, Fabio Coentrao; Pepe (Pedro Mendes, Min. 72), Tiago, Raúl Meireles; Simao (Liedson, Min. 72), Cristiano Ronaldo y Hugo Almeida (Danny, Min. 58).
Gol: 1-0, Min. 63: Villa, en un segundo remate, culmina una jugada trenzada por Iniesta y Xavi.
Árbitro: Héctor Baldassi (Argentina). Expulsó por roja directa a Ricardo Costa en el minuto 89 por un codazo a Capdevila. Amonestó a Xabi Alonso (Min. 74) por España, y a Tiago (Min. 80) por Portugal.
Incidencias: Partido de octavos de final del Mundial de Sudáfrica 2010, disputado en el Green Point Stadium de Ciudad del Cabo, ante la presencia de 62.955 espectadores.
bilbao. Con el partido absolutamente trabado, entrada ya en harina la segunda parte, Del Bosque cambió el paso. El técnico salmantino, más clásico que el Partenón, suele ser también bastante predecible a la hora de hacer los cambios. Fernando Torres sigue sin estar, aunque se empeña en alinearlo, y cuando le cambia saca a Navas o Pedrito, y en su defecto recurre a Fábregas, un futbolista que le brinda varias soluciones por su capacidad de asociarse con los peloteros y además tiene gol.
Pero ayer Del Bosque optó por un cambio que se salía de su lógica, aunque parezca sensato. Y permutó a Fernando Torres con Fernando Llorente en el minuto 58. Dos después, el delantero del Athletic conectó un espléndido cabezazo lanzándose en plancha para recoger el centro de Ramos por la derecha, que el inconmensurable portero Eduardo supo atajar. Decididamente su presencia alteró los biorritmos del partido, tanto que hacia el minuto 62 llegaba el gol, obra de Villa, el hombre más inquieto e inquietante de la selección española, en la primera jugada que pudo hilvanar Iniesta y Xavi en las cercanías del área portuguesa.
Al fin, la poderosa muralla lusa se desmoronaba. Por fin, Almeida, el único meta imbatido del Mundial, claudicaba después de haber mantenido virgen su portería 333 minutos, eso sí, con la colaboración necesaria del árbitro argentino Héctor Baldassi y sus ayudantes, que no apreciaron fuera de juego del Guaje.
Queiroz pagaba así su planteamiento rácano, pues había fiado exclusivamente la fortuna de Portugal a una defensa cerrada, que si bien dejó sin espacios el juego de la roja, ofensivamente carecía de plan, salvo robar el balón en un descuido de su rival y fiarlo a alguna eficaz cabalgada de Cristiano Ronaldo, el figurón del fútbol mundial, que se va de Sudáfrica por la puerta de atrás.
Cristiano, con lo que le gusta protagonizar sus películas, estuvo prácticamente inédito. Fuera de foco, salvo en dos lanzamientos de falta lejanos que, paradójicamente, casi cambian el sino del encuentro, pues su compañero madridista Iker Casillas no sujetó el balón y casi provoca un incendio. De hecho, el único peligro real que llevaron los lusos tomó la presencia de Almeida, un armario ropero que juega en el Berder Wremen alemán, y que comprometió a Casillas y la defensa española en un par de ocasiones con sus llegadas al área en las contados contragolpes del conjunto luso. Tiago, el centrocampista del Atlético tuvo otra, que tampoco supo sujetar Casillas y además fue embestido por Almeida sin que el árbitro advirtiera falta.
Poco más hizo Portugal para ganar, y casi todo lo hizo en la primera parte, cuando los jugadores de Vicente del Bosque adolecieron de frescura física y una deficiente circulación de balón. El plan le estaba saliendo bien a Queiroz, sobre todo porque su portero, Eduardo, lo paraba todo.
Al poco de iniciarse el partido, Torres tuvo el gol en el primer minuto y Villa otras dos ocasiones (mts. 2 y 6) que barruntaban una cosa: la selección española es mejor.
Pero también lo era el Barça respecto al Inter, pero en el fútbol sólo cuenta el gol. Apareció uno, cuando el partido entró en otra dimensión con la presencia de Llorente, un perfil de jugador con el que probablemente no contó Queiroz ni los centrales lusos, pues el delantero del Athletic ha sacado matrícula de honor con Caparrós fajándose a las bravas con los defensas rivales. Fernando, además tuvo otra ocasión para haber debutado en el Mundial con gol, en otro remate de cabeza que se perdió lamiendo el poste.
El tanto de Villa cambió radicalmente el sesgo del partido. A Portugal le comenzaron a entrar prisas, pero tenía un enigma por resolver: ¿y ahora qué hacemos, si la lección enseñada era defender y defender?
El equipo español, ahora sí, sacó a relucir el tiqui-taca, escondiendo el balón en la zona ancha e invitando a los lusos a buscarlo. Queiroz, que antes había cambiado a Almeida, reventado, por Danny, más peligroso, no tuvo otra que sacar a Liedson, otro delantero. Cristiano Ronaldo estaba más desaparecido que nunca.
Y Costa, desquiciado por un par de requiebros burlones que le tiró Villa, estampó su codo en la cara de Capdevilla y fue expulsado en el minuto 89. Quizá fue la impotencia. No en vano un minuto antes el lateral resultó providencial al interceptar un duro disparo de Danny que bien pudo reescribir el destino del partido.
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