Publicidad
Herramientas de Contenido
Tour 2011[Entrar | Registrarse]
Publicidad
Alberto Contador minimiza la pérdida en Avoriaz, pero asume su error y sugiere que adoptará una manera más prudente de correr en las próximas etapas: "Tengo que seleccionar a todos mis rivales"
alain laiseka - Martes, 13 de Julio de 2010 - Actualizado a las 04:40h
votos
comentarios
Samuel Sánchez y Alberto Contador aprovecharon la primera jornada de descanso. (FOTOS: AFP Y EFE)
Vista:
Morzine-avoriaz. Ayer, día de descanso, las piernas negras y trilladas, los corazones fatigados, los pulmones sofocados agradecen dos horas de paseo en bicicleta, el baño y masaje de los ciclistas, mientras las cabecitas continúan dando pedales fatigosamente en el replay del último kilómetro de Avoriaz, un asunto sesudo, proclive a análisis extremos. Todo por diez segundos y un desenlace inopinado: Contador no fue el mejor.
En Morzine, la mirada de los picos de los Alpes desde el cielo azul celeste, Carlos Sastre, una década corriendo bajo ese castigo en Francia, amanece temprano y el calor, el horno otra vez, le hace pensar que este año el Tour, los Alpes aún pendientes, la carrera por el Macizo Central donde no sopla la brisa y cada bocanada de aire expirada es un trago de fuego, los Pirineos, ¡ay los Pirineos!, será una cuestión de supervivencia, el arte supremo de la adaptación. Horas más tarde, a las 15.00, el sol cayendo en picado sobre la terracita del Chalet Au Coin du Feu, aparece Contador con la sonrisa abierta y complace a la prensa gráfica. Se enfunda la casaca roja española con su nombre y número, Contador, el 1, serigrafiados en la espalda, "un regalo", y se marca sobre el césped unos toquecitos con el Jabulani entre los vítores de los entusiastas fotógrafos, forofos y no, que han hecho el día. Faltan las palabras, que las doma mejor que al balón. Y como si hubiese escuchado hablar a Sastre, explica que ayer por la noche, tras la final del Mundial, tuvo tiempo de ver la etapa, de observar la penitencia de Armstrong, que más que liberación le produce la profusa admiración que todos los grandes campeones emanan como fragancia de romanticismo en su caída, pero más que eso, la vertiente emotiva, honores al Dios Armstrong -"siempre he sentido admiración por él, pero ahora quizás sienta una admiración mayor"-, la reconstrucción de lo sucedido, el suculento último kilómetro, le hace recapacitar. Como si estuviese aún allí, enumera las arrancadas de sus rivales, Kreuziger, Van den Broeck, Samuel, Gesink... "Salí a por los cuatro". Al quinto, a Andy, le tuvo que dejar marchar. Se había ahogado. ¿Un síntoma de debilidad?
Minimiza la pérdida Contador, pero los diez segundos y, sobre todo, el resquebrajamiento de su aura de imbatibilidad hacen que examine la situación y sublime la supervivencia a su instinto, su hermosa manera clásica de interpretar el ciclismo, para ganar el Tour. "Tengo que seleccionar mejor a mis rivales en lugar de salir a por todos", dice asumiendo el error de su excesiva exposición, la trampa del ansia irrefrenable de un ciclista acostumbrado a castigar y que en el castigo encuentra una manera púdica de involucrar a los rivales que caminan en la sombra. "Puede que al final", concede, "todo esto sea hasta bueno porque ahora habrá gente que vea que tiene más opciones y su motivación puede venirme bien". Lo que quiere decir que Contador, el jinete asesino, el devastador, el incontenible, es que piensa en una manera más sutil y prudente de correr. "La táctica varía según las situaciones y ahora no tengo necesidad de atacar, las cosas me van bien y mi sitio en la clasificación es bueno", precisa sin decir nada pero contando mucho, como que otros equipos serán los que deban agarrar por los cuernos el toro del Tour. Andy, por ejemplo, que, subido aún en la nube de Avoriaz dijo ayer sentirse confiado en poder ganar el Tour, aunque para ello necesite llegar de amarillo y con un mucho margen a la crono de Burdeos, después de los Pirineos.
samuel pasa página "De los errores se aprende", asume Contador, pero la frase la podría haber firmado Samuel Sánchez, en cuyo hotel, apenas cien metros ladera arriba del que ocupa el Astana, ha amanecido proverbial el líder de Euskaltel-Euskadi. "Agua pasada no mueve molinos"; o, más deportivo, "hoyo que has jugado, está pasado"; o, más ciclista, "no siempre gana el más rápido, sino el más fuerte; y no siempre el más fuerte, sino el más inteligente". Todo eso para explicar que el domingo por la noche, acabada la etapa y asimilada una derrota dolorosísima pero que no debe ser el arbusto que oculte el frondoso bosque de su colosal rendimiento en la primera llegada alpina, le dio las vueltas justas a lo sucedido y que cierra el apartado de rezos y lamentos -"tenía tantas ganas de ganar una etapa en el Tour, de solucionar antes del primer día de descanso el papel de Euskaltel para afrontar más tranquilos los Pirineos, que me dejé llevar por el corazón", expone- para pensar en el futuro inmediato. El Tour continua, dice Samuel, que espanta la euforia pese a ser el más fuerte, junto a Andy, en la llegada a Avoriaz e insiste en que una etapa sigue siendo el objetivo ineludible, prioritario ante la general. Que piensa que no son suficientes 10 segundos para voltear la jerarquía del Tour, que nada cambia tras aquel kilómetro, que Contador sigue siendo Contador, "el más fuerte, él y su equipo", pero que quién sabe, que el Tour, como Contador sigue siendo Contador, es el Tour, una carrera abierta impredecible que, por ejemplo, un día inopinado en un puerto inopinado acaba con el mito de Armstrong. "Lo que demuestra", razona el líder naranja, "que Armstrong es humano y que el ciclismo… El ciclismo es, simplemente, así".
Publicidad
Gracias por su comentario
Publicidad
Publicidad
Publicidad
18:47
18:19
17:42
Esait denuncia que Policía y Guardia Civil requisaron violentamente ikurriñas
También camisetas con el texto 'Euskal Herria'
17:33
17:16