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Julián Goikotxeta - Miércoles, 7 de Julio de 2010 - Actualizado a las 22:29h
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ALEMANIA: Neuer; Lahm, Mertesacker, Friedrich, Jerome Boateng (Min. 52, Jansen); Khedira (Min. 81, Mario Gómez), Schweinsteiger, Trochowski (Min. 62, Kroos), Özil; Podolski y Klose.
ESPAÑA: Iker Casillas; Sergio Ramos, Puyol, Piqué, Capdevila; Busquets, Xabi Alonso (Min. 93, Marchena), Xavi, Iniesta, Pedro (Min. 85, Silva); y Villa (Min. 81, Fernando Torres).
Gol: 0-1: Min. 73; Puyol remata de cabeza tras el saque de un córner por Xavi.
Árbitro: Viktor Kassai (Hungría). No mostró cartulina alguna.
Incidencias: Encuentro de semifinales del Mundial de Sudáfrica 2010, disputado en el estadio Moses Mabhida de Durban, ante la presencia de 60.960 espectadores. La Reina Sofía asistió al partido en el palco de honor, junto al presidente de la FIFA, el suizo Joseph Blatter.
bilbao. Tanto tiqui-taca, tanta posesión del balón, tanto alarde futbolístico para ganar a la alemana, por fuerza, resolviendo una jugada de estrategia perfecta llevada a término como lo hizo Puyol, a las bravas, con furia y determinación. Físico en el salto y temple en el remate de cabeza. Pero no fue casual. Un instante antes alguien puso con temple de cirujano el balón en el lugar preciso, desde la esquina, y ese alguien fue Xavi Hernández, la sublimación de todo lo que representa esta generación de futbolistas espléndidos, que juega mirándose al espejo del Barça, el mejor equipo del mundo.
En realidad, el gol de Puyol no fue un golpe de suerte ni guiño cómplice del destino. Se habían cocido primero en el laboratorio y no hubiera sido posible sin el toque preciso de Xavi, que vio entrar al central barcelonista sobre la media luna con su coraje habitual, y había que poner la pelota ahí, y Xavi ahí la puso.
Mediante este gol, que recordó al que Maceda anotó también a Alemania en la Eurocopa del 84, en Francia, y que sirvió para que España doblegara por fin al mito alemán por primera vez en la historia, la selección estatal alcanzó otro hito histórico: clasificarse para la final de la Copa del Mundo.
La victoria ha sido a todas luces justa. Todavía más. El equipo de Vicente del Bosque cuajó su mejor actuación precisamente ante un rival de abolengo. Mereció una renta de goles mucho más amplia, por juego y oportunidades, y sin embargo tuvo que sufrir hasta el último segundo para entonar el aleluya, pues la tenacidad germana no es una leyenda, sino una verdad insoslayable. En cierto modo se repitió la final de la Eurocopa del 2008, con el mismo resultado y hechuras muy parecidas.
tomar la iniciativa y esperar La predisposición inicial de uno y otro contrincante reflejó la realidad que ilustra el fútbol de uno y otro bando. Quien lo iba a decir. Alemania, tres veces campeona del mundo, siete finalista, doce semifinalista, se sabía inferior a su contrincante y salió a su encuentro con un esquema consecuente, es decir, diseñada con una clara vocación defensiva, esperándole atrás y con la intención de salir al contragolpe a la primera oportunidad, aprovechando la rapidez en la cabalgada de Klose o Podolski, y la facilidad en el despliegue táctico de Özil, Schweinsteiger y Trochowski, que ocupó la plaza del sancionado Müller en el once germano.
Del Bosque, en cambio, realizó un cambio imprevisto que condicionó el arranque del partido. En vez de repetir la alineación, sabida su predisposición a no tocar lo que funciona, introdujo una variable inesperada por los alemanes. En vez de Fernando Torres, el técnico salmantino optó por Pedro, un jugador distinto, para la banda derecha, aunque con libertad de movimientos a la hora de atacar, situó a Villa de delantero centro, y arrimó a Iniesta a la izquierda, tal y como lo hace en el Barça.
La presencia del joven valor canario provocó un auténtico cortocircuito en el orden alemán. Pedrito se ha convertido en un auténtico crack en el último año y ya forma parte del elenco de artistas del balón que atesora el fútbol estatal. Aprovechando el desconcierto, Villa estuvo a punto de marcar a los cinco minutos e hizo lucirse al meta alemán, acertadísimo saliendo rápido a su encuentro para taparte el remate.
Poco después, Puyol culminó con un remate de cabeza en plancha una jugada de Iniesta. Los duendecillos de Vicente del Bosque comenzaron a amedrentar al gigante alemán, pero conforme pasaban los minutos el equipo teutón releyó el partido, juntó aún más sus líneas y con suma parsimonia, sin morder tobillos como hicieron chilenos, lusos o paraguayos en encuentros precedentes (el partido fue un modelo de deportividad), supo congestionar el juego español, al tiempo que mostraba sus armas: en dos segundos, con tres toques precisos, sin tanto alarde ni fuego de artificio, ya estaba en el área rival amenazando ruina.
La actuación del controvertido Iker Casillas fue providencial para comprender el sino de la aventura. Tuvo poco trabajo, pero estuvo inspiradísimo para detener los tremendos remates de Trochowski o Kross.
Inmenso estuvo también Piqué, Puyol, que dejaron inédito a Klose; imperiales Busquets y Xabi Alonso imponiendo su ley en el centro del campo y casi magistral Xavi, el alma de un equipo que fascina con su brillante propuesta futbolística que sirve, sobre todo, para ganar.
El gol de Puyol alteró el ritmo del partido. Metió la presión en Alemania, engrandeció la figura de Schweinsteiger, inasequible al desaliento, y agitó el magín de Del Bosque, que sacó a Torres por Villa para matar el partido aprovechando el espacio que, ahora sí, dejaba el seleccionado de Löw. Pedro tuvo el gol, Iniesta... España apretó los dientes ante la ofensiva final germana, ante la inminencia de agarrar lo más grande: la final de la Copa del Mundo.
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