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movimientos en la política vasca

"Tarde o temprano estaremos todos juntos"

Rosa Rodero y Cristina Sagarzazu, cuyos maridos murieron asesinados por ETA, se sorprenden ante el eco desatado tras su asistencia al acto por Brouard y Muguruza, pero insisten en la reconciliación

MÍRIAM VÁZQUEZ - Martes, 23 de Noviembre de 2010 - Actualizado a las 07:48h

Rosa Rodero y Cristina Sagarzazu, ante el monumento a las víctimas erigido en el Parlamento.

Rosa Rodero y Cristina Sagarzazu, ante el monumento a las víctimas erigido en el Parlamento. (Foto: deia)

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rosa rodero Viuda de Joseba Goikoetxea cristina sagarzazu Viuda de Montxo Doral

BILBAO. La reconciliación y la paz se asemejan al tránsito entre estaciones. Al adiós del invierno y la llegada de la primavera. Al ocaso del frío y el nacimiento de los brotes. Un período lento, pero que puede convertirse en inexorable si los movimientos conducen a buen puerto. Paulatino, y no repentino. Con alguna tormenta de verano. Con algún día despejado, a modo de veranillo de San Martín. Parece asumido como impensable que la sociedad se acueste con el conflicto y desayune con la resolución. La calma se convierte en la mejor de las consejeras. Por eso, quizás, a Rosa Rodero y Cristina Sagarzazu, viudas de dos ertzainas asesinados por ETA, les ha sorprendido el revuelo mediático desatado por su presencia en el homenaje en Bilbao a los miembros de HB Santi Brouard y Josu Muguruza, con cuya vida acabaron los GAL y la extrema derecha. Lo explican a DEIA de modo gráfico. Dicen que su asistencia ha representado una gota de leche en un vaso de café. Pero que el café con leche no está listo para ser servido.

Su respaldo en la ofrenda floral no fue premeditado. Ellas mismas reconocen su carácter espontáneo. "Fue decir: ¿Por qué no vamos? Y fuimos", explica Cristina. Con la celebración del Día de la Memoria -el 10 de noviembre- aún fresco en las retinas, le pareció la opción más lógica acudir también a ese homenaje. Y el acto fue "de lo más normal, correcto y sin extravagancias". Una valoración que no evita constatar la relevancia de reconocer el sufrimiento de los distintos damnificados derivados de un conflicto. "Haciendo cuentas, si esto sigue adelante el día de mañana y conseguimos la paz, vamos a seguir conviviendo todos juntos. Porque, aquí, vamos a seguir estando todos. Más tarde o más temprano, vamos a estar juntos", recuerda Rosa.

De esa forma abordan el quid de la cuestión. La piedra en el zapato del proceso. La pregunta del millón. O la piedra filosofal, como habría acreditado el caso irlandés, donde los presos fueron liberados en tercer grado al objeto de tomar parte en la resolución. La discusión pasaría por delimitar de qué forma podría aplicarse una medida similar, adaptada al caso vasco, en el Estado español. En el norte de Irlanda habría resultado más asumible por las dos partes agraviadas, teniendo en cuenta que ambos contaban con familiares entre rejas. En la CAV, mientras tanto, se suceden contradictorios mensajes institucionales a favor de la reparación y la deslegitimación de la violencia, mientras el lehendakari Patxi López apostaba la pasada semana por "no azuzar fantasmas del pasado", y por dejar a un lado los GAL, amparándose en unos juicios que no lograron aplacar las críticas de aquellos que siguen preguntándose por la identidad de la X. Un debate que encuentra otra vertiente que calibrar en aquellos colectivos de afectados por la violencia de ETA opuestos a cualquier negociación, y partidarios en exclusiva de la vía policial.

"como personas normales" Rosa y Cristina tienen sus esperanzas y, a la hora de ser preguntadas sobre la posibilidad de que otras víctimas emulen su asistencia, se resisten a descartar ese escenario. "Cada uno tiene su forma de ver. Lo que sí puedo decir es que las víctimas quieren la paz. Sé que estarían de acuerdo con todo lo que se pueda hacer al respecto. Igual hay quien todavía tiene sus prejuicios, pero más tarde o más temprano vamos a estar juntos. Tenemos que empezar a aprender a convivir en paz", zanja Rosa. "En el fondo, a pesar de la imagen que se quiera dar, sabemos que todos sufren", remacha Cristina, que no se arrepiente de su asistencia a las ofrendas del sábado. "Estábamos haciendo lo que debíamos", recalca.

"Acudimos a un acto en el que estaban presentes las familias de dos personas que veían el diálogo como una salida. Una teoría que siempre he defendido. Pensamos, antes de asistir, que quizás podría molestarle a alguien que nos presentáramos, o que no nos fuera a gustar el acto. Por ello, fuimos con antelación y hablamos con Edurne -hija de Santi Brouard-, a quien ya conocíamos. También hablamos con Elena -compañera de Josu Muguruza-, y ambas estuvieron encantadoras. La abogada Jone Goirizelaia también nos saludó. El acto fue muy correcto. Nos pusimos en segundo plano para no molestar ni centrar atenciones", dice. "Hablé con Edurne. Me preguntó por mis hijos. Lo normal entre dos personas normales", apostilla Rosa.

reconocer el problema Cristina perdió a su marido Montxo Doral en 1996. Tres años antes, Rosa veía cómo la vida de su compañero Joseba Goikoetxea se apagaba tras el atentado del que ayer se cumplían 17 años. Ambos habían dedicado sus esfuerzos a acabar con la organización armada. A pesar de su dolor, las dos huyeron de la utilización partidista. De hecho, a pesar de que Rosa haya trasladado en más de una ocasión la necesidad de conformar un colectivo de damnificados de todo tipo de violencias -Batallón Vasco Español, Triple A, GAL, ETA...-, el fantasma de una eventual asociación a un partido ha sido el principal elemento disuasorio a la hora de materializarlo. Pero su creación sería imprensindible: "Con la nueva ley que va a ponerse en marcha para reconocer a todas las víctimas desde el año sesenta, es de lógica que estemos unidas. Si hay que luchar por las víctimas, hay que hacerlo mano a mano".

Una apuesta que ha pasado de las palabras a los hechos en numerosas ocasiones. Rosa y Cristina han estado presentes en todos los actos siempre que han tenido ocasión. Aber-tzales y no abertzales. Ertzainas o guardias civiles. De Euskadi o de otros territorios. "Hay que empezar por reconocer el problema. Nadie se levanta una mañana y le da por matar a alguien. Es el resultado de un conflicto cuya razón debe analizarse, y al que debe buscarse solución. Eso se hace dialogando, y no matando ni dando golpes en la mesa. A mí no me resultó difícil acudir al homenaje", zanja Cristina. "Hemos estado escuchando muchas cosas sobre la izquierda abertzale y la oportunidad que quieren dar a la paz. Es un aliciente. Nos hemos educado en que con el odio no llegamos a ninguna parte", recalca Rosa, que rechaza inmiscuir a las víctimas -"no somos políticos ni monedas de cambio"- en los procesos.

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