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Miles de personas se concentran en los márgenes de la ría para asistir a un emotivo, ruidoso y colorido
adiós. Marijaia arde empujada por las traineras y se sumerge en el fondo de las aguas hasta el próximo año
Lunes, 30 de Agosto de 2010 - Actualizado a las 04:41h
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ASTE Nagusia tiene algo especial. Son sus pequeños detalles, sus matices y, al mismo tiempo, su esencia y su alma, tal vez sea Marijaia, que le dan ese aire inconfundible, ese toque que la hace inolvidable para aquellos que tienen la suerte de vivirla aunque sea una sola vez en la vida. Por eso, quienes la han experimentado, ya sea en una o en más ocasiones, no pueden evitar sentir una pequeña angustia en el pecho que les envuelve cuando ven acercarse el fin de fiesta de Aste Nagusia.
Marijaia dio ayer el último paseo de esta Aste Nagusia. Lo hizo por la ría para despedirse de quienes acudieron a su encuentro. La reina, a bordo de un catamarán, zarpó del puente de La Merced custodiada por dos traineras con remeros de La Tomatera de Deusto vestidos con trajes blancos y con el pañuelo de fiestas al cuello. En uno de los botes, Isidro Elezgarai y Aratz Irazabal, los incombustibles pregonero y txupinera de este año, acompañaron a Marijaia en su despedida, como ya lo hicieron el día de su llegada.
"Todo ha sido emociones y muestras de respeto. Todo ha pasado tan rápido delante de mis ojos que no lo he podido disfrutar, lo haré ahora con el recuerdo de todo lo vivido. Da mucha pena que se acabe, pero también paz, porque estoy agotado", expresó el pregonero.
Todo el recorrido estuvo amenizado con un espectáculo de luces y música. Un cañón de luz guió el camino de Marijaia hasta el recinto festivo. El ambiente iba creciendo en intensidad y alcanzó su momento más emotivo cuando las txosnas y la calle fueron apagando sus luces al mismo ritmo que Marijaia tomaba la curva del Arriaga.
La música se intensificó a su llegada al puente de El Arenal, y allí comenzó un espectacular show pirotécnico que auguraba el final destinado para Marijaia. Luces y sonido... el público quedó fascinado viendo cómo los fuegos surgían desde el agua y desde la embarcación que trasladaba a Marijaia.
La reina de Aste Nagusia llegó al Ayuntamiento de la villa a través de un camino de fuego y rodeada de efectos pirotécnicos que fueron surgiendo a su paso y que desaparecían tras ella. Éste fue el toque de color de la fiesta.
La noche tocaba a su fin. Así que, una vez alcanzado el puente del Ayuntamidento, comenzó el turno de las despedidas. El honor le correspondía a una de las personas más activas en esta semana de fiesta y alegría. El pregonero, Isidro Elezgarai, -ha estado en casi todos los actos oficiales y no oficiales- recibió a Marijaia el pasado sábado y, ayer, también la despidió.
Entonces, la txupinera lanzó el último txupin de su mandato. Este acto puso punto final a una noche mágica. Mariajaia fue poco a poco hundiéndose, impulsada por las traineras y envuelta en llamas, al ritmo de Agur Marijaia!, himno de la quema de la protagonista de Aste Nagusia.
"Ha sido una semana de mucho trabajo, pero al final con pena de que se acabe. Se ha pasado todo muy rápido. Alargaría Aste Nagusia una semana más, incluso, dos si no fuera por el dolor de pies", aseguró la txupinera.
Un fuego purificador que puso fin a las fiestas y que simbolizó un nuevo comienzo. Al igual que Marijaia, Aste Nagusia se fue consumiendo y Bilbao quedó en penumbra mientras su dama navegaba ría abajo impulsada por las traineras. Después, comenzó la lluvia de fuego de la pirotecnia valenciana Pirofantasía Carlos Caballer.
"El pronostico se ha cumplido. Ha sido una Aste Nagusia totalmente exitosa y una despedida maravillosa e íntima. Marijaia es nuestro icono y se merece que le rindamos homenaje con todo el respeto", matizó Isabel Sánchez Robles, concejala de Turismo y Fiestas.
adiós emotivo Marijaia, el sol de Aste Nagusia, su astro reina, ardió ayer para llevar a los bilbainos, de forma inevitable, al ocaso de las fiestas. Sus cenizas se esparcieron por la ría y pusieron el punto final a nueve días de gozo y felicidad absoluta.
No más Badator Marijaia. No más pañuelo azul al cuello y programa de fiestas en el bolsillo. No más txosnas, comparsas ni concursos gastronómicos en El Arenal. No más churros, manzanas de caramelo ni algodón de azúcar en el recinto ferial. No más conciertos en Abandoibarra, en La Pérgola, en la Plaza Nueva o Botica Vieja. No más espectáculos ni teatros callejeros. Ya retiran los escenarios, ya desmontan el Txikigune. Ya acabó Aste Nagusia.
Pero, no lloréis villanos, no os entristezcáis por vuestra reina, porque la cuenta atrás ha comenzado. Cada segundo que pasa desde su despedida nos acerca un poco más a su regreso. Ya queda menos para que Marijaia resurja de sus cenizas cual ave fénix. Para que vuelva con nuevas fuerzas para ofrecer a todos los bilbainos otros nueve días de regocijo y algarabía. Agur Marijaia. Datorren urtera arte!
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