Publicidad
Herramientas de Contenido
[Entrar | Registrarse]
Publicidad
César Ortuzar - Jueves, 21 de Octubre de 2010 - Actualizado a las 20:53h
votos
comentarios
El presidente del Athletic de Bilbao, Fernando García Macua, durante la Asamblea General Ordinaria (Pablo Viñas)
Vista:
BILBAO. Pasadas las 19.30 horas, la cola, extensa, gruesa, reivindicativa era tan notable, tan numerosa, tan ventruda y contestataria en el palacio Euskalduna, que incluso Fernando García Macua cayó en la cuenta desde la tribuna de oradores que presidía en la Asamblea General Ordinaria que el sector crítico obtendría con suma facilidad las 120 firmas necesarias –el 20% de los 600 socios compromisarios asistentes a esas horas–, para desactivar su propuesta de ratificar a los tres nuevos directivos: Carlos Lasa, Jesús Arancibia y Jone Miren Artetxebarria mediante una votación a mano alzada, que decidió cortar la imagen que le impactaba una y otra vez con dureza en la mandíbula de la retina. Ante lo insoportable de la escena, García Macua optó por frenar la hilera de los socios compromisarios que levantaron la voz y su mano a modo de protesta. Desorientado, sorprendido y sobrepasado por la respuesta del tejido social, que lanzó un serio aviso al máximo mandatario del club, García Macua debió aceptar apesadumbrado la propuesta de los socios.
La maniobra de Macua, desencajado y superado por el paisaje que se movía ante sí camino de la mesa de secretaría donde se recogía el voto de los compromisarios al primer punto del día, segó de cuajo la votación de los socios que deseaban que el sufragio fuera secreto antes de tiempo para acolchar la contestación crítica de la masa social a su planteamiento. La proposición de Macua fue recusada con voces roncas y gestos torcidos por los compromisarios al entender que el presidente del Athletic tenía que dejar que todos los que hacían cola pacientemente pudieran firmar para lograr que se votara de manera secreta.
Fue el segundo error cometido por Macua, al que le venció su suficiencia y su poco encaje ante el acto de reivindicación de los socios. El primero lo cometió el presidente cuando se agarró al régimen estatutario del club para revocar las firmas obtenidas por los críticos a su planteamiento en las inmediaciones del Euskalduna. Las rúbricas tenían que ser cotejadas no sólo dentro del Palacio, sino que éstas también tenían que ser repetidas ante la secretaría del club. Esto produjo un considerable enojo entre los asistentes, que acudieron en masa a la mesa de firmas para mostrar su objeción a la proposición del presidente.
Publicidad
Gracias por su comentario
Publicidad
Publicidad
Publicidad
21:34
21:21
21:14
21:06
20:53