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El arqutiecto Alfonsos Casares dice que el proyecto es más complejo que el de Pelli
Olga Sáez - Jueves, 8 de Julio de 2010 - Actualizado a las 04:40h
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Obras de la futura clínica del IMQ en Zorrotzaurre. (JOSE MARI MARTÍNEZ)
Vista:
BILBAO. Sin complejos. La nueva clínica del IMQ tiene ya once metros de profundidad y comenzará a sacar la cabeza en los próximos meses para alcanzar seis alturas de servicios hospitalarios que pretenden ser la referencia de la medicina privada en Bizkaia. Ha terminado la fase inicial, la más complicada, y ayer el arquitecto Alfonso Casares, que junto a Carlos Ferrater ha diseñado el edificio, y el arquitecto local Luis Domínguez hicieron una vista a la obra para dar a conocer los avances del proyecto. En estos momentos trabajan una media de 100 trabajadores, un tercio de los obreros de su rascacielos vecino, pero llegarán a ser 300 cuando la obra esté más avanzada. "Se trata de un proyecto más complicado que el de la Torre Iberdrola", comentó a pie de obra Alfonso Casares. En un futuro ambos edificios se mirarán de frente.
Ya está construido el perímetro de lo que será la nueva clínica en la que trabaja un centenar de trabajadores para que dentro de siete meses ya se alcance la primera altura del edificio. La profundidad de la fosa excavada hace que los obreros se vean como pequeñas piezas de una obra faraónica.
Durante 2011, el edificio tomará su aspecto definitivo, con sus espectaculares fachadas y con la equipación en su interior de las últimas tecnologías médicas. Lo primero ha sido demoler los suelos asfaltados de la antigua campa de conciertos y triturarlos para su reciclaje y reutilización para otros usos. A finales de enero se comenzó la ejecución de los muros de pantalla enterrados, de una extensión superior a 8.500 metros cuadrados, encargados de soportar las tierras colindantes durante la fase de excavación de los sótanos. De hecho, hay de momento más de 400 anclajes con una longitud total de más de 10 kilómetros.
El proceso de obras se ha diseñado teniendo en cuenta las especiales circunstancias de dificultad que acompañan al tipo de terreno en el que se construye la clínica. Son tierras formadas por fangos ligados a la ría del Nervión, de poca consistencia y que hacen que el trabajo de cimentación cobre especial importancia.
Las excavaciones comenzaron a mediados de marzo y están a punto de finalizar. En total, se han retirado más de 90.000 metros cúbicos de tierras, que han supuesto unos 6.500 viajes de camiones, equivalente a un volumen de 36 piscinas olímpicas. En mayo comenzaron los trabajos de cimentación que incluyen más de 17.600 metros de micropilotes y, en estos momentos, ya han comenzado a buen ritmo los trabajos de estructura de plantas, apoyadas en la cimentación. En otoño será visible desde el exterior su elevación, y se prevé su finalización en enero de 2011. El edificio se construye sobre una parcela de más de 9.000 metros cuadrados, donde el IMQ invertirá 85 millones de euros. La fachada poligonal prevista para la hospitalización convierte a este bloque en la pieza más singular del proyecto, y probablemente en la imagen del mismo.
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