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El presidente español se entrevistó con el líder del PNV, que planteó aprovechar el escenario abierto
MÍRIAM VÁZQUEZ - Domingo, 31 de Octubre de 2010 - Actualizado a las 04:44h
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Urkullu y Zapatero. (EFE)
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BILBAO. El Gobierno español ha cogido el guante. Si el PNV recalcaba a Zapatero que el acuerdo presupuestario que ha posibilitado su continuidad en Madrid habría de redundar en que no desaprovechara un minuto de su prórroga a la hora de trabajar por la paz y la normalización, el PSOE habría respondido, por lo pronto, interesándose por las recetas del partido de Sabin Etxea al respecto. Según ha podido saber DEIA, el mandatario sostuvo el miércoles un encuentro con el líder del EBB Iñigo Urkullu -a petición del socialista- para abordar el nuevo escenario abierto en la CAV con motivo de los últimos movimientos de ETA y de las reflexiones de la izquierda abertzale histórica.
La cita, a la que también asistió el número dos del Ejecutivo español, Alfredo Pérez Rubalcaba, se produjo en una semana marcada por las novedades en el camino hacia la resolución del conflicto. Mientras cobraban peso los rumores sobre una eventual flexibilización en la postura del equipo socialista, y mientras se auguraban deserciones en las filas de los escépticos en beneficio de posturas más generosas ante la sensibilidad ilegalizada, la propia izquierda abertzale oficial confirmaba hallarse trabajando en la confección de un nuevo partido con vistas a plantar batalla en las elecciones del próximo año.
El encuentro entre los representantes del gabinete estatal y el burukide, que se desarrolló en el transcurso de una cena en La Moncloa, sirvió para que el abertzale planteara a Zapatero la necesidad de aprovechar la oportunidad y subirse al tren de la normalización y la pacificación si se materializaran las circunstancias pertinentes. Un escenario que, según expuso Urkullu, habría de dibujarse con el respeto a los derechos y con el compromiso con un alto el fuego definitivo por parte de ETA, o bien con un paso -inequívoco, según exigen los jeltzales- de la izquierda ilegalizada a favor de la vida. El PNV plantea también demandas que recalan en el Estado, al que instan a una remodelación en la política penitenciaria.
No obstante, será difícil que el Gobierno español adopte una postura determinada al respecto antes de que ETA o la izquierda abertzale tradicional muevan ficha. De hecho, aunque Zapatero y Rubalcaba escucharon atentamente las iniciativas del abertzale, no asumieron ningún compromiso concreto. A pesar de ello, parece asumido que socialistas y jeltzales tendrán nuevas oportunidades para intercambiar opiniones, como así lo acreditaría la nutrida agenda de encuentros ya sostenidos entre ambas formaciones para abordar la superación del conflicto. Ya son siete. Las últimas tres citas -la del miércoles y las mantenidas en septiembre con motivo del acuerdo presupuestario-, sin embargo, habrían asistido a una mayor profundización en dicha materia.
En este sentido, en las últimas jornadas, el PSOE ha dado cumplidas señas de fiar a la pacificación su destino y su posibilidad de repetir en Moncloa, en lugar de a una crisis que podría no escampar a tiempo para las elecciones de 2012. En este propósito se enmarcaría la última gran remodelación de su Gobierno, con la elección de un ministro del Interior como vicepresidente. Rubalcaba, asimismo, contaría con un doble perfil marcado no sólo por su tarea en el departamento, sino por su buena relación con los jeltzales, que garantizaría a Ferraz un hilo directo con Sabin Etxea, a sabiendas del papel que ocupa el PNV en la CAV como partido central -y más votado- con facilidad de interlocución y mediación entre unas y otras sensibilidades políticas. La inclusión del socialista vasco Ramón Jáuregui en el equipo de Rodríguez Zapatero obedecería al mismo objetivo.
LOS "LÍOS" DEL PSE El PSOE responde así a los últimos movimientos, de la misma forma en que ya lo hiciera antes el PNV proponiendo un diálogo multipartito. Una propuesta fuertemente criticada desde el Gobierno vasco que, a pesar de ello, decidió subirse posteriormente al carro de la normalización haciendo borrón y cuenta nueva de sus críticas. El lío en el socialismo vasco, sin embargo, sigue presente. Así lo atestiguan los desmentidos -negó haberse reunido con la izquierda ilegalizada- y la falta de discurso común con un presidente, Jesús Eguiguren, que insinuó no estar al corriente de todo lo que se cuece en su partido. Un enroque frente a la izquierda abertzale oficial al que le aboca su pacto con un inamovible Partido Popular -del que depende su pervivencia en Gasteiz-, dejándole fuera de juego en el nuevo escenario, como ya lo hiciera en las negociaciones competenciales.
Iñigo Urkullu, por su parte, lamentó en un artículo publicado ayer en su blog las informaciones sobre esa cita filtradas a algunos medios -en referencia a El Mundo-, y aseguró que se habló de "muchas más cosas" de las que se mencionan en dicha información. En este sentido, precisó que se habían abordado cuestiones como la normalización, la pacificación, el respeto a la mayoría social vasca y a la pluralidad -así como a la voluntad de la misma-, la aplicación de una política penitenciaria distinta, la posibilidad de defender todas las ideas políticas democráticas, y el compromiso con los derechos.
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