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Por Tasio Erkizia, * Ezker Abertzaleko militantea - Viernes, 22 de Octubre de 2010 - Actualizado a las 04:44h
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ES evidente que un proceso democrático que nos conduzca a un escenario político en el que todas las opciones tengan las mismas oportunidades necesita de la decidida implicación del máximo de los agentes vascos. Y el PNV, sin duda alguna, tiene un papel preponderante en dicho proceso.
El protagonismo, al igual que el compromiso, en este proceso democrático necesariamente debe ser compartido entre todos los agentes políticos y sociales que están dispuestos a actuar con honestidad y valentía. Y en este sentido, el PNV, por su peso electoral, tiene una relevancia especial. Es más, yo diría que en las actuales circunstancias puede resultar crucial y determinante. Debe ser un proceso en el que a nadie se le excluye, pero en el que al mismo tiempo nadie ostente el derecho al veto.
Con la izquierda abertzale realizando una opción inequívoca por las vías exclusivamente políticas y democráticas, la organización armada ETA que públicamente ha anunciado el cese de sus acciones armadas y su voluntad de ir "mucho más lejos", según sus propias palabras; y además con un amplio abanico de partidos, sindicatos y organismos sociales firmando en Gernika un documento que pone las bases para dar paso a una fase de diálogo y negociación, se abre en Euskal Herria una ocasión única para la consecución de una paz justa y negociada. En este tesitura, la decidida apuesta de ELA y el PNV por un proceso democrático situaría a los unionistas españoles en general y al PSOE en particular en la obligación de reconocer los derechos básicos de toda la ciudadanía vasca.
Hay encrucijadas en las que a los partidos y a los distintos agentes se les exige altura de miras y una de ellas es la actual. No es momento para cálculos electorales, análisis inmediatistas ni partidismos. Es la hora de actuar con la mirada puesta en el futuro de la nación vasca. Y es seguro que un escenario de respeto de los derechos humanos, y en consecuencia de las bases para la convivencia ciudadana, nos resultará favorable a todos. ¿Si es un proceso favorable para los intereses de Euskal Herria, cómo no va a resultar interesante también para todos los partidos y agentes sociales en general? Apostar en sentido contrario es reconocer que nos mueven intereses partidistas e incluso inconfesables.
Corresponde a la sociedad vasca ser la auténtica protagonista de este proceso democrático, pero también los partidos políticos tienen una función específica y crucial, siendo fundamental para ello definirse, romper inercias y actuar con valentía. Para que se dé ese diálogo sincero y franco entre los distintas expresiones políticas, la primera condición es que exista un respeto entre las mismas. Respeto que es compatible con la crítica pública, siempre que se realice con corrección y sin caer en descalificaciones gratuitas. Y la segunda condición es la voluntad de aceptar lo expresado libremente por la ciudadanía vasca.
El pacto PSOE-UPN-PP, que tuvo su arranque hace varios años en Nafarroa Garaia, se ha extendido a Araba, Gipuzkoa y Bizkaia. El objetivo fundamental del mismo es negar la propia existencia de Euskal Herria aplicando la política de borrar sistemáticamente nuestras señas de identidad. La obsesión de imponer su idea de la España grande y libre le llevan a un proceso de españolización forzada. Han diseñado una estrategia española para reconquistar las tierras del norte que tan poco apego voluntario muestran. Han acordado un frente anti vasco de grandes dimensiones: junto a las constantes ilegalizaciones de organismos populares y partidos que ofrecen resistencia a la política de tierra quemada, han programado un progresivo empobrecimiento y dependencia económica para con España, una campaña mediática e ideológica de desprecio y marginalización de las distintas expresiones del nacionalismo vasco, y el euskara y la cultura vasca se ridiculizan o las reducen a la mínima expresión. Se ha levantado la veda contra todo lo positivo relacionado con nuestro pueblo.
Ante esta estrategia, ¿cuál debe ser la actitud de los vascos-as? Seguir desunidos significa fortalecer el pacto español contra los vascos. Euskal Herria nos está demandando con urgencia una estrategia vasca en defensa de nuestra identidad y personalidad propia. No es una estrategia anti española sino en defensa de nuestra nación diferenciada. El respeto hacia España es total, en la medida que ellos nos respeten. Eso sí, se van a encontrar con la horma de nuestro zapato siempre que traten de imponernos su voluntad, violando así la voluntad mayoritaria de nuestra sociedad.
Acordar una estrategia vasca común no significa ir de la mano o conjuntamente a las elecciones, ni quiere decir necesariamente la desaparición de las diferencias entre nuestros partidos. Diseñar una estrategia vasca conlleva acordar entre los partidos y agentes del ámbito de nuestra tierra: 1.- La defensa en común de todos los derechos humanos, civiles y políticos, comenzando por el de la vida y terminando por el de participar en igualdad de condiciones en el campo electoral. 2.- Hacer causa común en un plan de reuskaldunización e impulso de la cultura vasca, así como en la planificación de los distintos sectores económicos. 3.- Un acuerdo básico sobre el proceso democrático y las distintas etapas que debemos recorrer para que se nos reconozca el derecho a decidir nuestro futuro libremente y sin injerencias externas.
"Lehenik aberria eta gero alderdia", les hemos oído decir muchas veces a los viejos gudaris. Ése es el lema que nos compromete a todos. Una apuesta decidida en este sentido, de todos los partidos, incluido el PNV naturalmente, va acelerar el alumbramiento de un nuevo tiempo político en Euskal Herria. No actuar responsablemente en una coyuntura tan importante puede acarrear nefastas consecuencias, en forma de más sufrimiento y aumento de la tensión social. La paz justa hoy es más posible que nunca, para lograr tan preciado tesoro se necesita compromiso y lealtad para con nuestro pueblo.
Dicen que el PNV, en las últimas negociaciones mantenidas con Zapatero, ha puesto sobre la mesa el tema de la paz en Euskal Herria. ¿Pero la práctica política despierta esperanza o, una vez más, nos augura una nueva apuesta por los intereses partidistas? ¿No es verdad que, en este asunto, los dirigentes jeltzales parecen anclados en las mismas posiciones que los del Gobierno de Madrid? El problema de fondo es de falta de voluntad política y la pregunta clave es: ¿qué pasos estamos dispuestos a dar para acordar una estrategia vasca frente la cerrazón del centralismo? Hay una oportunidad inmejorable para pasar a la historia por la puerta grande.
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Gracias por su comentario
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