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Los chóferes del Bizkaibus entre el aeropuerto y Termibus hacen de improvisados guías para los turistas
Adrián Legasa - Miércoles, 1 de Septiembre de 2010 - Actualizado a las 04:39h
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Felipe Alaña indica a dos jóvenes recién llegadas cómo llegar a los principales puntos turísticos de Bilbao antes de ayudarles a subir sus mochilas al autobús. (Foto: Zigor Alkorta)
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Bilbao
YOU are welcome", saluda con fluidez Felipe Alaña. Lleva más de diez años conduciendo el autobús que une el aeropuerto de Loiu con Bilbao, la línea de Bizkaibus más internacional. Sentado al volante, da la bienvenida a ingleses, alemanes y asiáticos. "Soy la primera cara que ven al llegar. Soy el portero de Bilbao", presume.
Conducir un autobús no es sencillo y en el caso del servicio que va al aeropuerto, menos. El vehículo mide 15 metros de largo y es especialmente bajo para que los turistas puedan subir cómodamente sus maletas. Además, "algunos viajeros me piden que vaya más rápido para que puedan llegar a tiempo a coger el avión", apunta Alaña. El veterano chófer asegura que estas peticiones no le influyen a la hora de pisar el acelerador. "Tengo dos maneras de conducir. Si voy tranquilo tardo media hora y si voy rápido treinta minutos", bromea.
La ruta a Bilbao atraviesa los túneles de Artxanda y pasa al lado del Guggenheim. "Se monta un escándalo terrible. Los turistas no se esperan ver el museo tan de cerca y tan de repente", asegura Alaña, quien aprovecha para dar algunas explicaciones a los pasajeros mientras el autobús baja hacia Alameda Rekalde. "Sólo me falta el micro. Si el tráfico lo permite voy despacito en este punto para que puedan sacar fotos. Esto es como un tren turístico", dice Alaña.
Javi es otro de los cicerones de Bilbao. Lleva 12 años en el enlace que va al aeropuerto y su inglés es casi perfecto. "No tengo ningún problema para comunicarme. Si algún turista no sabe inglés me comunico por gestos. Es todo cuestión de voluntad", explica Javi. "Te preguntan por la ubicación de su hotel y muchos me piden que les diga algunos lugares para visitar. Les mando al Guggenheim, al Euskalduna y a la Alhóndiga, y siempre les digo que, para comer, lo mejor es ir a tomar pintxos al Casco Viejo", comenta este guía improvisado que ha recibido más de una queja de los turistas. "Al volver al aeropuerto protestan por que los domingos está todo cerrado. Si queremos hacer de Bilbao una ciudad turística habrá que abrir también los días de fiesta, que es cuando más visitantes vienen", reclama Javi, que ha tenido que practicar incluso psicología de forma ocasional. "En este trabajo haces de todo. Cuando hay viento sur, los aviones dan bandazos al aterrizar y los pasajeros bajan muy asustados. Entonces toca tranquilizarles, aunque alguna vez he visto aterrizajes en los que parecía que se iba a estrellar el avión", reconoce el chófer, quien tuvo que calmar los ánimos de cientos de pasajeros que no podían despegar de Bilbao a causa de la nube volcánica. "Llevaba gente al aeropuerto y nadie podía salir de allí. Cada vez había más personas en Loiu y el servicio de autobuses no para nunca. Se llenó el aeropuerto de viajeros desesperados porque no podían volver a sus casas. Hubo que armarse de paciencia y devolver a todos los extranjeros al albergue de Bilbao. No entendían por qué no despegaba su avión y tuve que hacer de psicólogo de más de uno. En inglés, claro", recuerda Javi.
Juan Luis Rojo lleva menos tiempo siendo otro portero de Bilbao, pero en un año ya ha aprendido la lección. "Este trabajo comprende mucho más que llevar el autobús", explica mientras cobra el billete a dos turistas extranjeras. "It"s one thirty", les aclara con acento castellano. "Chapurreo un poco de inglés. Lo justo. Por lo que más me preguntan los extranjeros es por la ubicación de sus hoteles y por la del Guggenheim, y sé dar las indicaciones básicas. The center of the town, go to the right, to the left... Ese tipo de cosas", explica mientras sube varias maletas a bordo.
de botones El vehículo está especialmente diseñado para transportar equipajes pesados. Además de unas baldas metálicas para colocar las maletas, el centro está libre de asientos para que se puedan acomodar los viajeros con más bultos. Juan Luis, Javi y Felipe ayudan cuando una persona se ve con dificultades a la hora de acceder al vehículo. "Hacemos lo que podemos. En las paradas situadas en mitad del trayecto no tenemos tiempo para bajarnos y echar una mano, pero siempre que es posible hacemos también un trabajo de botones", dice Alaña. Tras una década en esta peculiar línea, el orduñés se sabe todos los trucos del oficio. Su cabina está rodeada de mapas, planos de Bilbao y panfletos hoteleros, con los que facilita a los visitantes su llegada a Bilbao. Alaña compatibiliza sin agobios su amabilidad con la puntualidad del servicio. "Ahí está el secreto de un buen conductor. Llevar un autobús no es complicado, tampoco si es de quince metros. Sin embargo, este trabajo tiene su miga, porque hay que cumplir un horario pero, a la vez, estás trabajando de cara al público y no puedes ser un borde", apunta.
Para facilitarles la labor, en todos los autobuses hay colocado un ordenador, el SAE, que avisa cuando la ruta no cumple con el horario previsto. "Cuando ves una persona corriendo con maletas hacia la marquesina ya sabes que es para ti", explica Rojo, que espera a sus clientes "diga lo que diga el SAE". "La prioridad es no dejar a nadie en tierra", asegura el joven conductor, que en estos casos aprovecha otras paradas para recuperar el tiempo perdido. "Si andas un poco tarde cobras y no das conversación a la gente, pero sin ser desagradable", añade.
Los cicerones de Bilbao tienen mil y una anécdotas que contar. Javi recuerda que, hace un par de años, se encontró "con un regalito" cuando todos los viajeros se bajaron en Loiu. "Había un maletín negro. Yo no lo abrí, pero nada más verlo supe que tenía algo gordo", cuenta. "Lo llevé a la oficina de objetos perdidos del aeropuerto y allí estaba su dueño, preguntando por un maletín con 4.000 euros dentro", dice Javi. "En otra ocasión tuve que recoger a una niña de 18 años que había perdido la cartera y tenía que coger un avión". "No le iba a dejar en tierra, le pagué yo el billete", asevera el conductor.
Las normas de Bizkaibus impiden a sus trabajadores aceptar billetes de 50 euros, pero esa regla se adapta a los usuarios de esta particular línea. "Llevo siempre dinero encima porque los que bajan del avión suelen venir con billetes grandes", explica Alaña. "En este oficio se palma mucha pasta", comenta el chófer, quien ha llegado a aceptar dólares como moneda de pago. "Cuando el dólar estaba más caro ganaba dinero. Ahora les digo que me inviten a un café y sigo ganando", sonríe Alaña, un auténtico cicerón que, como Javi y Juan Luis, con su paciencia facilita a los visitantes su aterrizaje en Bilbao.
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