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La localidad de la Rioja Alavesa lleva enfrascada cinco años en el debate sobre un proyecto de campo de golf, que cada día está más enquistado. La operación podría acabar en los tribunales
Raquel Ugarriza - Domingo, 14 de Noviembre de 2010 - Actualizado a las 04:45h
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Rafa Tavera, Manolo Hernández Osante y Silvano García, de la plataforma Torrolate, observan los terrenos en las fldas del Toloño elegidos para construir el campo de golf. (Juan Lazkano)
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LABASTIADA. Sol en lo alto, un día espléndido de otoño en la Rioja Alavesa. Las hojas de las vides estallan de colorido después de haber dado sus frutos. Pero la aparente placidez del día no puede ocultar el enfrentamiento soterrado que se respira desde hace cinco años en Labastida, debido al proyecto de construcción de un campo de golf de 18 hoyos, completado con un hotel de cinco estrellas y 750 viviendas. Las discrepancias han llegado a lo personal, hasta dividir familias cuyos miembros se cruzan cada día en las calles de una localidad de 1.500 habitantes, cuya población se dispara en verano y puentes festivos hasta las 8.000 personas. Lo más curioso del asunto es que por aquí nadie habla de palos, swing o cadis ni se espera la visita promocional de Olazabal o Ballesteros. Porque el green de Labastida está en el aire. Más aún, el proyecto de construcción está enquistado y condiciona gran parte del debate sobre el futuro de la localidad, todo ello en medio de un fuego cruzado de denuncias de prevaricación y pelotazo urbanístico, dimisiones, informes y contrainformes procedentes al menos de seis instituciones, transfugismo político, mociones de censura y enfrentamientos políticos a cara de perro, que pueden acabar en los tribunales.
Hay dos posturas enfrentadas. Una de ellas la protagoniza en solitario del Ayuntamiento, que capitanea el Partido Popular, encastillado en sacar adelante el proyecto. La otra es la que tejen los innumerables informes técnicos de la Diputación Foral, el Gobierno vasco, la Confederación Hidrográfica del Ebro y hasta el Ararteko y que echan por tierra el campo de golf por ser ilegal, al estar proyectado en montes de utilidad pública, y por su impacto medioambiental, ya que se levantaría en las faldas de la sierra de Toloño.
¿A quién creer en todo este embrollo? Veamos qué argumentan las partes. Manolo Hernández Osante, miembro de la Plataforma Torrolate, que lucha por la conservación de Toloño y su entorno: "Es ilegal, no tiene el apoyo de ninguna de las instituciones, ni siquiera de la totalidad el Ayuntamiento, y no se ha elaborado con sentido común". Iosu Landa, edil tránsfuga, ex alcalde y actual primer teniente de alcalde y concejal de Urbanismo en la corporación presidida por el PP: "En el Ayuntamiento estamos cumpliendo la legalidad y de ahí no nos vamos a salir". Higinio Arinas, actual edil de Ezker Batua, al que una moción de censura dejó fuera de la alcaldía: "Sinceramente, no creo que se vaya a hacer, porque no hay ningún informe que lo valide. Lo que me parece extraño es que la Justicia no haya actuado aún contra el Ayuntamiento". Ignacio Gil Orive, alcalde de Labastida por el PP: "Hay cierta gente que sabe que gana mucho enmierdando todo, enarbolando la bandera del ecologismo. Pues a mí nadie me va a ganar en querer a mi pueblo".
Este culebrón al más puro estilo Falcon Crest se fraguó alrededor de 2002, con los primeros contactos de la promotora con el Ayuntamiento. Pero no es hasta 2005 cuando se inician los trámites legales. Ya en aquella fecha la promotora para el proyecto Golf&Wine calcula que cada una de las 750 viviendas a construir debería aportar 45.000 euros más sobre su precio para que la operación fuera rentable.
Desde ese primer momento, el proyecto se topó con todo tipo de obstáculos. "Y provenían del propio partido de Gil Orive, el PP, que gobernaba en la Diputación. Medio Ambiente emitió un primer informe desfavorable", asegura Rafa Tavera, uno de los portavoces de la asociación Torrolate. Reunidos en la casa rural Osante y frente a una taza de café , Tavera desgrana los acontecimientos: "Se constituye la sociedad mixta San Ginés de Labastida SA, en la cual participa el Ayuntamiento con un 20%, en compensación por la cesión de los terrenos en las inmediaciones del parque de San Ginés. Pero la mayor parte es monte de utilidad pública, terrenos inalienables, que no se pueden ceder ni embargar ni comerciar con ellos". Pese a las evidencias, se recalifican 25 hectáreas de terreno rústico. "Pensamos que ya entonces se cometió un delito porque se cedieron terrenos que eran montes de utilidad pública". Para Torrolate, es el pecado original de un proyecto "megalómano, desproporcionado, especulativo".
elecciones y mucho más Las elecciones municipales de 2007 dieron un vuelco a la situación. A consecuencia del acuerdo del Gobierno tripartito, PNV y Ezker Batua pactaron que los ediles de estas dos formaciones apoyarían para alcalde al que obtuviera mayor número de votos. "El campo de golf tuvo la culpa del vuelco en las elecciones", añade Hernández Osante. Ganó Gil Orive, pero perdió la mayoría absoluta. Ezker Batua superó por pocos votos al PNV y sus dos ediles -uno de ellos, Iosu Landa- se vieron obligados a apoyar al candidato de EB, Higinio Arinas, que se convirtió en el único alcalde de esa formación en Euskadi. Pero, en contra de la opinión de la junta municipal del PNV posicionada contra el proyecto de campo de golf, los dos concejales del PNV abandonaron a su suerte a Arinas, que tuvo que gobernar en minoría.
Higinio Arinas se ausenta un momento de la cooperativa vinícola en la que trabaja. "Al llegar a la alcaldía, paralizamos todo. No tengo nada en contra del golf, pero sí contra este proyecto. No entiendo que, si tenemos terreno urbano-urbanizable para construir 700 viviendas, debamos recalificar otro medio millón de metros cuadrados. Porque ahí está el truco. Esas casas financian el golf, la compra de terrenos, las construcciones y las pérdidas los primeros 10 años. En definitiva, es un delito. Y especulación. La promotora ha comprado más de 300.000 metros cuadrados como rústico, así que el beneficio se les multiplica por mil".
Tras dos años de travesía en el desierto de alcaldía de EB, el concejal Iosu Landa -a esas alturas, expulsado del PNV- apoya una moción de censura junto con el PP, convirtiéndose en primer edil durante un año. Aparece a la hora fijada en un bar de Labastida y defiende a capa y espada el proyecto. Insiste en que es legal y, a la mínima de cambio, arremete contra el diputado foral de Medio Ambiente, Mikel Mintegi (EA), a quien culpa en exclusiva de "torpedear" el campo de golf. "Si llega a estar el PP en la Diputación en vez de EA -afirma-, ya estaría aprobado el proyecto".
En mayo de este año Gil Orive vuelve a la alcaldía, aupado por Landa. La modificación del Plan General de Ordenación Urbana de Labastida se reactiva para adecuarlo a la instalación deportiva. Pero se suceden los informes en contra. El único que parece que está convencido de que los terrenos no son montes de utilidad pública es el secretario del Ayuntamiento. La cuestión se caldea el pasado mes de octubre, cuando Mintegi anuncia que ha presentado el caso en la fiscalía alavesa por presunta prevaricación. La cuestión es que Gil Orive no paraliza los trámites pese a los informes negativos de Medio Ambiente. Ni tampoco lo hace a instancias del Departamento de Agricultura, gestionado por el PNV, que le conmina a que detenga todas las iniciativas mientras no se termine el deslinde de los terrenos, que por el momento sigue certificando que son montes de utilidad pública.
Ignacio Gil Orive responde por teléfono porque dice no haber tenido tiempo para entrevistarse con DEIA: "Es un proyecto legal a todas luces y bueno para el pueblo. No ha habido un pelotazo, eso es una falacia de esos pseudo ecologistas".
El sol se pone y tiñe de dorado el Toloño. Debajo, a los pies de la sierra, Rafa Tavera musita: "Es lo más bonito de Labastida y resulta que se lo quieren cargar".
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