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por Jon Mujika - Miércoles, 15 de Septiembre de 2010 - Actualizado a las 04:41h
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Pablo González de Langarika, Tachia Quintanar y Toni Vega sentados en un banco. (foto: oskar martínez)
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En 1956 conoció a Gabriel García Márquez y prendió la llama. Tanto que fuego que años más tarde, el letrudo colombiano le dedicaría su obra El amor en los tiempos del cólera en su edición francesa. Ella era, ya entonces, Tachia, aunque durante años fue Conchita Quintana, una eibarresa de inquietudes literarias y revolucionarias. EL nombre se lo puso otro gran escritor, Blas de Otero, con quien intimó en sus años de estudios en Bilbao. Cuenta con voz envolvente cómo un amigo de Gabo le invitó a un recital en París de la ropia Tachia, donde iba a recitar al poeta del 4º derecha del número 30 de la calle Hurtado de Amézaga. Dicen que García Márquez exclamó: ¡Una chica recitando poesía: aburridísimo! y no fue. Acabado el recital, su amigo se acercó con Tachia al café donde el escritor colombiano aguardaba y ahí comenzó todo...
Sería injusto, no obstante, juzgar a Tachia Quintanar por sus lances y encuentros con escritores. No en vano, es una recitadora mayúscula. Es una poeta de fábula que durante años ha trabajado en el exilio, codo con codo con Pablo Ibáñez entre otros artistas. Su aparición ayer en la sala BBK de Gran Vía 19 fue deslumbrante. Una mesa antigua y un banco del parque, alumbrado por una farola, recreaban un escenario. "La luz es fría", susurraba Tachia en los preámbulos. Fría, tal vez; pero nunca contagiosa. Tachia recitó con la memoria (ni un sólo papel que llevarse a la boca...), el corazón y las manos. Con el pelo corto y ensabanado y una voz enredadera puso en pie al auditorio al abrochar un recital ad hoc que llevaba por nombre Yo voy soñando caminos y por apellido Un paseo por la poesía española y latinoamericana. Junto a ella Pablo González de Langarika, arquitecto de las II jornadas de Poesía Vasca BBK, y Toni Vega, compañero de viaje para el recital.
La presencia de Tachia abrió el apetito de los líricos de Bilbao, así que la sala fue llenándose con pausa, como si se tratase de una peregrinación a ver una reliquia del pasado. Nada más lejos de la realidad. La voz de Tachia sobrecoge y su puesta en escena embriaga. Dieron fe de lo que cuento Carlos Launaz, Lola Lobato, José Fernández de la Sota; el rapsoda Lorenzo Jiménez, quien también ejerce el bello arte de la recitación de memoria -da la sensación de que los versos brotan del interior, como el agua de un arroyo de las entrañas de la montaña...-; Teresa Alonso, Luis María Cibrián, Octavio Fernández-Zotes, María Pilar Alonso; el pintor José Luis Tolosa, Marino Montero, Elena Marsal, Itziar Leal, Juan Gerekiz, Pablo González, de patricias barbas; Isabel Agirre, Carmen Hernández, María Teresa Bilbao, María Begoña Marañón, Carmen Rodríguez, Maite Suárez, José María Idigoras, Jesús del Campo; el compatriota de Tachia, Joseba Mendiguren, llegado ex profeso de Eibar para la ocasión; Rafael Calviño, en nombre de BBK, Maite Viñas, Carmen Andrés, Sebastián Gartzia Trujillo, Loli Mena, Margari Herrero, Fernando Zamora, Pilar García, Daniel Ojanguren, Manuel Marcos y un buen número de gente sensible que emprendió, junto a la amiga Tachia, un paseo peligroso, uno de esas travesías que comienzas y quieres que nunca acabe.
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